Opinión

Un viaje inolvidable: de la Losilla al Portón

Quien iba a decir que tras pasar dos años vagando por el desierto, volveríamos a las inmediaciones de la Losilla…

Volvemos a la carga, tras este obligado paréntesis pandémico... El general “Custer”, aparece de nuevo en la colina encorsetado en su impoluto traje azul marino ribeteado en colores dorados, subido en su majestuoso caballo blanco y encabezando al séptimo de caballería. Dispuesto a morir con las botas puestas en la batalla de “Little Bighorn” luchando contra Caballo Loco, Toro Sentado, Nube Roja y Lluvia en el Rostro...

Quien lo iba a decir. Que tras pasar dos años vagando por el desierto, volveríamos a las inmediaciones de la Losilla, con nuestra “cinturona” faja amarilla, esos bombachos verdes “arrastraderos” y esas dos figuras leoneras colgadas en la espalda. Lanza en mano y ánimo “casi” intacto, para iniciar de nuevo ese viaje hacia el Portón. Volviendo a respirar, vivir, sentir, con ese olvidado sonido de timbal “pegado” a los riñones. Como si nada hubiera pasado, como el tiempo hubiese estado detenido, aunque todos sabemos que la procesión va por dentro.

En situaciones complicadas, siempre me viene a la memoria la película “automotivante” protagonizada por Will Smith titulada “En busca de la felicidad”. En uno de los momentos cumbre del celuloide un aspirante a bróker llamado Chris Gardner, interpretado por el que daba sopapos en la gala de los Oscar, le preguntan aquello de... ¿Ha sido tan fácil como ha parecido?... a lo que él, entre margas lágrimas responde... No señor, no lo ha sido.

Dicen que cada cual vive y siente sus acontecimientos. A fecha de hoy y visto lo visto, la vida nos sigue poniendo a prueba. Y es que es cierto que en estos últimos dos años se han forjado a fuego muchas historias de Pandemia, en Villena, en España, en el mundo... en cada lugar de cada corazón. Cada cual con sus altos y bajos, entre penas y glorias, triunfos y fracasos...  Dicen y es cierto, que el sufrimiento siempre es duro cuando estas en carrera, aunque es extraño que se olvida al llegar a meta. Aunque no del todo, la vida sigue sigue “goteando” momentos desagradables, la guerra en Ucrania, la crisis energética, la subida de precios, los incendios en verano... Pero centrémonos en la causa que ha dejado en “stand-by” a nosotros, nosotras, nosotres y a nuestras fiestas, durante estos dos últimos años..

Corría el año de gracia de 2019, era diciembre, vísperas de Navidad. Entre compras navideñas y subidas de precios, se hablaba de una gripe “malcurá” que había aparecido en un mercado “marisquero” de una ciudad llamada Wuhan en China. Todos pensábamos que eso estaba muy lejos y que con cuatro aspirinas, la “cosa” se iría arreglando. Se hablaba de que la culpa era de un bicho raro de ojos saltones, el Pangolín. Un animal que mucha gente pensaba que era más marciano que terráqueo, ya que no sabíamos ni que existía. Nos querían hacer creer que ese “bichejo” era el portador del virus. Lo primero ya estaba hecho, colgar el sambenito para que comenzara la caza de brujas.

Por aquí, hasta el momento todo estaba tranquilo. Los brindis navideños se producían en las sedes festeras, las Regidoras y cargos festeros regalaban motivación, estaban encantados de representar a su ciudad y a su comparsa, desde la inocencia se decía... “empezamos nuestro año”. Todo el mundo brindaba por la navidad, el año nuevo y las próximas fiestas, haciendo mirar sus copas hacia lo que parecía el cielo de la esperanza, aunque en el fondo, no era más que la escayola de la sede social. Abrazos, besos por doquier y “bailoteos ochenteros” como si no hubiera un mañana...

Llegó Nochevieja. Uvas, cava, marisco, cotillón y la típica frase tan pegadiza como poco original... “Feliz año nuevo, que el 2020 nos traiga lo mejor.” Nada hacía presagiar que lo peor estaba por venir. Que esa alegría del inicio del año, muy pronto se disiparía de una manera despiadada y nada escrupulosa.

Comenzamos enero, las noticias que llegaban de China eran contradictorias, pero ese país, aparte de ser muy grande, seguía estando lejos... muy lejos. Ya se hablaba un poco más del tema y la noticia se comentaba, así como el que no quiere la “cosa”, al final del telediario, “justico” antes de hablarnos del tiempo en la primera y de l'oratge en À punt. Poco a poco ,conforme caían las semanas, la noticia avanzaba puestos, antes del deporte en febrero y en marzo, ya abría los titulares. Ahora sí que era para preocuparse.

Se hablaba de un SARS-COVID-19, Síndrome respiratorio agudo grave, corona CO, virus VI, D de “Disease” (enfermedad en Inglés y 19, la fecha en que se acusaba al Pangolín de ser el causante de todos los males). Nosotros todavía permanecíamos, ajenos al dramático desenlace que nos esperaba. Como si estuviéramos en el carnaval de “Cai” y sus chirigotas, sacamos chistes y lo bautizamos como “ercovi”. Antes de que saliera a la palestra el “bicho” con total virulencia, ya había negacionistas que se atrevían decir que todo era una “apaño” del capitalismo para llevar turistas al espacio.

El Ecuador llegaba, el “rumorcico” del chin-pum de la música nos llegaba, pero nos negábamos a escuchar la letra. Queríamos seguir atando los perros con longanizas. Preparábamos campeonatos y los Nazaríes dirigíamos a nuestros grandes maestros a competir en buen alid en las variadas y exigentes disciplinas “ecuatorianas”. Y el “Zambuco” qué, otra vez campeón de ajo....

Y de repente todo llegó de golpe y nos pilló "atabalaos". Como a quien le dan una buen bofetón por no decir otra cosa, y no sabe ni que hacer ni “paonde” tirar.  Las fichas del domino cayeron a una velocidad increíble, desarrollando una reacción en cadena que nos dejo inmóviles. El miedo comenzó a llenar los mismos recipientes que hasta ese mismo momento rebosaban esperanza. Todo se puso patas arriba y veíamos con asombro aquello que jamás hubiéramos pensado que pasaría.

La economía se paró, los hospitales colapsaron, los muertos llegaban cercanos cuando pensabas que nunca llegarían . Y por supuesto las Fiestas de Moros y Cristianos, como la vida, pararon en seco. La peste en Villena se repetía como en 1474.

Confinados, encerramos nuestro anhelos. En casa, vimos como el techo y el suelo reducían su distancia y parecía que las paredes se nos venían encima. Aprendimos a valorar aquello que pensamos que iba a estar ahí siempre. Nuestras caras “enmascarilladas” perdieron la mitad de su expresión, pero sobre todo su sonrisa. El miedo en el supermercado estaba latente y el papel higiénico desaparecía sin dejar rastro. Llegaban fechas señaladas y las compartíamos en soledad. Sin besos, sin abrazos. Los informativos daban buena cuenta de fallecidos, positivos, recuperados y los sanitarios luchaban contra un enemigo invisible.

La cabeza daba vueltas y sin apenas darnos cuenta, habíamos cambiado radicalmente nuestro modo de vivir. Empezamos a sentir de una manera diferente. No podíamos pensar en el futuro, porque no lo teníamos a la vista. Vivíamos del pasado, del recuerdo… El tiempo se paró y el aislamiento sacó lo mejor y lo peor de cada uno.

Nos aferrábamos a todo sin tener nada. Los sentimientos afloraban y recordábamos los tiempos de vino y rosas. Llegaron esos “septiembres” desérticos, colocábamos las colgaduras de la Morenica en los balcones. Tuvimos tiempo para muchas cosas, para acordarte de los que estaban cercanos en la distancia y de los que se fueron para siempre, pero notabas a tu lado.

Desde luego que fueron tiempos difíciles y aunque soy consciente que esta publicación, aquí y ahora debe irradiar alegría, creo que vale la pena recordar aquellos difíciles momentos cuando estuvimos encerrados en una jaula de cristal... pero ahora.... volvemos a la carga, tras este obligado paréntesis pandémico...

El general “Custer”, aparece de nuevo en la colina encorsetado en su impoluto traje azul marino ribeteado en colores dorados, subido en su majestuoso caballo blanco y encabezando al séptimo de caballería. Dispuesto a morir con las botas puestas en la batalla de “Little Bighorn” luchando contra Caballo Loco, Toro Sentado, Nube Roja y Lluvia en el Rostro...

¡Felices Moros con cristianos 2022! ¡Felices Fiestas de la Virgen 2022!

Por: Toni López (alguien que pasaba por allí).

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