Estación de Cercanías

Paradójicos hermanos

Estuve de nuevo allí, esta vez en mi pueblo, esta vez el pasado sábado, pudiendo hacer memoria de visitas olvidadas y viendo algunas imágenes que, como intuía, dieron contraste a las borrosas fotos que guardaba en mi memoria, y por ello quisiera en primer lugar agradecerle a Mari Paz Poveda, concejal de Protocolo, su inmediata respuesta a la solicitud de invitación que desde estas líneas cursé para asistir al acto de ratificación, 25 años después, del hermanamiento entre Escalona, Peñafiel y Villena.
Repuesta ésta que me llegó por vía email, en primer lugar, y de su propia persona posteriormente. El correo que desde esta concejalía me fue remitido está redactado distendidamente y en un tono muy amable. En él, Mari Paz me adelanta que existen imágenes de aquel primer encuentro, imágenes que sirven a esta concejal para acuñar una frase que quiero resaltar porque describe una situación que desde hace un año está clamando estruendosa y palpable, y por el lastre que supone su realidad y lo que perdemos con ella.

Mari Paz me comenta en su escrito, con cierto tono de añoranza y sorpresa, que tras visualizar los escasos minutos gráficos que se conservan del hermanamiento le ha llamado poderosamente la atención las buenas relaciones que existían fuera del devenir diario entre los miembros de la Corporación municipal de entonces, cuando la distensión o una buena mesa, comida de hermanamiento en este caso, eran las protagonistas del momento, reconociéndome que ahora, ella en particular y creo que toda la ciudadanía en general, echa de menos esa cercanía entre compañeros con independencia de los colores políticos.

Palabras pronunciadas, sin lugar a dudas, con conocimiento de causa, pues con este previo aviso, y tan solo agudizando un poquito la vista, saltan los flashes y la incredulidad. Durante el referido acto en el teatro, pudimos escuchar el discurso de los alcaldes de las localidades hermanas; discursos cuajados de agradecimientos por el trato dispensado hacia sus comitivas y sus personas, por la amabilidad recibida, por la cordialidad que nuestros gobernantes les estaban ofreciendo, palabras que sonaron sinceras, sin disfraces de cumplido, palabras sin duda sentidas, y es sobre este almibarado ambiente cuando nuestra alcaldesa vuelve sobre las palabras de sus iguales e intensifica su discurso con propuestas de futuro compartido entre las tres localidades en cuanto a cultura y turismo o cuantos factores puedan enriquecernos los unos a los otros al tiempo que alimentarnos con ilusiones compartidas en torno a un eje que en este caso es el Príncipe Don Juan Manuel, cuando salta la gran paradoja del discurso, justo cuando se constata que la cercanía y la capacidad de trabajo conjunto que Celia Lledó alude en su discurso, obviando el color de Escalona, lamentablemente no es aplicada ni mínimamente en su propia casa, la nuestra, la consistorial, pues la distancia que actualmente separa a unos de otros se puso de manifiesto con algunas significativas ausencias, por algunos olvidos intencionados en las palabras de la alcaldesa o nombramientos no a cuestión también intencionados.

La distancia es tal que ni tan siquiera el sábado noche, ni tan siquiera unas copas, ni tan siquiera un pub cuajado de gente la pudo salvar, porque tanto unos como otros, inmersos en un enfrentamiento personal absurdo y fuera de contexto, están olvidando que su labor municipal es un trabajo remunerado que tiene la obligación de sacar adelante la empresa común que es Villena, porque con esta causa se comprometieron. Y, empresarialmente hablando, a más ideas más posibilidades, a mejor ambiente laboral mayor rendimiento, a mayor amplitud en la calle del respeto más fácil será el recorrido en ambos sentidos, pues para insustanciales juegos y peleas infantiles ya están los patios de colegio.

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