El mejor periodismo
Añoro aquellos tiempos de hojear y ojear los periódicos impresos, escogiendo y leyendo las noticias que me interesaban…
Llevo un tiempo peleando contra esas notificaciones que me llegan al móvil aparentando lo que no son. Porque no son, ni mucho menos, la noticia que finge el titular. Titular cebo, carnaza para picar y leer el vacío, anzuelo que nos pesca para llevarnos a la insulsa nada, a la información intrascendente trufada, eso sí, de publicidad. De mucha publicidad y, a veces, también de sensacionalismo. Robándonos el tiempo. Y es que importa el tuit –el pío pío–, no el contenido.
Un titular –qué se yo– aventura una catástrofe o una corrupción gorda o un suceso trascendente, el fin del mundo, algo ¡im-por-tan-tí-si-mo! pero… Llegando al contenido –si es que lo hay–, nada de nada. O casi nada, una sinsustancia, humo. Notición. Ni chicha ni limoná.
Por esto añoro aquellos tiempos de hojear y ojear los periódicos impresos, escogiendo y leyendo las noticias que me interesaban, entreteniéndome en los artículos de opinión de periodistas que he considerado y considero maestros, maestras. Informándome, formándome. Y también distrayéndome con algún pasatiempo, crucigramas y jeroglíficos principalmente.
Es por lo que hoy grabo con letras de oro la afirmación con la que Olga Merino cerraba una de sus columnas de La espiral de la libreta titulada "Artículos a fuego lento", publicada en INFORMACIÓN el sábado dieciocho de mayo de 2024. Decía la periodista y escritora: Contar los hechos o reflexionar sobre ellos requiere un tiempo que ya no se paga. Y es ahí donde se esconde el mejor periodismo, en ese territorio liminar que roza la literatura.
Sí, el mejor periodismo. Sí, a fuego lento. Contando y cuidando la verdad o la opinión sincera. Opinión sincera para el acuerdo o el desacuerdo. Todo procurando buena literatura, la mejor dentro de nuestras posibilidades.

