Tenis

Fiesta de Equelite en el Conde de Godó

Alcaraz y Carreño, dos compañeros de entrenamiento en la academia de Villena, se juegan el Torneo

Dos frentes abiertos en sendas pistas y dos colegas, eventuales compañeros de entrenamiento, viven aventuras en cada una de ellas.  A las doce y media de este domingo atípico en el RCTB -nunca, en los 69 años de historia del torneo, se habían disputado las semifinales y la final en un mismo día-, Pablo Carreño (30) despacha al fin a Diego Schwartzman (29) en la pista Jan Kodes (6-3 y 6-4 en 1h39m en total), mientras Carlos Alcaraz (18), en la Central, ha sacado con sangre, sudor y lágrimas su duelo ante Alex de Miñaur (23).

Se espera una reacción prodigiosa en el segundo set, pero Alcaraz sigue pasado de revoluciones y De Miñaur se mantiene aquietado, sólido atrás, soportando las embestidas del murciano, y atento cuando le toca correr hacia adelante, en busca de una dejada.

Si algo le faltaba a Carlos Alcaraz en su intrépida biografía profesional era una victoria como la conseguida en las semifinales del Conde de Godó, un triunfo viniendo del borde del abismo. Era sólo la semifinal, pero el partido frente a Alex de Miñaur tuvo todos los componentes de una lucha directa por el título. El español, incómodo en los dos primeros sets, superado por el encomiable trabajo de su adversario, levantó dos pelotas de partido al resto, con 40-15 y 6-5 abajo en el segundo parcial, y puso el membrete de quienes también saben combatir al límite por la supervivencia. Venció por 6-7 (4), 7-6 (4) y 6-4, en tres horas y 39 minutos y disputará este domingo la final (17.30, La 1) contra Pablo Carreño, que superó a Diego Schwartzman por 6-3 y 6-4. Será la decimosegunda final española en este torneo.

"De milagro, pero he salvado bolas de partido, una de ellas haciendo un passing que no sé ni como lo he sacado. Hay que darlo todo hasta la última bola porque todo puede cambiar", dijo en Teledeporte a pie de pista.

Sin un atisbo de capitulación al otro lado de la cancha, Alcaraz, que sacó adelante un juego de 20 minutos en la rotura inicial del último set, supo contraer la mandíbula y exhibir lo mejor de sí a medida que el encuentro adquiría un perfil descarnado. De Miñaur fue mucho más de lo que se esperaba de él y comprometió las opciones de un chaval que venía como un misil, en la temporada de su eclosión y tras derrotar por tercera vez a Stefanos Tsitsipas, reciente campeón en Montecarlo, en cuartos de final.

El australiano nunca perdió la cara al partido. Volvió incluso de un 3-1 en contra en el tercer set y tomó ventaja de 4-3. Con las ideas claras, expuso cuanto consideró necesario, presionando cada segundo servicio de su rival y no dejándole tomar la iniciativa, mostrándose muy certero al resto. Era él quien, metido dentro de la pista, dictaba las normas por las que se regía la confrontación. Número 25 del mundo, el tenista de Sydney ha visto demorada su progresión debido a las lesiones. Era su primera semifinal en un torneo sobre arcilla, pero demostró capacidad de adaptación, inteligencia y combatividad.

"No me va la cabeza", pudo escucharse a Alcaraz tras estrellar una volea sencilla, que pudo abordar de otro modo, contra la red y ofrecer a su rival otras dos pelotas de set en el desempate del primer set, tras las dos que ya tuvo antes de llegar a él. Impreciso, apresurado, Alcaraz se topaba con serias dificultades. De Miñaur rentabilizó los errores y se llevó el primer parcial. Con cinco títulos, cuatro en dura y uno en hierba, el de Sydney, de 23 años, es desde hace tiempo la esperanza más firme del devaluado tenis australiano.

A Alcaraz se le resistía la pelota de rotura. No fue capaz de convertir ninguna de las ocho primeras de que dispuso, tres de ellas con un 0-40 para situarse 4-2 y saque en el segundo parcial. "Ya lo sé que debo mejorar. No voy a jugar así", monologó en voz alta. Fue ya en una situación delicadísima, 5-4 abajo en el segundo, cuando, a la novena, consiguió su objetivo. No iba a ser suficiente para evitar los peligros que vendrían a continuación.

Indesmayable, De Miñaur volvió a romper en el undécimo, juego que empezó con una discusión del español con el juez de silla, Carlos Bernardes, que acudió al Foxtenn para revisar una pelota. "Es increíble que en tierra pongan este método porque no sirve. Todo el mundo ha visto que ha sido fuera y el que se jode soy yo", espetó al juez, rebelándose contra la tecnología. De Miñaur ganó el juego y contó con dos pelotas de partido, ambas neutralizadas por el español, que hizo buena la respuesta en el desempate.

El tercer set fue una prolongación de la formidable batalla. En una jornada de gran exigencia, con los cuatro semifinalistas obligados a disputar dos partidos si querían optar al título debido a la suspensión por lluvia de la jornada del sábado, Alcaraz terminó el trabajo con una gran derecha paralela. Campeón en Río y Miami, en el torneo donde se ha encaramado al top ten, mostró una nueva muesca en su revólver y ganó un partido que por momentos se le puso casi imposible.

(Votos: 3 Promedio: 5)

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