Abandonad toda esperanza

Federico y Luis

Abandonad toda esperanza, salmo 668º

Una de las mayores tragedias que puede sufrir el legado cultural de un pueblo es que sus intelectuales y artistas desaparezcan sin haber dejado escrito de su puño y letra un testimonio de su paso por el mundo. Un buen ejemplo de ello es Federico García Lorca, quien desde hace mucho tiempo ha superado su condición de miembro de la Generación del 27 para convertirse en el poeta español más popular del siglo XX, y que no dejó escritas unas memorias seguramente porque al pobre no le dieron tiempo suficiente ni para que la idea se le pasara por la cabeza. Para enmendar esta carencia, Rafael Inglada ha armado en colaboración con Víctor Fernández el volumen Palabra de Lorca, que recoge una amplia recopilación de las numerosas entrevistas que el poeta y dramaturgo concedió a lo largo de su vida desde 1922 hasta 1936, y que jamás se habían reunido en su totalidad; incluyéndose también las publicadas de forma expurgada en periódicos y revistas a modo póstumo hasta 1978, y que aquí se recuperan íntegramente. También se incluyen en el libro textos de naturaleza diversa, como reseñas y notas de estrenos teatrales, pero que contienen siempre alguna declaración en primera persona del autor de Yerma, de quien merece señalarse que en los textos recogidos cuenta con algunos interlocutores tan destacados como Francisco Ayala, Juan Chabás, César González-Ruano o Cipriano Rivas Cherif. El libro resultante, que  recopila también una colección de fotografías la mayoría de ellas inéditas o de difícil acceso hasta la fecha, deviene en un testimonio indispensable para conocer en profundidad al genio granadino.

Lorca, Margarita Xirgu y Cipriano Rivas Cherif en el Teatro Principal de Valencia en 1935

A diferencia de su amigo Federico, Luis Buñuel sí nos dejó uno de los libros de memorias más importantes del siglo pasado: Mi último suspiro, del que no podemos dejar de mencionar que existe gracias a la intervención del guionista Jean-Claude Carrière, colaborador habitual del cineasta durante su etapa francesa. El libro, reeditado en numerosas ocasiones, ha servido de fuente de consulta para todas y cada una de las obras que sobre el realizador de Viridiana se han urdido a lo largo de los años. Una de ellas fue Buñuel en el laberinto de las tortugas, cómic de Fermín Solís que recientemente ha dado el salto al cine en un film homónimo; una cinta que se me escapó en su día -cuenta la leyenda que el 90 % de películas españolas no aguanta más de dos semanas en cartel, no digamos ya las cintas de animación para adultos como es el caso-, pero que he podido recuperar en un pase televisivo. El film, dirigido por Salvador Simó, recrea un episodio concreto de los primeros años de la carrera profesional de Buñuel como director de cine: tras el escándalo que provocó el estreno de la surrealista La edad de oro en París, los intereses del realizador de Calanda parecieron dar un giro de ciento ochenta grados y se orientaron hacia la realidad más dura y brutal de nuestro país por aquel entonces. Así, y gracias a la financiación de su amigo Ramón Acín, Buñuel pudo dirigir la que es todavía una de sus películas más míticas: el mediometraje documental Las Hurdes (Tierra sin pan), que levantó ampollas varias décadas antes de que los medios de comunicación hablaran de “la España vacía” como un fenómeno social.

El documental de Buñuel sobre Las Hurdes mostró la pobreza más extrema

Precisamente, esta excelente película -a la que podríamos tildar de “animación documental” si se nos perdona el, quizá solo aparente, oxímoron- es más el relato de la entrañable amistad entre Buñuel y Ramón Acín que la historia del rodaje en Las Hurdes (aunque también). La importancia de Acín aparece subrayada por los créditos finales, que nos guardaremos mucho de desvelar aquí, y que enlazan con la apostilla de otra de las películas de este año dedicadas a la Guerra Civil: Mientras dure la guerra. Dicho sea de paso: si el film de Aménabar es la cinta que ha conseguido más nominaciones a los inminentes premios Goya, Buñuel en el laberinto de las tortugas ya ha hecho historia al convertirse en la película de animación más nominada de la historia de estos galardones (cuatro candidaturas le han caído, nada menos), además de haber sido preseleccionada como representante española para competir en los próximo Oscar (aunque, finalmente y como era de esperar, ha sido Pedro Almodóvar el que se ha llevado el gato al agua). En resumidas cuentas: si tienen algún prejuicio hacia el cine animado, supérenlo y denle una oportunidad; quizá se lleven una agradable sorpresa.

“Buñuel en el laberinto de las tortugas” retrata la amistad entre Ramón Acín y el director

En una conversación telefónica que por supuesto está incluida en Palabra de Lorca, Ernesto Giménez Caballero le preguntaba al autor de La casa de Bernarda Alba: “Dicen que se puede escribir un libro con tus aventuras de colegio, de ‘Residencia’. ¿Cuál te parece la más divertida?”. Respondiendo afirmativamente al que luego fuera, además de un destacado vanguardista, el introductor del fascismo en España, Susanna Martín ha escrito y dibujado la novela gráfica Residencia de Estudiantes, y en ella incluye, por supuesto, la anécdota de la “Cabaña en el desierto” que remite el entrevistado. Y es que aunque se trata de una obra de cierto protagonismo coral, el autor de Poeta en Nueva York es tal y como sugiere su cubierta el gran personaje principal de este relato biográfico centrado en su estancia en la institución creada por Francisco Giner de los Ríos en 1876 y que pronto se convirtió en foco de la modernidad en España. Por sus páginas se pasean también, por supuesto, Buñuel y el tercero en discordia: Salvador Dalí; además de otros rapsodas como Vicente Aleixandre o Luis Cernuda, la actriz Margarita Xirgu, la pintora Maruja Mallo y el resto de esa “otra generación del 27” que no es la de Mihura, Jardiel, Tono o Neville -de la que les hablaré en breve, por cierto-, sino la facción femenina que en tiempo reciente ha venido a denominarse Las Sinsombrero.

El Buñuel de Susanna Martín

El nuevo álbum de la autora de Sonrisas de Bombay y Sansamba se presenta contundentemente documentado, tal y como reflejan la bibliografía final -donde no falta ese suspiro postrero de don Luis- y las numerosas notas a pie de página; pero las referencias están introducidas con mimo, y lejos de frenar su lectura no evitan que el relato levante el vuelo (a veces de forma casi literal) y alcance cotas líricas verdaderamente elevadas. Dicho esto, resulta curioso que al margen de su epílogo, el final de la obra -con el viaje de Lorca a Estados Unidos- coincida con el comienzo de Lorca. Un poeta en Nueva York, la novela gráfica que Carles Esquembre dedicó recientemente a este episodio de la biografía de quien es la víctima más tristemente célebre de los fusilamientos de la Guerra Civil. Y digo que resulta curioso porque la obra de Esquembre no aparece citada en la bibliografía consultada, donde sí aparecen otros cómics sobre Federico como La araña del olvido o Tras la huella de Lorca. Al margen de esta cuestión puntual, esta Residencia de Estudiantes se nos antoja un cómic verdaderamente espléndido, que por lo tanto no merece pasar desapercibido, y que es muy posible que esté en mi lista de las mejores lecturas del año que está a punto de finalizar. En cuanto al mejor cine de la cosecha actual, les emplazo a la columna de la semana próxima.

Palabra de Lorca y Residencia de Estudiantes están editados por Malpaso y Bruguera; Buñuel en el laberinto de las tortugas está disponible en Movistar+.

 

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2 comentarios

  1. YO PUDE SALVAR A LORCA de Víctor Amela, ¿lo conoces? https://www.todoliteratura.es/noticia/50316/actualidad/victor-amela-presenta-yo-pude-salvar-a-lorca.html
    Me lo regalaron las pasadas navidades, y creo que es un libro maravilloso, no es una novela al uso, es más bien la reconstrucción de los úlitmos días del poeta, muy al estilo de Soldados de Salamina de Cercas, pero en el sentido de la deconstrucción de una compleja serie de casualidades y coincidencias que fueron pero pudieron no ser, la delgada línea que separa un destino de otro, la repercusión que tienen no solo nuestras decisiones, sino también las de terceros sobre nuestras vidas. También es una mirada retrospectiva —otra más— hacia esa España divida e irreconciliable que algunos se empeñan en verdernos todo el rato, porque la novela no acaba con Lorca, no termina con su muerte, es algo más y ese algo más la hace mucho más completa.

    Me ha gustado mucho tu artículo. Saludos.

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