El Volapié

La perrera

El amor por los animales y la consideración de estos como iguales a los seres humanos, es otra de las manifestaciones que muestra las diferencias que existen entre unos seres humanos y sus semejantes.
Hay quien considera que los animales tienen los mismos derechos que los seres humanos –afirman que términos como esclavitud o asesinato son aplicables a todas las especies del Reino Animal, después de nacidas–, otros están convencidos de que estas criaturas pueden desempeñar funciones para mejorar la vida de los humanos –labores del campo, apoyo psicológico y compañía para enfermos–, otros sienten un respeto totémico hacia algunos animales –como sucede con el oso, el águila, el toro o el caballo– y otros cuantos se llevan algunos tipos de animales a vivir con ellos –generalmente perros, gatos y pájaros– a su propio hogar.

Dentro de estas preferencias no siempre se encuentran personas que admitan varias opciones a la vez y a menudo sucede que unos y otros están condenados a convivir respetándose y soportándose mutuamente.

Entre los ejemplos y obviando el más trivial que puede mostrarse en la actualidad de nuestra ciudad, entresaco el hecho de que mi comunidad de propietarios se haya ido convirtiendo en una auténtica perrera. Nuestros estatutos permiten que los vecinos puedan disfrutar de sus perros en casa –faltaría más– porque hay pocos animales que gusten más en Villena que los perros.

Los perros suelen llegar a casa en Navidad –ya vamos caminico de las nuevas hornadas– y resulta muy bonito ver a esos niños paseando a los perricos con cara de ilusión durante los días de vacaciones. Pero los perros que viven en familia tienen que mantener sus cuidados y atenciones cuando llega el cole después de Reyes y cuando van pasando los meses y cuando los críos ya se han cansado de ellos como se cansan de todo de tanto que tienen.

Antes de San Antón ya son los padres quienes tienen que dar los paseos y cada vez con la cara menos ilusionada algunos. A aquellos que dedican sus mejores horas a los canes y saben educarlos, sólo debo felicitarlos y agradecerles el esfuerzo. Mi crítica va dirigida justamente a los demás.

Es normal que un perro ladre y normal es que en las comunidades de propietarios unos vecinos tengan que soportar y ser soportados, pero lo que no se puede aguantar es que algunos perros se pasen el día ladrando como que algunas personas griten y griten.

Me gustan tanto los perros que tengo tres, pero en el campo. Y subo a verlos al comienzo y al final de cada día, y allí corren, ladran, saltan y bailan sin molestar a nadie.

Cuando alguien tiene perros en casa debe educarlos para que comporten mínimamente o ponerles un bozal si no son capaces de callar sus ladridos mediante los métodos habituales. Bozales y pañales, para no molestar a quienes no creemos que la vida urbana sea el mejor hábitat para estos impresionantes animales. Mucho más cuando el vecindario está más lleno de perros que la perrera.

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