Opinión

La sexualidad en Villena (II)

Continuando con el ciclo dedicado a la sexualidad en Villena, y atendiendo a los estudios realizados por la doctora Penélope López, a quien ya tuve el placer de presentaros la semana pasada, podemos decir que los habitantes de nuestra ciudad se dividen en dos clases de sexos bien diferenciados. Un primer grupo lo conformarían los denominados Festeros o portadores del cromosoma F, mientras que el opuesto lo encarnaría el grupo de los denominados No Festeros o poseedores del cromosoma NF.
Podemos decir que los Festeros representarían el sexo fuerte, ya que son personas capaces de disparar un arcabuz de varias cargas sin pestañear, tienen un estómago a prueba de bombas capaz de ingerir almuerzos típicos durante cinco días consecutivos y poseen además, por lo general, una gran tolerancia y resistencia al alcohol. Igualmente, los Festeros son capaces de quedarse durmiendo con facilidad en lugares duros e incómodos como pueden ser las tablas de las tribunas, las sillas de la cocina o los portales de las casas, y poseen además una capacidad innata para rodar banderas, hacer paellas y gachamigas soportando el calor de la lumbre, ponerse a machacar dientes de ajo en un mortero de parte mañana y jugar al truque hasta altas horas de la madrugada sin dar muestras de sueño y agotamiento.

Por el contrario, los No Festeros estarían catalogados como el sexo débil, por sus limitaciones a la hora de desarrollar todo este tipo de actividades en las que impera el factor físico. Podemos decir, por tanto, que lo más común es que en Villena los matrimonios se produzcan entre personas del mismo sexo, es decir, Festeros con Festeras (serían los denominados Festerosexuales) y No Festeros con No Festeras (también llamados Nofesterosexuales). El cruce entre festerosexuales suele dar como resultado una clase de niños juerguistas y jacarandosos, un tanto díscolos, con grandes dosis de desparpajo en sus genes, a los que les encanta montar en las atracciones de la feria, tirar petardos, jugar al parchís con dinero, saltar de tribuna en tribuna, comer gofres a deshoras, tocar el tambor y la corneta, beber Coca cola en las comuniones y dar volteretas encima de la cama. De la unión entre festerosexuales saldrán la gran mayoría de cabos, madrinas, capitanes, alféreces y campeones de ajo, truque y dominó que pueblan nuestras calles. Por el contrario, el cruce entre nofesterosexuales suele dar lugar a una clase de niños más bien insulsos que no sienten nada al escuchar los compases de un pasodoble, la lectura de un pregón o el ruido de una traca. En realidad, las probabilidades de que una pareja de nofesterosexuales engendre un niño cabo o una madrina son prácticamente nulas.

Así pues, en Villena, la unión entre un Festero y una No Festera, o viceversa, está considerada como una anomalía o desviación sexual. La doctora López opina que un hijo nacido del cruce entre ambos extremos desearía desfilar, por ejemplo, un día sí y otro no, o llevaría una casaca de cristiano con pantalones de chándal, o unos vaqueros con babuchas y cosas por el estilo.

En ocasiones, también se ha dado el caso de que del cruce de dos personas Festerosexuales nazca un niño Nofesterosexual. Esto suele suponer un duro golpe para los padres, que ven como, después de haberse gastado un dineral en pagarle la cuota, la derrama y el traje, su hijo no quiere salir y renuncia a lo que ellos consideran lo mejor que hay en la vida. Pero más terrible todavía es, si cabe, el hecho de que de dos personas Nofesterosexuales nazca un niño Festerosexual. En este caso, el niño podría incluso llegar a impedir que los padres se vayan de viaje y puedan abandonar Villena durante los días de fiestas.

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