Apaga y vámonos

A contracorriente

Desde hace unos meses, es creciente el número de villeneros/as que muestran su oposición a la “zona azul”, hasta el punto de que, organizados, están llevando a cabo una recogida de firmas para presentarlas en el ayuntamiento e intentar la derogación de este “servicio”, o cuando menos una reducción significativa de su importe.
No obstante, la cosa no pinta muy bien para los impulsores de esta protesta, ya que el contrato de concesión con la UTE Pavasal - Grúas Alacant, empresas que gestionan este servicio, está firmado hasta 2021, y cualquier rescisión o modificación sustancial del mismo acarrearía problemas legales para el ayuntamiento. Queda la vía judicial, claro. Negar la mayor y pleitear entendiendo que un servicio de este tipo es ilegal de por sí, pero vista la ayuda legal que se han buscado los promotores de la iniciativa –el ínclito Luis Soria–, veo más complicado si cabe el éxito de la misma. En cualquier caso, libres son de defender aquello que consideran justo, aunque servidor es de los que piensan que la zona azul es necesaria, y de hecho, ha facilitado mucho el aparcamiento y la fluidez del tráfico desde su implantación en Villena.

Si hacemos memoria, todos recordaremos lo difícil que era aparcar en el centro, ya que los residentes podían dejar sus coches días y días en el mismo lugar, imposibilitando el aparcamiento tanto para los villeneros/os que vienen a hacer gestiones desde otros barrios o pedanías como para las personas que, procedentes de Biar, Cañada, Caudete o Yecla, vienen a comprar a nuestras tiendas o a disfrutar de nuestros servicios. Y ese es uno de mis motivos para estar a favor de la zona azul: si de verdad queremos ser una ciudad comercial y de servicios tenemos que actuar como tal, lo que significa dejar de mirarnos tanto el ombligo y dar facilidades a todas las personas que visitan nuestro eje comercial.

Mi otro argumento está motivado por aquellos que esgrimen que pagan el impuesto de circulación para reclamar aparcamiento gratis e indefinido, a quienes diría que dicha tasa es lo mínimo a reclamar a quienes contaminamos (me incluyo, por supuesto, que también soy conductor) con nuestros coches y obligamos al ayuntamiento a gastar dinero en asfaltado, semáforos, señales y pintura. Y por supuesto, pagar ese impuesto no te puede dar derecho a aparcar cuanto quieras –hacer un uso privativo de un espacio que es público, de todos–, porque por esa regla de tres yo podría plantar un puesto de melones o limonada en plena calle, y como comprenderán, no es plan.

Así pues, zona azul sí, claro. Con un precio más asequible, si es posible, también. Y por supuesto, con el ayuntamiento encima de la concesionaria en todo momento, fiscalizando sus peticiones y no concediendo ni un centímetro de calzada más de los que fija el contrato de concesión. Por nuestra parte, los ciudadanos podríamos aportar nuestro granito de arena andando más y usando más y mejor la bici y el transporte público. Ganaríamos [email protected], se lo aseguro.

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