A seis puntos la colilla
Algunos de los consejos que aparecen en los carteles informativos sobre el tráfico en las autovías son un disparate

Algunos de los consejos que aparecen en los carteles informativos sobre el tráfico en las autovías son de tal disparate que no está de más comentarlos. Esta vez va de colillas, las que se supone que los fumadores arrojan desde las ventanillas de los coches.
No soy fumador, pero aunque lo fuera no tiraría las colillas, como tampoco tiro nada a la carretera, porque eso no se debe hacer por simple civismo. Pero cosa distinta es el verdadero efecto que produce una colilla arrojada a la cuneta desde el coche, aunque la carretera fuera una pista forestal y la cuneta un bosque lleno de material combustible en un pleno día seco y soleado de agosto, con viento del poniente y altas temperaturas.
Adivino lo que estarán pensando algunos de los que hayan leído hasta aquí. Pero no les voy a preguntar si han intentado, y logrado alguna vez, encender fuego con una colilla, porque conozco la respuesta: No.
Y les digo más: Hace bastantes años, transitando por una vía forestal de la Peña Rubia, encontré una brigada de obreros desbrozadora de monte que descansaban de su trabajo junto al camino. Casualmente reconocí en el capataz que los mandaba a un amigo de Biar. Nos saludamos y me quedé un rato charlando con ellos. Era verano, y, como ahora, había noticias de incendios en varios lugares de España. Salió el tema de las colillas, y todos dijeron que los consejos del gobierno (entonces eran consejos, no avisos de sanciones con pérdida de puntos del carnet de conducir) de no tirar colillas desde los coches eran una tontería, pues ellos habían intentado hacer fuego, incluso soplando a las brasas de colillas de cigarrillos puestas sobre material combustible del monte, y no consiguieron producir llamas.
Yo, a mi vez, les dije que había probado incluso con colillas de puros de buen tamaño, y tampoco pude hacer fuego, así que, queridos y preocupados lectores, si piensan hacerse una barbacoa en un descampado y no tienen más que una colilla para encender fuego, prepárense a cambiar de menú o a comerse la carne cruda.
Los pirómanos incendiarios de montes (a quienes deberían, en castigo de su crimen, chamuscarles el escroto y sus alrededores con brasas encendidas -o su equivalente anatómico si se tratara de pirómanas-) se reirán lo suyo leyendo el precio al que se ha puesto tirar colillas, porque esto, siendo benévolo en la calificación del autor de los carteles -y de quien los haya autorizado-, no es más que una memez.
Y añado, además, sin salir de lo leído en estos carteles, que he visto ridiculeces mayores que esta de las colillas. Hará ocho o diez años, en uno de ellos, como si el autor hubiera pasado por la escuela sin contaminarse, se pateaba vilmente el significado de una palabra de nuestro idioma castellano, pues decía: Señalice los cambios de carril. Naturalmente no me dio la gana seguir tal consejo, porque señalizar es poner señales, y aunque las hubiera llevado en el coche, el detenerme y colocarlas en la vía cada vez que fuera a cambiar de carril, habría sido harto peligroso. Señor, ¡qué gente!
Por: Rafael Moñino Pérez

