¿Cómo están ustedes?

Las verdes praderas

Cuando la muerte de Alfredo Landa, salvándolo del landismo, recordábamos entre otras películas del actor "Las verdes praderas", dirigida por José Luis Garci en 1979. La película, al margen de la simpática figura caradura del personaje Ricardo, protagonizado por Carlos Larrañaga, y al margen de la no menos simpática figura de la suegra impertinente, protagonizada por Irene Gutiérrez Caba, o la canalla del "cuñado" gorrón, papel de Pedro Díez del Corral, resulta drama y lección, planteándonos esa constante vital de la búsqueda de la felicidad. ¿Dónde ésta?... Dejándonos claro el matrimonio Conchi y Jose (María Casanova y Alfredo Landa) que la felicidad no está en el tener.
Por ello, aunque la película esté contextualizada en la transición española, dibujándonos una clase media próspera, que incluso podía llenar el depósito del coche con 9,56 euros –en una de las escenas, por cuarenta y tres litros de Super 96 le cobran a la familia mil quinientas noventa pesetas–, la moraleja es intemporal: ¿Dónde la felicidad?... ¿Dónde?...

A lo largo del filme, principalmente José Rebolledo (Alfredo Landa) va descubriéndonos instantes que él recuerda más felices que el presente, instantes en los que la felicidad no estaba en la abundancia. Así, rememora excursiones por la montaña madrileña –por Siete Picos– con su padre: El viaje en tren, los bocadillos y algo de fruta, la bota con vino que llevaba su padre y, él, aquella cantimplora de aluminio forrada de fieltro verde. Y otro homenaje a la infancia feliz es el instante –precioso– de la conversación con sus hijos recordando los juegos de la niñez: tacón, canicas, Rusia número uno monta en su caballo veintiuno, pañuelo y chapas. Y los juegos de mesa de siempre: parchís, damas, palé, oca...

Pero no queríamos traer "Las verdes praderas" para reflexionar sobre su mensaje. De la película, en aquellos años de tantas esperanzas, nos llamó la atención el cartel, obra de José Ramón Sánchez. Era un dibujo muy bucólico, intenso de verdes intensos bajo un horizonte de montañas y sol en atardecer esperanzador. En el centro, sobre las grandes letras del título, que se extiende en escorzo, la familia en medio del bosque. De izquierda a derecha, un niño o una niña con un coche rojo a pedales, el matrimonio en el que la esposa descansa tiernamente el brazo sobre el hombro del marido que viste camisa de leñador y sujeta una segadora de césped y a la derecha otro niño u otra niña en bicicleta. Detrás de ellos una hermosa casa-chalet de las que proliferan en las sierras madrileñas.

José Ramón Sánchez es artista que colaboró con TVE, concretamente en los programas "Un globo, dos globos, tres globos", "Sabadabadá" –luego "Dabadabadá"– y "El kiosco". En los años de la película, además de realizar trabajos divulgativos sobre la Constitución de 1978, produjo unos carteles electorales para el PSOE. La composición es similar en ellos. Igual que en el de la película, los dibujos convergen en un horizonte esperanzador. En el de 1977 aparece dibujado Felipe González –jersey, cuello de la camisa destartalado, sin corbata– en comparsa. A un lado le franquea un paisano con boina y al lado de éste, un obrero con casco. Al otro lado, tiene a un hombre con chaqueta –¿funcionario?– que se coge a una mujer agricultora. Todos sujetándose los hombros. Como fila de comparsa. Tras ellos, se levanta el sol, sobre un horizonte de industrias, mar, ciudad y naturaleza. En el de 1979, más sencillo, no hay figuras humanas y el horizonte lo ocupan, el puño y la rosa. Como sol. Sobre todo, como sol, la rosa. Horizonte sobre campos verdes labrados.

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