El Ordenanza

Los encuentros, en la tercera fase

El Ordenanza. Capítulo 43

Escena 1

  • ¡Qué ganas tenía de volver a verle, Avelino! ¿La familia bien?
  • Todos perfectos, afortunadamente. ¿Y los suyos?
  • Bastante bien, la verdad. Muchas gracias.
  • Ya tiene preparado todo en la alcaldía para empezar el pleno.
  • Muchísimas gracias, de verdad.
  • Sólo cumplo con mi obligación, señor alcalde.
  • Pues, gracias por hacerlo.

Escena 2

  • Tiene la palabra el alcalde de la ciudad.
  • Buenos días a todos. Parece que, el de hoy, va a ser el último pleno que tengamos que hacer por videoconferencia. Quiero agradeceros a todos el buen comportamiento que habéis demostrado en esta cuarentena. Ahora nos enfrentamos a un nuevo reto: cómo gestionar las diferencias en esta vuelta a la nueva normalidad. Espero que tengamos la suficiente madurez democrática para que sea una transición ordenada, tranquila y evitemos enfrentamientos hasta que la situación se normalice. Muchas gracias.
  • Tiene la palabra Nuria Moltó.
  • Buenos días. Desde nuestro partido vamos a seguir apoyando las decisiones que se tomen en el pleno, aunque debemos ser críticos con la actuación del equipo de gobierno: creemos que tanto el alcalde como los concejales de su partido han actuado de forma lenta, desafortunada y desorganizada, improvisando soluciones de patio de colegio a un problema de gravísima naturaleza y ocultando, premeditadamente, información a la ciudadanía. Por ello, pedimos al señor alcalde que nos facilite una memoria de las decisiones que ha tomado esta junta de gobierno con respecto al Covid-19. Muchas gracias.
  • Por alusiones, tiene la palabra el señor alcalde.
  • Señora Moltó, agradezco el brazo que nos tiende, pero no llego a comprender por qué pretende transformar la terrible tragedia que hemos vivido en este tiempo en una lucha partidista, cuando todas las decisiones que hemos tomado han sido consensuadas con su partido y se ha actuado con la mayor efectividad posible. No entiendo cómo puede recriminar nuestra manera de afrontar el problema, cuando no se tienen precedentes de nada parecido. ¿Se ha parado a pensar, señora Moltó, lo que significa mantener a la población en sus casas? ¡A toda la población! ¿Usted lo hubiera hecho mejor? ¿Este es el apoyo que nos va a prestar su partido? ¿No fue su mismo partido que privatizó la mayoría de hospitales públicos en nuestro país? ¿No ha sido el líder de su partido el que propuso, como medida contra el virus, que las banderas ondearan a media asta? ¿No ha sido el líder de su partido el único líder de la oposición, a nivel mundial, que ha retirado su apoyo al gobierno de su nación? ¿Se cree, señora Moltó, con autoridad para atacar la gestión y la transparencia de los gobernantes con el historial de su partido? La ciudadanía no necesita un apoyo a medias, necesita apoyo real.
  • Pero usted y su equipo han cometido errores y han ocultado información a los ciudadanos.
  • Hemos cometido errores, como es normal en una situación sin precedentes. Hemos acatado las órdenes que nos han dado desde arriba y hemos tratado de que no cundiera el pánico entre la población. Hemos mantenido a los ciudadanos al tanto de todo, dándoles toda la información que nos ha llegado pero, lo que no hemos hecho, es usar la situación para arañar votos, señora Moltó. Ni hemos montado ataúdes virtuales sobre ninguna foto, ni hemos presumido de transparencia cuando, en parte, la gestión privatizante de su partido cuando albergaba el poder ha sido responsable de la escasez de medios que hemos padecido en esta crisis.
  • ¿Está culpando a mi partido de las víctimas de la pandemia, señor alcalde?
  • No, le estoy mostrando su hipocresía infinita.

Escena 3

“Y los templos se llenaron de fieles henchidos de Gracia Divina, adorando a su Señor. Ofrecieron novenas en agradecimiento por no haber sucumbido a la enfermedad.

Los más pequeños descubrieron un luminoso mundo lleno de vida más allá de los muros que los habían protegido. Se reencontraron con una colorida naturaleza, abundante de diversiones y aventuras. Los comercios de la población abrieron los párpados de sus escaparates para mostrar, con orgullo, su afán por sobrevivir en tiempos de incertidumbre.

Los precios de las mascarillas y guantes volvieron a ser asequibles para toda la población. Los bares, los restaurantes, los gimnasios, las veredas, se convirtieron en un hervidero de actividad humana y de ansias de vida nueva.

Pero, de repente, algo se desbordó: los banquetes se sucedieron, las bodegas se vaciaron. El vino sucedió en importancia al papel higiénico y las costumbres, rígidas en los rigores de la cuarentena, se relajaron hasta el extremo.

Los niños dejaron de estar atendidos por sus adultos, que habían entrado en un estado de embriaguez vital. La juventud se apiñaba en las plazas de la ciudad haciendo interminables botellones alrededor de pilas de neumáticos en llamas.

Los amargados decidieron que merecían esa segunda oportunidad. No la iban a dejar escapar así como así. Merodeaban por los parques públicos, a la hora del crepúsculo, para participar en multitudinarias cópulas al amparo de la bóveda celeste.

Las tiendas fueron saqueadas, arrasadas. Los vecinos se convirtieron en una amenaza constante. El hombre fue un lobo para el hombre. Nadie confiaba en nadie. Nadie respetaba nada.

Y, entre tanto, los hospitales siguieron siendo hospitales. No se les dio menos trabajo. El número de muertes por exceso de excesos se multiplicó por mil. Las agresiones, las infecciones y las ETS atacaron con fiereza a la población activa. Los Palacios de Justicia ardían por los cuatro costados y la violencia campaba como un torrente de sangre y lodo calle abajo. Ya nadie aplaudía a las ocho de la tarde.  Ya nadie se lavaba las manos. Ya nadie agradecía el esfuerzo realizado. Todo era retransmitido en directo por las redes sociales. Todo era viral.

¿Realmente habían superado la enfermedad?”

  • Avelino, ¿vienes a la cama?
  • Sí, cariño, creo que he terminado este capítulo.




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