Opinión

De lo que se halló dentro del bidón de horchata

Estamos seguros de que muchos de nuestros lectores estarán ansiosos por conocer, de una vez por todas, el contenido exacto de ese ya famoso bidón de horchata en el que Andrés Ferrándiz Domene pasó sus últimos días, y dentro del cual decidió esconder todo su legado. Legado que Andrés siempre quiso entregar al pueblo de Villena, y que EPdV, en una labor encomiable, está intentando rescatar para que así sea.
Pues bien, hay que decir que en el interior de dicho bidón se pudo encontrar, además de una tarjeta de boda y un sobre con 30 euros, como adelantábamos la semana pasada, un pantalón de tergal azul marino, una camiseta de propaganda de Fontanería Calaco, unos zapatos negros de vestir de punta fina, varios pares de calcetines blancos de deporte, un juego sin estrenar de barbas postizas, compuesto por cuatro barbas de diferentes espesores y tonalidades para ser utilizadas dependiendo de la época del año (primavera-verano-otoño-invierno), y una bonita pulsera magnética que Andrés Ferrándiz solía llevar puesta los días de resaca. Nos estamos refiriendo a una de aquellas pulseras de metal terminadas en dos pequeñas esferas, tan de moda en los años 80, de las cuales se decía que tenían cualidades terapéuticas, y que se anunciaban en televisión como remedio contra el dolor, el cansancio, la artritis y el nerviosismo.

Pero lo más importante de todo, y es sin duda lo que estarán deseando conocer nuestros lectores, es que, junto a todos estos objetos que conformaban el peculiar vestuario de AFD, se encontraban una especie de diario íntimo, comprado en Navalón, en el que Andrés había estado escribiendo desde los seis años, un álbum de fotografías, donde están inmortalizados algunos de los momentos más importantes de su vida, y unas dos mil servilletas de papel, de las que se utilizan en los bares, escritas por delante y por detrás, que contienen toda clase de notas, apuntes y borradores, que resultarán sin duda determinantes para poder comprender un poco mejor la vida y la obra de nuestro autor.

De momento, sólo podremos tener acceso al diario, ya que las servilletas se encuentran en manos de un prestigioso equipo técnico multidisciplinar compuesto por calígrafos, escribanos, amanuenses, lingüistas, filólogos, traductores, intérpretes, timbaleros, historiadores, feriantes, taquígrafos, antropólogos, faroleros, psiquiatras, cronistas de comparsas, monjes benedictinos y médicos de la Seguridad Social, que trabaja sin descanso para descifrar, dar forma y ordenar todo el material encontrado. Trabajo complicado, si tenemos en cuenta que muchas de las servilletas contienen manchas y restos de mayonesa, ajo, aceite y vino con Casera que hacen casi imposible su lectura y comprensión.

El hallazgo de todo este material inédito, ha supuesto un importantísimo avance para todos aquellos estudiosos y personas interesadas en la vida y la obra de AFD, ya que, hasta ahora, sólo se tenían algunos datos biográficos, inconexos y poco precisos, acerca del singular escritor villenense.

Esta semana sólo podemos adelantar que en la primera página de su diario, Andrés, con tan sólo seis años, ya daba muestras evidentes de su interés y preocupación por aspectos tan ajenos a la infancia como la psicología evolutiva, la antropología del desarrollo, las técnicas de modificación de conducta, las variables del comportamiento humano y el quiromasaje. Todo ello se deja translucir desde las primeras líneas de su diario, en las que después de beberse un vaso de leche fría con Cola-Cao, tras más de veinte minutos dándole vueltas a la cuchara para intentar deshacer los grumos, se planteó algunas cuestiones de carácter local y universal que todavía nadie ha sido capaz de explicar, como por ejemplo:

¿Por qué cuando llueve levantamos los hombros si nos mojamos igual? o ¿Por qué cuando vamos en el coche y no vemos algo apagamos la radio? o ¿Por qué las ovejas no encogen cuando llueve y los jerseys de lana sí? o ¿Por qué apretamos más fuerte los botones del mando a distancia cuando tiene pocas pilas? o ¿Por qué cuando beben las personas en la verbena se ponen o muy cariñosas o muy violentas? o ¿Por qué se venden por la radio trajes nuevos de Moro Viejo y trajes de Moro Nuevo de segunda mano? o ¿Por qué los festeros que participan en La Entrada se llaman “salientes” y no “entrantes”? o, lo que es más difícil de entender, ¿Por qué un festero saliente no se puede salir de la fila si ha pagado precisamente para poder salir? o ¿Por qué los globos normales son tan baratos, y esos que venden en los carritos de fiestas y que suelen acabar enrollados en los tendidos eléctricos o incordiando en los techos de las casas son tan caros? o, sobre todo, ¿Por qué las mujeres no se pueden pintar las pestañas con la boca cerrada?...

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