Cultura

Perdido en la estrategia

Ahora ya sentado frente a la pantalla y el teclado me doy cuenta de que algo falta sobre la mesa de despacho. Está el tabaco, la cerveza, el cenicero, un par de páginas impresas con noticias de la Red, el teléfono en modo silencio, la memoria USB… Falta el desplegable con la Programación de Otoño del Teatro Chapí. Me tomo unos minutos y decido que no voy a necesitarla. No voy a hablar de la nueva temporada en particular. Quizás sólo me tomaré unas líneas para nombrar una de las propuestas, “La omisión de la familia Coleman”. La he marcado en el desplegable y espero no encontrarme con ninguna eventualidad que me impida acudir a la cita.
Poco más teatro encontramos en la oferta del Chapí, pero eso es algo que no nos sorprende, algo que no hemos dejado de subrayar desde hace algunos años. Por algún motivo la presencia de propuestas teatrales en los escenarios de Villena ha ido disminuyendo progresivamente. Tanto la Casa de Cultura como el Teatro Chapí han ido sustituyendo el trabajo de las compañías de teatro por otro tipo de trabajos. Primero la Kakv al espaciar las actuaciones teatrales en un movimiento que parecía ceder estos productos al Chapí, dejando para su sala algunas actuaciones infantiles y alguna eventual actuación, casi indispensable para continuar dentro del Circuito de Teatro Valenciano –que subvenciona por otra parte los espectáculos contratados–. En dicha línea hay una cosa que no hay que perder de vista: las subvenciones no se conceden porque sí. La aportación del Circuito viene justificada por la promoción de compañías valencianas en las salas. Quiero decir que si no hay actuaciones no hay aportación de Generalitat y tampoco hay contratación y promoción de nuestras compañías.

Por otro lado y sin hacer conjeturas no deja de resultar curioso el paralelismo entre los recortes que ha ido sufriendo nuestro Teatro Chapí con la cantidad de textos teatrales encima de su escenario. El lugar de las compañías teatrales lo ha ido ocupando la música. Pero en dicho sentido habría que analizar con rigor cuál es la respuesta de la ciudad a este cambio. En palabras de Paco Flor, director del teatro, siempre se ha trabajado para que la calidad de la programación en nuestra ciudad no bajara pese a los recortes. Yo no dudo de que sea así. Pero, y repito, a voz de pronto no dejo de sufrir al ver a qué tipo de espectáculos afectan dichos recortes. En relación a todo esto creo que más que yo es el público asistente el que ha de opinar. También el que debe de entender que bajar el listón del Chapí no debe suponer una disminución de la calidad artística, aunque quizás sí suponga la desaparición de tantas caras conocidas de la cartelera.

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