El Volapié

Fe, valor, sangre y sudor

Éste es el título de una antigua canción de Gabinete Caligari que viene muy a propósito de los pasos que viene recorriendo el admirable novillero Raúl Bravo. Este joven villenense no ha podido elegir una profesión más dura que esta. Incluso si se le hubiese metido en la cabeza algo así como ser astronauta o presidir el gobierno, tendría más posibilidades de llegar a la Moncloa o a los anillos de Saturno antes que convertirse en figura del toreo.
Pero dado el nivel al que relució durante su faena del domingo pasado, hace soñar con que en Villena podamos tener un torero que mande en este planeta tan complejo que es el de los toros. Me apropio del pensamiento de Rafael el Gallo para decir que la pretensión de Raúl es más difícil que usufructuar el sillón pontifical.

Las maneras de torear que mostró Raúl el pasado domingo resultaron espectaculares, trepidantes y emotivas. Seis novilleros fueron a jugársela a una sola carta, seis novilleros que todavía están aprendiendo la letra A del abecedario, seis gallos soñando con el triunfo y los seis temiendo la decepción. Durante la lidia del segundo novillo cayó el Diluvio Universal y hubo de interrumpirse la semifinal. Yo quisiera que los queridos lectores lo hubieran visto vestido de valiente, empapado y haciendo votos para que de ninguna manera se suspendiese el festejo.

Afortunadamente escampó al poco rato y la corrida pudo proseguir para disfrute de los muchos aficionados que allí se dieron cita. Por cierto, impresionaba la cantidad de villenenses que acudieron al coso de la Plaza de España para ver torear al paisano.

Raúl Bravo tiene una enorme fe en sí mismo y en quien le da fuerza. Por la mañana estuvo en la Iglesia de los Salesianos y por la tarde saliendo a hombros por la puerta grande ante la atenta y sabia mirada de Santiago López, el descubridor de Espartaco, José Tomás, El Fandi, Rubén Pinar… Algún día la fe de sopetón fructificará.

Su valor ya es algo más que una presunción, porque cada vez las reses con las que se enfrenta tienen mayor entidad y él no se arruga a pesar de las palizas.

El sudor que le mana por el rostro con sólo ponerse en la cara de la res simboliza un esfuerzo muy continuado que debe evaluarse en un corto espacio de tiempo y con muy pocas oportunidades. Raúl Bravo todavía necesita triunfar cada tarde para volver a tener otra tarde y en esta ocasión será el domingo 30 de octubre en la final de Castellón y ante las cámaras de Canal 9. Será su primera corrida televisada.

He dejado la sangre para el final. La sangre que tarde o temprano mana de todos los toreros porque de las cornadas no se va a librar Raúl. Supongo que a pesar de su juventud también estará entrenando para ese momento. Por ello y por mucho más, no podía Raúl haber elegido una profesión más bella.

Bravo, disfrútalo y no te lo creas.

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