Vida de perros

El principio del fin de la legislatura

Pues ya vamos llegando al último año de legislatura, y quién diría que ya han pasado tres años desde la última fiesta de la democracia municipal. Llegamos al principio del fin de legislatura, lo que viene a ser, dicho con claridad: el pistoletazo de salida de la carrera a las próximas elecciones, lo que no es plato de buen gusto para nadie dadas las formas de hacer política en nuestro querido país. Se afilan los metales y se sacan de los cajones los pliegos donde se anotaron las rencillas pendientes. Todo muy democrático, todo muy “para el pueblo”, todo muy ornamentado con tópicos y frases hechas, todo con mucho ruido de espadas con ecos de política nacional.
No nos encontraremos con nada demasiado extraordinario, en nuestro caso, en Villena: un descomunal esfuerzo para realizar apolíticas corridas de toros que pongan en jaque la filosofía Verde, el rescate de temas recurrentes como el del soterramiento o las basuras –siempre desde la perspectiva del ataque y nunca desde la propuesta o la alternativa factible– y por supuesto el asunto de la herencia recibida: una verdad a medias o una mentira a medias, que puede elegir usted por su cuenta: en la mayoría de los casos sin necesidad de atender a datos claros y precisos.

Sin embargo, queridas personas, poco veremos acerca de los índices de pobreza de nuestra ciudad: situada en la parte alta de la tabla en cuanto a cantidad y en la parte baja en cuanto a la inversión y las medidas tomadas para solucionarla. Y esto pese a que esa pobreza atenta de forma directa contra nuestra constitución: derecho a empleo, a vivienda digna, a derechos básicos. Poco escucharemos acerca de nuestros problemas con el agua, pese a esas inversiones millonarias que se pudren sin aportar soluciones: embalse de San Diego, Rambla Conejo, acuíferos…

El principio del fin nos va a traer argumentarios de todo calado al plano municipal, sin importar la tristeza (democrática) que causen o el ridículo al que se expongan: no se extrañen si Puigdemont, ETA o las figuras de mujeres en los indicadores de paso de los semáforos salen a colación. Porque lo que echaremos de menos serán unas tablas con las que poder comparar las distintas formas de gestión municipal: observar cómo se realizan y hacia dónde se encaminan. Igual que unas tablas donde se pueda valorar el programa electoral presentado y su desarrollo (y no vale decir como M. Rajoy que la realidad te ha impedido llevarlo a cabo, puesto que eso solo indica que pretendías modificar una realidad que desconocías). Pues ahora que lo digo, quizás no sea una idea tan descabellada, aunque presenta dos debilidades casi insalvables: la disposición para presentar un informe veraz y preciso, y la voluntad para valorarlo lejos de las propias ideas preconcebidas.

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