Vida de perros

En construcción. Parte I

Los muros de la discordia han de ser derribados. Si ustedes preguntan, yo contesto. Es sólo una opinión, no hay porqué convertir a éste que escribe en blanco de descalificaciones. Y no crean que lo digo por decir: parece que hay cosas en este pueblo de las que no se puede hablar, en el caso que nos ocupa, de la Plaza de Toros de Villena.
El edificio, que fue construido por suscripción popular a principios del siglo pasado, está ahí. Quiero decir que está. Como la vieja cafetera de la bisabuela, ocupa un lugar en nuestro estante y el recuerdo le permite estar allí sin convertirse en un “trasto viejo e inútil”. Para ciertos sectores de la población que jamás hemos visto la utilidad que corresponde al coso, el edificio no deja de ser más que eso: un edificio, tal vez algo más: un referente espacial. Tal argumento invalidaría cualquier crítica al proyecto del PSOE ya que éste respetaría su fachada, con esos arcos de herradura y de medio punto de inspiración neomudéjar. Pero como decía antes, creo que la Plaza de Toros debe ir al suelo. El edificio debe crecer como crece nuestra ciudad, debe reciclarse como se recicla el viejo contable, debe ser insignia útil y representativa.

Tuve la ocasión hace algún año de asistir a la exposición por parte de un gabinete de arquitectos que presentó un estudio sobre la reconversión de la Plaza de Toros en un centro de ocio. Tal y como decía el diputado Ayelo en el Pleno de la Diputación Provincial de Alicante, nuestro anterior alcalde, el señor Rodes “llegó a subvencionar con un millón de pesetas a la Asociación de Comerciantes para la realización de un estudio del proyecto de ocio de la plaza de Toros”. El proyecto presentado en la Casa de Cultura fue polémico, por supuesto, como todo lo referente a dicho tema. No es que el proyecto fuera muy de mi agrado, sinceramente, pero sí suponía un atisbo de luz en una polémica que parece no tener fin, incluso diría que hay quienes buscan que no tenga fin. La crítica se centró en lo innecesario de unas instalaciones “hedonistas”, en lo innecesario de unos aparcamientos en tal zona, en la “importancia” que tenía para unos cuantos villeneros el disponer de una plaza de toros, en la cesión temporal de unos espacios para los comerciantes –quienes en realidad pagarían buena parte del centro en concepto de alquiler–. Fruslerías que se solucionarían con unas cuantas modificaciones al proyecto.

Incapaces de resolver el asunto, con 4.500 firmas de apoyo a su rehabilitación (firmas recogidas mediante un escrito de intenciones dudosas y letra pequeña), el asunto llega a Diputación Provincial. Como quien acude al hermano mayor (Primo de Zumosol, diría Ayelo), los villeneros llevamos nuestro problema a personas que no han visto en su vida nuestra plaza ni conocen los problemas urbanísticos a los que nos enfrentamos. Un esfuerzo perdido, porque el problema se quedó como estaba. ¡Pero algo habrá que hacer con este asunto! –Dirá usted–, y yo lo secundo, no podemos aguantar tal estorbo por más tiempo, y digo estorbo en cuanto a que el edificio hoy día y tal como está no contenta ni a unos ni a otros. Mi apuesta está a favor de la necesidad, y esta pasa por atraer a la comarca a nuestra ciudad, en hacer más cómoda y fácil la vida de la ciudadanía, al menos más agradable. Mi apuesta es el centro de ocio, y no entiendo que a otros les moleste que tenga derecho a opinar como un ciudadano más.

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