Cartas al Director

Y el tonto habló

El hombre habrá progresado mucho tecnológicamente, pero en cuestión de convivencia con los de su especie -y con las otras especies también- sigue siendo y será un Homo Gilipollis

Cuando en FP dábamos la evolución humana solíamos decir a modo de coña: “El hombre desciende del mono, y el mono... del árbol”, y como si fuese una genialidad, que tal vez lo sea, nos descojonábamos hasta partirnos el pecho. Esto provocaba que el dicente sacase pecho muy ufano, y los demás siguiésemos pasándonos el peta.

No recuerdo dónde pude leer que el Hombre -léase también Mujer- había evolucionado, debido a los avances técnicos y tecnológicos, de Homo Sapiens en Homo Sapiens Sapiens, oséase, que ahora éramos doblemente listos. Ni poniéndome cargas eléctricas en mis partes más que nobles, y visto lo visto, me creo yo esto.

Salvo excepciones, esas que confirman la regla, el hombre habrá progresado mucho tecnológicamente; pero en cuestión de convivencia con los de su especie -y con las otras especies también- sigue siendo y será, si no hace explotar antes todo por los aires, un Homo Gilipollis de lo más Gilipollis que se pueda encontrar. Tirad de hemeroteca y lo comprobaréis.

Hallé entre tanto listillo al tonto de turno y le comenté: ‘¿De verdad crees tú que somos tan Sapiens?’. Hubo un silencio dubitativo y, con un encogimiento de hombros, me dio a entender que lo ignoraba. No lo seremos tanto, adujo, cuando seguimos votando a candidatos hipócritas e interesados de por sí, cuya única querencia es acaparar Poder -y buenos dineros- de la manera sea y usando la mentira cochina, los bulos y las llamadas Fake News como escudo.

Asimismo, aseguró este tonto que el mundo tal como lo conocíamos había avanzado a pasos agigantados tecnológicamente hablando, pero a su vez esa misma tecnología podría explosionarnos en las mismísimas narices; pues dependemos en demasía de ella y menos en nosotros mismos.

Se vive, continuó su racionamiento, dentro de una burbuja creada por las redes sociales tan ajenos a lo que ocurre a nuestro alrededor que caminan como si las farolas fuesen las que se tuviesen que apartar para dejar paso. Brevemente, esta Alta Tecnología nos ha mutado en zombis sin remedio. Filósofo me salió el tonto este, deduje.

Atónito miraba a quien todos tenían por ‘tonto’ y pensé que, en ocasiones, como bien dijo Groucho Marx, hay que callar y pasar por idiota antes que hablar y confirmarlo. Exacto, quien se encontraba ante mí de tonto no tenía un pelo, sino que ocultaba -no me cabía la menor duda- con su supuesta tontez una inteligencia un tanto notable. En pocas palabras; no le interesaba ser listo aparentando por conveniencia estar alelado; y bien que lo hacía.



Nombró el cambio climático. Ese que afirman los poderosos que de aquí a no sé cuántos años volverá a estar como al principio. ¡Ya!, y yo miro p’arriba por si veo algún burro volar. Entretanto, nos embuten en los sesos buenas palabras y mejores intenciones a realizar. Sí, como esas promesas de Nochevieja, que nunca se cumplen ni tienen pinta de que vayan hacerlo.

¡Vamos y vamos! Que les haya tenido que sacar los colores a ciertos líderes mundiales una cría de 16 años del país de Pippi Calzaslargas -Greta Thunberg- es de una vergüenza en grado sumo, o máximo, como prefiráis. Esta no tan niña ya, ha puesto -al igual que la marquesa- las tetas sobre la mesa y con un par les ha dicho a estos jenares lo que más les duele escuchar: La verdad. Que si se sigue así nos quedan en este planeta dos ‘cortás’ de pelo; lo demás son zarandajas.

¿Y de la energía nuclear, qué decir?, prosiguió el tonto. Considero que su descubrimiento constituyó lo peor que podía ocurrir siendo el Sapiens a secas como es. Fijaos si son -no digo somos porque en este plato no metí cuchara- que resultaron ser tan aborrecibles como para lanzar, contra sí mismos, sendas bombas H. Y siguiendo con su monologar añadió; ‘Si esto lo provocó un Sapiens que será capaz de hacer un doblemente Sapiens’.

Miedo me da, aseveró, el pensar qué podrían llevar a cabo con la energía nuclear (No, gracias). En efecto, con esos pepinos de larga longitud con cabeza nuclear que llevan años, lustros, décadas -y lo que te rondaré morena- apostando, en falso como en el póquer, por destruirlas todas ellas a no mucho tardar. ¡Ni ‘jarto’ vino puedo llegar a tragarme semejante patraña!



Imaginemos, pues: Una buena mañana, y debido al dolor de cabeza nocturno de la doña, un gobernante se levanta de morros por no haber podido mojar el churro, y cabreado le da por lanzar unos cuantos petardos de estos mandándonos a todos, recoge pelotas incluidos, a contemplar los anillos de Saturno un pelín más de cerca. Pues, mira, ¡ajo y agua!, es lo que hay.

Y como si te da por quejarte a malas penicas te llaman antisistema, rojo, bolchevique o quemagachamigas por quedar más villenero; este que lo es, llegado a este punto, se quita de delante del espejo, imitando -cómo no- en la otra parte del mismo ‘el tonto’ sus movimientos. Lo dicho, y para colmo se muere Georgie Dann. Hasta más poder ver. ¡Au!

Por: Tony Piojo

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