Abandonad toda esperanza

Escuchar cine

Abandonad toda esperanza, salmo 849º

El pasado fin de semana tuve el placer de volver a escuchar a Goblin tocando en directo, esta vez acompañando a la proyección de Rojo oscuro en el Sombra de Murcia como ya hiciesen con Suspiria en la edición anterior del mismo festival. Les cuento esto, además de con el miserable fin de darles envidia, para subrayar mi interés por las bandas sonoras originales y para recordar el vínculo que suele darse entre determinados cineastas y sus compositores de cabecera. Porque al igual que Dario Argento contó con la banda de Claudio Simonetti y compañía (en la actualidad, muchos años después del estreno de aquellas películas de terror italianas, la compañía es otra) para sus títulos más celebrados, otros realizadores han recurrido de igual modo a los mismos músicos para el apartado sonoro de varios de sus trabajos una y otra vez.

El autor de esta columna junto con la formación actual de Goblin (en el centro, el mítico Claudio Simonetti)

Estos vínculos quedan demostrados con creces en dos libros dedicados a la música de cine que coinciden ahora mismo en las librerías: el primero en llegar a la mesa de novedades ha sido Historia de las bandas sonoras, volumen que firma el excelente crítico (de cine y de música) Thierry Jousse y que ha sido publicado por Blume con el lujo habitual de la mayoría de sus ediciones; esto es: a gran tamaño y con una cantidad ingente de fotografías en color y blanco y negro acompañando al texto en cuestión. A lo largo de sus páginas, el autor comenta la presencia de la música en el cine desde los albores del séptimo arte hasta nuestros días: parte de lo que llama el “sonido hollywoodiense” para continuar con la fructífera asociación entre Alfred Hitchcock y Bernard Herrmann, la nueva estética musical que supuso la irrupción del jazz en las pantallas, el rol fundamental que jugó Ennio Morricone en el western mediterráneo en general y en la filmografía de Sergio Leone en particular, los nuevos compositores que trajo consigo la Nouvelle Vague (que no podía faltar, dado que Jousse es francés), la música del llamado “Nuevo Hollywood” de los años sesenta y setenta y su presencia en el cine de gente como Coppola o Scorsese, el empleo de la música en géneros tan codificados como la comedia o el terror (giallo y Goblin incluidos)... y así hasta llegar a la introducción de la electrónica por parte de compositores como Giorgio Moroder o la música concebida ex profeso para los blockbusters que triunfan en las taquillas de todo el mundo.

Sergio Leone y Ennio Morricone colaboraron en los títulos más emblemáticos del llamado “spaghetti western”

De este modo, por las páginas de este libro se pasean los más grandes compositores de la historia del cine, representantes todos ellos de los estilos y estéticas más variados: del fundacional Max Steiner a los más actuales Alexandre Desplat y Jonny Greenwood, pasando por Miklós Rózsa (el “maestro del gótico” en palabras de Jousse), Georges Delerue, Philippe Sarde, Lalo Schifrin, el inagotable John Williams o los minimalistas Philip Glass y Michael Nyman. Y gracias a la lectura del análisis de sus partituras, podremos conocer mucho mejor el cine de realizadores como François Truffaut, Blake Edwards, Jacques Demy, Todd Haynes, Jim Jarmusch, David Lynch o Wong Kar-wai. Porque precisamente de eso se trata: de aprender a entender y amar el cine entendiendo y amando la música concebida para unirse de forma indeleble a sus correspondientes imágenes. Con este objetivo siempre en mente, cabe destacar que cada capítulo del libro se ve culminado por una playlist organizada por compositores que resulta de gran utilidad.

Dimitri Tiomkin firmó la banda sonora de “Solo ante el peligro”, protagonizada por Gary Cooper

La segunda recomendación de hoy es autóctona, y dado el caso no podía venir firmada por otro que no fuese Conrado Xalabarder, experto nacional en la materia: Música en el cine es otro recorrido cronológico a través de la relación entre ambas disciplinas que pretende servir de guía para entender y disfrutar mejor las películas que se recogen en sus páginas. Así, el viaje comienza con el empleo de la música en el cine silente de maestros del celuloide como Griffith, Chaplin o Murnau, para pasar de inmediato a títulos del más temprano cine sonoro como King Kong o Robin de los bosques y otros clásicos incontestables del Hollywood de los grandes estudios como Laura, El crepúsculo de los dioses o Solo ante el peligro. Filmes todos ellos que contaron con las inestimables aportaciones musicales de maestros (en el más amplio sentido de la expresión) como el citado Max Steiner, David Raskin, Franz Waxman o el gran Dimitri Tiomkin, cuyas composiciones se nos antojan hoy tan inmortales como las cintas en las que aparecen recogidas.

Steven Spielberg y John Williams forman otra de las duplas más fructíferas de la música cinematográfica

Antes de pasar al cine de los sesenta con Desayuno con diamantes (cómo no recordar la mítica canción “Moon River” compuesta por Henry Mancini) y Lawrence de Arabia (con partitura a cargo de Maurice Jarre), Xalabarder recuerda la primera de las seis asociaciones director / compositor recogidas a lo largo del libro y que también trata Jousse en su estudio: la de Federico Fellini y Nino Rota, que se materializó en bandas sonoras inolvidables como las de La strada, La dolce vita, 8 1/2 o Amarcord. Posteriormente también se analizan, además de las ya mencionadas duplas Hitchcock / Herrmann y Leone / Morricone, las formadas por Steven Spielberg y John Williams, Tim Burton y Danny Elfman y, alcanzando ya el cine más contemporáneo, Christopher Nolan y Hans Zimmer. Mientras tanto, se comenta la carrera de músicos de ayer y de hoy como Alex North, Elmer Bernstein, John Barry, James Horner o el español Javier Navarrete; y títulos como Un hombre y una mujer y la característica melodía de Francis Lai, La profecía y el terrorífico score con coros a cargo de Jerry Goldsmith (que fue, por cierto, el primer compositor que me llamó la atención durante mi más temprana adolescencia), Taxi Driver y la música (casi póstuma) de Herrmann, Rocky y la sintonía motivacional de Bill Conti, Blade Runner y el atmosférico envoltorio musical de Vangelis o el Drácula de Coppola que musicó majestuosamente Wojciech Kilar (una de mis partituras favoritas de todos los tiempos, dicho sea de paso). Y qué decir de la épica de Basil Poledouris en Conan el bárbaro o Howard Shore en El Señor de los Anillos, que son comentados antes de llegar a títulos más actuales como Joker o la recentísima La sociedad de la nieve.

Además de componer la música, Bob Dylan (dcha.) ejerció de actor con un destacado papel secundario en “Pat Garret & Billy the Kid”

Completa el volumen un listado de canciones emblemáticas de la historia del cine a cargo de intérpretes que son o han sido célebres al margen de su implicación en la industria del cine, pero que deben buena parte de su popularidad a su asociación con imágenes imborrables proyectadas en la gran pantalla: quizás este no sea el caso de Bob Dylan y su colaboración (delante y detrás de las cámaras) con Sam Peckinpah, pero sí es el de Simon y Garfunkel y El graduado, los Bee Gees y Fiebre del sábado noche o un buen puñado de los intérpretes y grupos recogidos por Quentin Tarantino en el impecable soundtrack de Pulp Fiction. Temas todos ellos que, al igual que las bandas sonoras comentadas con anterioridad y como suele ser costumbre en los libros para melómanos de Ma Non Troppo, pueden escucharse durante la lectura sin moverse del sillón gracias a los códigos QR que salpican las páginas de este libro. Un libro que, como el de Thierry Jousse, resulta de lectura imprescindible para todos aquellos que disfrutan escuchando cine tanto como viéndolo.

Historia de las bandas sonoras. Música para el cine y Música en el cine están editados por Blume y Ma Non Troppo respectivamente.

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