Viéndolas pasar

Pre-campaña electoral

Hace algún tiempo, las campañas electorales se limitaban al periodo previo a la celebración de los comicios programados. Con el paso de los años y de las legislaturas, tanto los gobernantes, asfixiados seguramente por el escaso margen de tiempo restante para cumplir sus promesas, como los aspirantes al gobierno, que en pocas semanas debían denunciar los deberes sin hacer de los primeros y vender al pueblo su nueva forma de mejorarles la vida, inventaron eso de la “Pre-campaña”. Y en ésas nos encontrábamos hasta que, a poco observadores que seamos, nos percatamos de que la precampaña da comienzo la misma noche electoral y no concluye hasta cuatro años después, cuando el día de reflexión obliga a hacer un paréntesis en el que no se habla de política. ¡Ah, perdón! Que tenemos algunos políticos tan “aplicados”, como Rubalcaba, que hasta en ese día tan señalado hacen horas extraordinarias y dan ruedas de prensa. Pensando en esto, andaba por la feria unos días atrás y pasé por delante de una tómbola en la que el estridente señor del micrófono repetía una y otra vez: “Y otra mini-moto que regalamos. Socio, a todo aquel que te compre 5 euros de boletos, le regalas 10, ¡qué digo! Que tiramos la casa por la ventana, señoras y señores. ¡Socio!, no les des 10 que sean 20… ¡Otro boleto ganador! Mini-moto para el caballero.” ¿Pero qué caballero? ¿Qué mini-moto? ¿Qué boleto? ¡Si no hay nadie!
El caso es que de forma inconexa, escuchando un informativo de una emisora de radio local en esos mismos días, una concejala habla de los horarios del cementerio para el día de Todos los Santos y nos daba cuenta, además, de unas estadísticas del aparente buen uso de las instalaciones municipales en esa área y percibí ese tono, ya familiar, de precampaña electoral continua en la que nos encontramos inmersos. No es que me parezca mal que nos informen de estos asuntos, lo que ocurre es que haciendo uso del humor negro que me caracteriza, cuando el locutor dijo: “Hay que indicar que, según las estadísticas, se ha incrementado en 40 el número de enterramientos del año pasado a éste”, se me ocurrió —y discúlpenme por bromear con estas cosas— que lo decía en un tono que me recordaba al discurso positivista del político que gobierna, es como si ese chip estuviese activado también en las mentes de sus simpatizantes, y me dio por pensar: Mira que si alguien, en su afán por prometer que hará muchas cosas en su legislatura dijese que va a intentar multiplicar el número de enterramientos en ese periodo. Desde luego, es un riesgo importante el que se corre cuando uno está embebido en ese ambiente en el que ha de convertir en positivo cuanto hacen él y los suyos.

Lo cierto es que todos quieren enviar mensajes que favorezcan a los intereses de los partidos que defienden o en los que militan, que lo parece pero no es lo mismo (eso será tema de otra columna). El que gobierna, porque pretende seguir gobernando, cuando ya atisba en el horizonte la pancarta de Meta, empieza a mover tierras, piedras y bordillos. Conecta el micrófono y con estridencia visual comienza a colocar carteles anunciando futuras obras que no se verán, si es que se ven, hasta dentro de varios años. ¡Socio! A quien te pida una obra le pones tres carteles. Contrariamente a lo que se pueda creer, los hay que, llegado el momento de incumplir alguna promesa, dicen en rueda de prensa que “tan sólo era una promesa electoral”. ¡Mira, mira! Y otro cartelito para el caballero.

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