Apaga y vámonos

La platamorfa

Últimamente me aburro mucho en Villena. No sé qué puede estar pasando, pero tengo para mí que la efervescencia social que disfrutábamos hasta no hace tanto ha pasado a mejor vida y nos ha dejado a quienes seguimos la actualidad huérfanos de noticias, polémicas, declaraciones cruzadas y demás. Y lo que es peor, hastiados. Porque a falta de moje por un lado todos volvemos la vista hacia el otro, el Muy Ilustre, donde palos y trifulcas no faltan a diario, pero hablar única y exclusivamente de eso a mí ya comienza a resultarme cansino, al igual que a muchos de ustedes, que hartos de oír siempre lo mismo apagan a mediodía sus receptores de radio y ponen la televisión. Y es que, estimada señora, puestos a escuchar tonterías, Arguiñano tiene más gracia.
Desde junio —ahora entiendo el por qué; bien cierto es que no hay nada como trabajar sin hacer ruido— no habíamos vuelto a saber de las Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos, quienes, con escaso éxito para vergüenza de todos los villeneros, en su día convocaron un par de concentraciones coincidiendo con los plenos para reclamar una solución al problema del tercer instituto.

Antes que con ellos también tuvimos mucho movimiento con otra asociación: la Plataforma pro-Restauración de la plaza de toros, colectivo que irrumpió con fuerza —y con mucho ruido— en la actualidad local pero que parece haber ido desinflándose, casi tanto como el propio asunto de la plaza, que de ocupar un primerísimo plano en la atención mediática y en las charlas de bar ha ido desvaneciéndose en el día a día y parece que sólo pueda volver a la palestra derrumbe mediante. O cuando volvamos a tener noticias del Centro de Ocio y la concesión administrativa. Quizá también se está trabajando en silencio este tema. O quizá se ha bloqueado y no lo sabemos. Pero el caso es que la plaza era uno de los platos fuertes de una legislatura que ya avanza hacia su finalización y llevamos meses sin saber de ella, ni desde un lado ni desde el otro.

Como tampoco sabemos nada desde el pasado día 30 de junio —fecha de su último y más vacío comunicado— de la Plataforma pro-Soterramiento, otra entidad que también ha hecho mucho ruido pero que parece haber sido abducida misteriosamente de un tiempo a esta parte, como si ya se hubiera resuelto del todo el problema de las vías.

De todo esto y más hablaba durante el último “brainstorming” celebrado con mis amiguetes del EPDV (que dicho en cristiano es una “tormenta de ideas” de ésas que organizan los ejecutivos modernos; y que, siendo sinceros, somos cuatro colegas empinando el codo y soltando gansadas a cada cual más gorda), cuando llegamos a la conclusión de que había que hacer algo, crear una asociación para darle vidilla a esta decadente Villena de otoño. Entre las muchas y variadas propuestas, me quedo —me apropio sería más preciso; espero que los cerebros pensantes sepan perdonármelo… tenéis una ronda pagada, chicos— con una que les invito a compartir: la creación de la Plataforma para el soterramiento del trenecito de Rosario, ese artilugio infernal que trae a mi mente los peores recuerdos de mis veraneos (sí, yo también, lo admito) en Benidorm, que conlleva las quejas de los conductores en el proceloso mar del tráfico rodado en Villena y que altera mis nervios cada dos por tres con esa bocina o sirena que le han puesto para que nos demos cuenta de que existe, como si su sola visión en nuestras calles no fuera ya de por sí incalificable.

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