La Rockola de Fernando

De la doble moral

Empiezo a escribir estas líneas cuando acaba de entrar en mi móvil, en su sección de noticias, esa que comunica con alegría que Carlos Sainz ha ganado su segundo Dakar. Mencionan con énfasis la edad del piloto, sus 55 años, pero ofreciéndola más como una ventaja que como un inconveniente, glosando su experiencia al volante, así como los 31 títulos obtenidos a lo largo de su carrera.
Este pobre escribiente no puede sino alegrarse de la victoria de un paisano, de saber que nuestra bandera volverá a ondear en lo más alto y que nuestro himno, ese que no tiene letra, volverá con mayor o menor acierto a sonar en tierra extraña, como diría la desaparecida Concha Piquer. No obstante no voy a hablar hoy del himno ni de la gran victoria de Carlos Sainz, sino de esa doble moral imperante en nuestra sociedad en prácticamente todo, si no todo sin ese prácticamente, que permite, por ejemplo, alabar a un deportista con 55 años y que sin embargo esa misma edad sea una barrera casi infranqueable para el pobre parado que ve como pasan los días, los meses y los años, sin que nadie se digne a ni siquiera contestarle alguna de las muchas peticiones que ha lanzado, enviando un currículum que a pesar de estar rebosante de experiencia y seguro que de muchos éxitos profesionales, nadie tiene en cuenta, como si la edad que sirve para ganar un Dakar y ser primera página en muchos periódicos, no sirviera para ser dependiente, albañil, vendedor o vete tú a saber.

También ese maravilloso invento llamado móvil, que hoy ya me atrevo a decir que todos llevamos en el bolsillo y que nos llena el mismo de información, amistad, enseñanza, etc., trajo no hace muchos días la noticia de que los padres de la patria (nunca sabré el porqué de llamarlos padres), los mismos que aprobaron una subida del 0,25% para los magros ingresos de los pensionistas o vieron con buenos ojos la subida de un 4% en el salario mínimo y también dieron su plácet a una subida media del 3% en los diferentes convenios, no tuvieron ningún inconveniente en aumentar sus remuneraciones (esas que pagamos entre todos) en un 7% para este año. Eso sí, en asuntos como este nunca hay disensiones y tanto azules, como rojos, naranjas o morados, se ponen rápidamente de acuerdo.

Sin dejar el campo de la política y siguiendo con ejemplos de ese doble rasero, de esa doble moral que campa augusta por nuestra piel de toro, no deja de admirarme como el Sr. Sánchez habla de corrupción en el partido del gobierno, mientras no menciona ni de pasada a esa comunidad andaluza, feudo de los suyos, del PSOE, con un caso ERE con 1.200 millones de euros y 600 implicados, al igual que las fuerzas independentistas de Cataluña no hablan para nada de la banda de los Pujol y de CDC, que con más de 5.300 millones entre las tres causas que conforman el caso, ocupan el primer puesto de tan ingrato ranking.

Pero no creas, amable lector, que ahí terminan todos los ejemplos de esa doble moral, no, para nada. Somos especialistas en ella y hemos adquirido una maestría que para si quisieran los mejores virtuosos de cualquier instrumento. Así y ya más cerca de casa no tenemos inconveniente en tachar de “ligera”, por no utilizar palabras mayores ya que este periódico sale en horario infantil, a la vecina del tercero que como puede, luce generosa minifalda y mejor escote, mientras nos arrebolamos viendo lo mona que esta la niña, nuestra niña, que a la hora de la verdad no sabemos si se ha puesto una falda pequeña o un cinturón ancho.

O cuando ponemos verdes a esos que han internado a su padre en una residencia, mientras nosotros vivimos despreocupados del nuestro, que vive solo en el pueblo y al que vemos solo en verano y fiestas mayores y no llamamos casi por teléfono con la excusa de que “el pobre casi no oye”.

Y medimos y medimos y seguimos midiéndolo todo, desde las discusiones con el marido de la vecina, hasta las horas de llegar a casa de su hijo, pasando por el cómo cuelga la ropa fulanita, lo poco que se gasta en la peluquería menganita, el tiempo que pasa en los bares ese que siempre va con tu padre y una inacabable lista en la que siempre somos nosotros los que actuamos correctamente y el resto los que lo hacen mal. Y así no podemos avanzar ni podemos crecer, así no vamos a ninguna parte, ya va siendo hora de que llamemos en todo al pan, pan y al vino, vino y nos demos cuenta de que no somos ni mejores ni peores que los demás, que en todo caso somos distintos, pero que lo que no es correcto en unos no lo es en ninguno, ni siquiera en nosotros, y ese día habremos dado un paso muy importante en lo que es educación y ética, y a partir de ahí podremos crecer como país, como conjunto, pues aunque no hay ninguna agencia que mida la solvencia moral, la nuestra no está para echar cohetes.

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