Editorial

Visto para sentencia

Este martes se ha celebrado el juicio de faltas por las demandas cruzadas que se interpusieron el entonces concejal de Obras, Juan Richart, y el asesor de ocio del ayuntamiento, Isidro Gosálbez, tras su enfrentamiento del pasado 21 de septiembre.
La vista ha sido, en cierto modo, “descafeinada”, puesto que, como anunció en exclusiva EPdV el pasado 3 de diciembre, fiscal y juez no han encontrado delito en la denuncia presentada por Richart contra Gosálbez, es decir, la acusación pública ha desestimado por falta de pruebas las amenazas de muerte, aunque considera a Isidro Gosálvez responsable de una falta de lesiones y le reclama una multa de 360 euros más una indemnización en favor del concejal campista, para quien la fiscalía, al contrario que el abogado de Gosálbez, no solicita multa alguna.
A la espera que conocer la sentencia definitiva, lo que tendrá lugar en un plazo de dos a tres semanas, lo cierto y verdad es que poco o nada va a cambiar: Juan Richart, cobrando o sin cobrar una multa cuyo importe, si finalmente lo hay, será ridículo, seguirá siendo concejal No Adscrito, e Isidro Gosálbez seguirá con mando en plaza en el seno del equipo de gobierno y “protegido” por Celia Lledó, que en ningún momento ha dado muestras de flaqueza en la defensa a ultranza de una de las personas con más peso en su equipo. Así las cosas, habrán de ser los ciudadanos, en última instancia y con su voto, quienes emitan la sentencia más inapelable, aquella que nace de las urnas y pone a cada uno en su lugar.

Y por nuestra parte, poco más cabe añadir a este triste asunto. Juan Richart, ex-concejal de Obras y miembro ahora del grupo de ediles No Adscritos, e Isidro Gosálbez, asesor de Ocio designado por la alcaldesa, Celia Lledó, han sido los protagonistas de una surrealista situación que define bien a las claras la tensión, el enfrentamiento y la insoportable realidad que se ha respirado y se respira en el seno del gobierno villenense. Versiones de lo sucedido hay dos, y ambas han sido recogidas en estas páginas, pero lo cierto y verdad es que a nosotros no nos importa lo más mínimo quien pudiera tener razón o dejar de tenerla, quien empezó y quién se defendió, quién “atacó” primero y quién “respondió”. Lo cierto y verdad es que una situación semejante es inadmisible, vergonzosa, patética y agota todos los calificativos existentes en el diccionario.

Villena, no nos cansaremos de repetirlo, no se merece algo así.

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