Bien estamos, estamos

Voces

Las voces del NO-DO nos transportan a los cines de nuestra infancia, principalmente al de los salesianos, pero también a otros que había en aquella Villena rica en cines

Si decíamos ayer que hay aromas –o pestes– que nos transportan a determinados escenarios vividos; y que el olfato los convierte en imágenes contempladas en un álbum fotográfico familiar, igual resulta con determinadas voces, ecos que nos traen lugares donde fuimos. Entre estas, las del NO-DO (Noticiarios y Documentales), Noticiario Cinematográfico Español. Estas y otras.

Desde su creación a finales de 1942 –el primer NO-DO es de enero de 1943– era obligada su proyección, antes que las películas, en las salas de cine. Para poner "el mundo entero al alcance de todos los españoles", decía. La obligación fue hasta que una Orden Ministerial de septiembre de 1975 la derogó. Por esto, por escucharlas tantos domingos precedidas de una sintonía de cabecera cargada de mucha fanfarria imperial, compuesta por Manuel Parada, las voces del NO-DO son voces que nos transportan a los cines frecuentados en nuestra infancia, principalmente al de los salesianos, pero también a otros que había en aquella Villena rica en cines.

Al Chapí, tanto al cinema como al propio teatro. Al Cervantes, acogedor. Al Avenida, fabuloso; aun cuando incorporó con afanes de progreso aquella enorme pantalla SUPERAMA que personalmente no terminó de convencernos porque algunas imágenes parecían cuesta arriba. Y al magnífico Imperial. Aquí el recuerdo exige silencio porque sólo nombrándolo me entran ganas de llorar.

Entre las voces del NO-DO nos suenan sobre todo las de Matías Prats Cañete, José Hernández Franch e Ignacio Mateo. Luego, tras la muerte de "Su Excelencia el Jefe del Estado" –así solían nombrar en el NO-DO a Francisco Franco, "Sus Excelencias" cuando le acompañaba Carmen Polo– fueron otras. Pero éstas nos suenan menos porque derogada la obligación, los NO-DO dejaron de proyectarse en los cines. Aun así, de estas otras voces más recientes nos llega más la de Joaquín Ramos que las de Eduardo Sotillos y Paco Cantalejo. Si bien, Cantalejo recordaba a los primeros locutores. Los recordaba porque antes que el tono y ritmo peculiar que se le daba a la noticia o documental era la estructura gramatical de los textos. Plagados de una adjetivación grandilocuente, benévolos con la realidad nacional y muy trufados de acotaciones con pretensiones irónicas.

Unos textos singulares para en diez minutos, más o menos, dar una visión muy determinada de España y del mundo, una visión intencionadamente a favor del Régimen cuando el Régimen, orgulloso de gestas y conquistas, orgulloso. Para conocer estas voces recomendamos el episodio que el periodista Guillermo Orduna les dedica en uno de sus Rebobinados: "Las voces del NO-DO". Como recomendamos acudir al archivo del NO-DO en RTVE por ser una fuente interesante para apreciar la evolución de la sociedad española desde la posguerra hasta la Transición. Una visión muy condicionada durante el franquismo por un severo filtro oficial.

Otras voces que nos transportan a la infancia, éstas a la salita de casa donde la televisión, son las de Alfonso Sánchez presentando con un deje peculiar las películas. Las de Mariano Medina y Eugenio Martín Rubio, arriesgando el parte del tiempo. Y hasta el bigote el segundo. Considérese que entre lo advertido por el barco K entonces y los satélites ahora es jugar con mucha ventaja a favor de los satélites. La de Mariví Romero, periodista taurina. Estupenda esa década presentando "Revista de toros". Y por supuesto la voz, también peculiar como la estructura y ritmo de su oratoria, de Félix Rodríguez de la Fuente.

Hay más. Pero estas son las que más nos desplazan en el tiempo a espacios concretos. Las del NO-DO a los cines. Las otras a la salita de casa, donde una tele en blanco y negro.

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