El Ordenanza

Dharamsala, París y Londres (siempre por ese orden)

El Ordenanza. Capítulo 225

Escena 1

  • ¿Nombre?
  • ¿Nombre?
  • Es que ha hecho voto de silencio.
  • ¿Y cómo hacemos para tomarle declaración?
  • No sé… He visto en internet que tiene una intérprete que le lee los labios y transmite lo que quiere decir. ¿La llamamos?
  • ¿Para leerle los labios?
  • No sé, mi sargento, si se le ocurre algo mejor…
  • Sacarle las palabras a hostias, pero no creo que sea legal.
  • Si quiere, lo intento yo. De pequeño era muy bueno jugando al Pictionary.
  • ¡Vaya! ¿Tu nombre era?
  • Iker, mi sargento.
  • ¿Iker? ¿Qué pasa? ¿Es que eres vasco o algo?
  • No, señor. Soy de aquí.
  • Bien. ¿Dices que le puedes leer los labios?
  • Puedo intentarlo. No tenemos nada que perder.
  • ¡Venga! Total, de alguna manera habrá que pasar la mañana. A ver, pregúntale su nombre.
  • Bueno, eso se lo puede preguntar usted mismo, mi sargento. Es budista en voto de silencio, no sordo.
  • ¿Era Iker, verdad?
  • Sí, mi sargento.
  • ¡Mal empezamos, Iker!
  • Sí, mi sargento.
  • A ver, Richard Gere. ¿Cuál es su nombre?
  • Dice que Transcendencia Total.
  • ¿Transcendencia Total?
  • Eso dice…
  • ¿Transcendencia Total? ¡Me cago en tó lo que se mueve! ¿Transcendencia total?
  • Dice que sí.
  • ¿Me quiere usted decir qué clase de nombre es ese?
  • Dice que su nombre en sánscrito.
  • ¿En sánscrito?
  • Eso dice…
  • ¿Y su nombre en cristiano?
  • José Manuel Cánovas Rivera.
  • ¿Con ‘b’ o con ‘v’?
  • Con ‘v’.
  • Profesión.
  • Líder espiritual.
  • … piritual. ¿Edad?
  • Cincuenta años humanos.
  • ¿Cómo que humanos?
  • Dice que, en su reencarnación actual, su cuerpo tiene cincuenta años.
  • ¡Claro! ¡Y trescientos cincuenta en años perrete!
  • Año arriba, año abajo, dice.
  • Aquí pone que se le han decomisado… ¿ciento ochenta kilogramos de mercurio líquido?
  • ¿Me quiere usted decir para qué cojones quiere ciento ochenta kilogramos de mercurio líquido y cinabrio?
  • Dice que usted no lo entendería.
  • A ver, vamos a retomar la pregunta: ¿Me quiere usted decir para qué cojones quiere usted ciento ochenta kilogramos de mercurio líquido? ¿Para hacer termómetros?
  • Lo utilizaba para experimentos privados e íntimos, para realizar la alquimia.
  • ¿La alquimia?
  • Eso es lo que ha dicho.
  • ¿Ciento ochenta kilos de mercurio y cinabrio?
  • La alquimia…
  • Dice que es un rito mediante el cual, el espíritu se purifica y puede alcanzar la plenitud mística.
  • Ya… la plenitud mística.
  • Eso dice.
  • Y el cinabrio será para hacer souvenires, claro…
  • Dice que lo dedicaban a hacer pulsericas, colgantes y rosarios. ¡Anda que no se iban contenticos los visitantes ni ná!
  • ¿Qué me está usted diciendo?
  • Yo no, mi sargento. Él. ¡Él!
  • Está bien. Sí, sí, sí. ¿Y qué me dice usted de los diecinueve kilogramos de marihuana que le han sido incautados?
  • ¿Los echaban al botafumeiro?
  • Incensario. Dice que ellos no utilizan botafumeiro sino incensario.
  • Iker.
  • ¿Sí, mi sargento?
  • ¿Serías tan amable de traerme una tila? Tengo los chakras dando saltos.
  • ¿Y el interrogatorio?
  • Después seguimos.

Escena 2

  • Gracias, Iker. A ver… ¿Por dónde íbamos? ¡Ah, sí! ¿Señor Cánovas, me podría decir por qué se encontraron diecinueve kilogramos de marihuana en su complejo espiritual?
  • Dice que no lo sabe.
  • No lo sabe, ¿no? Se le encuentran diecinueve kilos de mandanga en su casa y no sabe cómo llegaron, ¿no?
  • Dice que no son suyos, que se los estaba guardando a un amigo.
  • Ya veo… ¿Nos podría dar el nombre de su amigo?
  • Dice que él no es ningún chivato, pero que le jura por Shiva que esas acelgas no son suyas.
  • Vale. Plasmaré en mi informe que el sospechoso no quiere colaborar con nosotros.
  • Dice que no tendría usted poder sobre él si no se le hubiera dado desde lo alto. Juan 19:11.
  • ¿Pero usted no es budista?
  • Es lama de toa la vida, dice.
  • Pero nombra el Evangelio…
  • Lo valiente no quita lo cortés, dice.
  • Bueno, cambiemos de tercio. También se le han decomisado numerosas armas como machetes, lanzas y un revólver.
  • Dice que es para ponerse a prueba.
  • ¿A prueba? ¿A prueba de qué?
  • Dice que no sabe usted lo que es que todo el mundo venga a tu secta a contarte que su marido ya no le hace caso, que le han subido la cuota en Netflix, que no se sienten valorados en el trabajo, que su existencia es mísera y que su espiritualidad tiene menos brillo que un cucharón de cocina.
  • ¿Cómo?
  • ¡No sabe usted el autocontrol que tiene que tener a veces! Dice.
  • ¡Joder! ¡Pues bien podría leerse a Paulo Coelho!
  • Dice que los que podían leerse al Coelho son sus adeptos, en vez de venir a darle la murga. ¡En menudo lío se ha metido por salvar sus míseras almas! Cuando volvió de la India, pensaba en hacerse gurú de una secta de esas que molan mucho, como el Keith Raniere ese con Nxivm. Pero esto es Abanilla, no California,
  • ¿Y qué tiene California que no tenga Abanilla?
  • ¡Hollywood!

Escena 3

  • ¿Se ha enterado de que han puesto en libertad al Lama de Murcia, Avelino?
  • Sí, señor alcalde. Hay cosas que son increíbles.
  • Lo que no entiendo es que, a estas alturas, todavía haya quien caiga en las redes de las sectas.
  • Es sencillo. El que va allí, siempre va buscando algo, llámese realización, afirmación o como quiera llamarlo. El problema es que, cuando se quieren dar cuenta, están metidos hasta el cuello. Si se mete una rana en agua hirviendo saltará de inmediato, pero si se mete en agua y se va subiendo el fuego poco a poco, morirá sin darse cuenta.

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