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El otro uno de mayo

La atípica celebración de este año servirá para recordar, más si cabe, su sentido en la actual crisis sanitaria, laboral y socioeconómica

Pronto celebraremos el Día Internacional de los Trabajadores y Trabajadoras. Por razones obvias este uno de mayo va a ser totalmente diferente a todos los anteriores. Aunque su atípica conmemoración servirá para recordar, aún más si cabe, su sentido originario en la actual crisis sanitaria, laboral y socioeconómica. Vivimos tiempos de incertidumbres y cambios en los que siguen estando muy vigentes nuestros compromisos y principios inspiradores.

Este año no veremos en las calles multitudinarias manifestaciones de trabajadores y trabajadoras tras una pancarta. No escucharemos los megáfonos coreando frases reivindicativas. Tampoco nos encontraremos en las Casas del Pueblo ni en las plazas. Este año el silencio y el distanciamiento físico que, paradójicamente nos acerca al sentimiento común de pertenencia a una comunidad, serán la expresión desde las redes sociales, las ventanas y los balcones de una convicción íntima e individual que compartimos una inmensa mayoría de personas en todo el mundo.

Las formas habrán cambiado, pero no el fondo. El significado simbólico de este día no puede cambiar. Perdurará siempre en el tiempo, con pandemia o no.

Detrás de una mascarilla, no de una pancarta, escucharemos el manifiesto sin estar codo con codo junto a nuestros compañeros y compañeras. Aunque si hacemos memoria del pasado más reciente, nos daremos cuenta de que seguimos estando unidos en las reclamaciones. En estos momentos conviene tener presente la defensa de los servicios públicos que ya hicimos en el periodo de privatizaciones y recortes: “la sanidad pública no se vende, se defiende” “sanidad pública universal”, “educación pública y gratuita, “no a los recortes en sanidad ni educación”.

Casualidad o no, todas estas proclamas ahora tienen más sentido que nunca. Nos hemos dado cuenta del verdadero mensaje. Un mensaje que hoy manifestamos con efusivos aplausos diariamente a las ocho de la tarde.

Quizás este uno de mayo los aplausos deberíamos dedicarlos a las trabajadoras y los trabajadores sanitarios y del resto de sectores esenciales que con su esfuerzo se enfrentan al enemigo silencioso en forma de virus con ánimo de victoria. Decía Pablo Iglesias Posse: “¿Qué es la Guerra? Volvemos a repetir. Un crimen de lesa humanidad. Sí, un crimen que todos, absolutamente todos, y especialmente nosotros, los obreros, pues somos sus principales víctimas, debemos combatir”.



El actual “gobierno progresista” afronta con determinación un reto histórico inédito, aunando y haciendo compatible lo público y lo privado, lo tuyo y lo de todos. La justicia social, la protección de los más vulnerables y el fortalecimiento del Estado del bienestar dictan cada decisión en el ámbito de la sanidad, la economía o el empleo. La prioridad es que, como en los conflictos más cruentos, nunca se abandona a nadie, ni se queda atrás. Sea uno de mayo o cualquier otro día, iremos todos y todas juntos y juntas hacia adelante.

Seguiremos combatiendo cada día para que todo vuelva a su normalidad, una nueva normalidad. Seguro que el próximo uno de mayo nos volveremos a encontrar para recordar y aprender de todo lo vivido. Cuidaos mucho.

Por: Tomás Ayelo Bebia. Secretario de Organización - PSOE Villena.




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