¿Cómo están ustedes?

Aviones

Lo leemos en "Almanaque de Las Provincias. La vida valenciana en el año 1963". Leemos que en marzo de 1963 llegaba a Manises, desde Santa Mónica (California), un reactor DC 8. Lo había comprado Iberia para sus líneas internacionales y, recibido en tierra valenciana, fue bautizado con el nombre de "Sorolla" en homenaje al pintor. En el centenario de su nacimiento. Joaquín Sorolla y Bastida nació en Valencia un veintisiete de febrero de 1863. El avión fue bendecido por el Obispo Auxiliar de la archidiócesis levantina, Rafael González Moralejo.

En honor al pintor –también lo leemos en la misa publicación– se había descubierto en febrero su monumento, reemplazado en el nuevo paraje de la Plaza de la Armada, frente al puerto; quedando, a decir de Las Provincias, "muy modesto al carecer de la columnata que poseía en la Malvarrosa." Asimismo, se realizó una exposición en el Ayuntamiento y una sesión de homenaje en la Real Academia de San Carlos, incluida conferencia del marqués de Lozoya, Juan de Contreras y López de Ayala. Volviendo al avión, los DC 8 fueron un éxito comercial de la Douglas Aircraft Company entre los años 1959 y 1972.

Entre las anécdotas que nos ha contado Luis Abellán recordándonos infancia, está la del estañador. Uno de esos personajes itinerantes que iban por las calles, calles nuestras entonces y no de los vehículos, ejerciendo su profesión, en este caso reparando las ollas de nuestras madres y abuelas. Tiempos en los que aún se reparaba todo. Y contaba Luis que aquel estañador que él recuerda en su infancia, cuando como chiquillos curiosos se acercaban a entretenerse observando su quehacer artesano, dándoles conversación y mirando al cielo, un cielo seguramente pintado por el chorro de algún avión, porque parece que antes los aviones pintaban más el cielo y también nos llamaban más la atención, les decía con solemnidad y orgullo: —Nenes, esos aviones que veis también los hacemos nosotros.

Como comentamos en el acto de presentación de "Los 50, un Tesoro", a la anécdota traída por Luis Abellán le tenemos especial cariño porque venía a demostrarnos que compartíamos imágenes y generación. Porque precisamente, en uno de mis poemas de "Cambra de sol", uno de los tres poemarios que pronto verán la luz bajo el título de "Tríptico", aludíamos al estañador. En realidad nosotros decimos "restañador" que es lo que nos suena. La Real Academia no reconoce el término, aunque sí la acción de "restañar" que en una de sus acepciones define como acción de "volver a estañar, cubrir o bañar con estaño por segunda vez." Si en el recuerdo de Luis la imagen es simpática, por lo hiperbólico de apuntarse el estañador a ingeniero; en nuestro poema, la figura provoca cierto tono de tristeza al despertarnos la inquietud ante la muerte. Inquiriéndonos sin respuesta sobre la reparación del vacío que ésta nos provoca. Por otro lado, que el estañador forme parte de nuestra memoria semicentenaria, nos conecta con generaciones antecedentes. Eslabones pretéritos.

Cuando de la mano de Vicente Prats Esquembre tuvimos la suerte de preparar la edición de "Estampas villeneras" de José Guillén Hernández, también nos encontramos, para la Villena del primer tercio del siglo XX, con el estañador; junto con otras figuras perdidas –la mayoría– en la actualidad pero que nosotros conocimos en nuestra infancia y juventud: chambileros, vendedores de alfalfa, churrera, paragüero, lañador, afilador, vendedores de arrope y calabazate, betuneros... Por esto en cierta manera nos sentimos eslabón entre lo pasado tan perdido y lo presente, entre lo presente tan efímero y lo futuro. Testigos y cómplices en la memoria de tantas cosas que, compartidas, hemos vivido.

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