Cartas al Director

Una voz oculta

“No me representa ningún lazo rosa ni de otro color, quiero que se me escuche, que no me miren como enferma…”

Estos días no he leído y escuchado otra cosa más que esa marea Rosa de mujeres con Cáncer de mama que representan una gran parte de la población con dicha enfermedad y de la que yo no me siento nada identificada y no entendía por qué.

Pero hay otra parte más pequeña con la que sí me identifico, y somos las personas con cáncer metastásico, “ese que no se cura”, y de las que nadie alza la voz por nosotras. Nos están haciendo ver que el cáncer se cura y así es, pero solamente los que se cogen a tiempo; pero qué pasa con los que no llegan a tiempo, los tratamientos se agotan y la investigación no avanzan con tanta rapidez.

Yo me siento mal y me alejo de esas personas que lloran tanto porque les han dicho que tienen cáncer de mama, que se les caerá el pelo y el tratamiento es duro, pero ellas al año están curadas y yo sigo con mi proceso, a veces siento rabia y no quiero hablar con ellas, lloran mucho, pero se curan y encima me dicen “Qué suerte tienes que no se te ha caído el pelo y estás estupenda”, pero ellas se han curado y yo no.

No puedo dejar de sentir esto aunque sé que no está bien, pero nadie habla de nosotras, cuando dices que nunca te van a quitar la quimio la gente piensa que eres una exagerada, ya no me interesa dar explicaciones, es mi enfermedad y solo mía, nadie sabe cuantas veces he llorado y lloro en silencio. La incomprensión por parte de la sociedad de la que me jubilaron anticipadamente hace que me aísle de ellos, mis círculos se cierran, no saben que está ocurriendo, siguen con sus vidas, les gusta solidarizarse con la causa, pero no se interesan por ella, nadie escucha, solo atienden a esa parte de esperanza que representan las personas curadas porque tienen miedo igual que yo.

Quiero hacer un llamamiento para esas personas con cáncer y metástasis que no nos curamos, al menos de momento, para que la gente se conciencie más de la enfermedad y no tenga miedo, pero sí sepan que esta batalla no está ganada como quieren que veamos, no me representa ningún lazo rosa ni de otro color, quiero que se me escuche, que no me miren como enferma y con cara rara, tampoco que me digan qué valiente y fuerte soy.

Hay una voz oculta en la sociedad que nos hace grises y diluidos, no les interesamos, pero tenemos mucho que contar, y es cómo convivir con nuestra enfermedad y cómo hacemos todos los días para sonreír con la espada de Damocles sobre nuestra espalda, cómo podemos ser felices en muchos momentos y sobre todo cómo podemos hacer felices a los demás sin mostrar nuestros temores.

Yo seguiré trabajando en mí, pero si algo puedo hacer para que ese silencio despierte, también trabajaré por ello.

Por: Luisa Murillo.

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