Opinión

La sexualidad en Villena (III)

Iniciaremos este tercer capítulo dedicado a la sexualidad en Villena recordando que la sociedad villenense se encuentra claramente dividida en dos grandes segmentos o grupos denominados Festerosexuales y Nofesterosexuales. A partir de ahí, podemos continuar diciendo que el conjunto de personas Festerosexuales posee una estructura genética y social mucho más compleja y variada que el de los Nofesterosexuales. Este dato lo corrobora el hecho de que las personas que participan de forma activa en la fiesta se puedan dividir a su vez en Festeros Salientes, es decir, aquellos que se ponen un traje y pagan una cuota que les da derecho, entre otras cosas, a almorzar platos combinados con un alto contenido en grasas y colesterol y a bambolear alegremente su cuerpo por las principales calles de la ciudad, y, por otro, estarían los Festeros No salientes, también conocidos como Socios Protectores. A fecha de hoy, el Socio Protector sigue siendo todavía un enigma para la ciencia. Los numerosos estudios biológicos realizados al respecto no han conseguido todavía determinar con exactitud cuáles son las razones que hacen que estas personas paguen una cuota, lleguen a ponerse incluso el traje, pero renuncien en cambio al sumo placer de desfilar.
Si seguimos descomponiendo el mapa genético del Festerosexual, obtendremos que, dentro de la categoría de Festeros Salientes, se encuentran los que disparan y los que no disparan. A los que disparan se les denomina arcabuceros. Dentro del plano sexual, hay que decir que los arcabuceros suelen ser personas fogosas, algo exhibicionistas, poseedoras todas ellas de hermosos “trabucos” que no dudan en mostrar y lucir ante el público sin ningún tipo de tapujos. Pese a que se ha demostrado que el tamaño no importa, podemos decir que algunos arcabuceros levantan envidias y pasiones por su capacidad para coger el “trabuco” y echárselo al hombro como si tal cosa.

Otra variante dentro del conglomerado de Festerosexuales sería la de los que montan en carroza y la de los que van a pie. Dentro de los que montan en carroza, podemos encontrar a algún que otro insólito personaje pasado de rosca, convertido en una especie de alambique humano, con boceras en las comisuras de los labios, la lengua trabada y la perilla humedecida por el alcohol, que se pasa el desfile abriendo bolsas de confetis, repartiendo bocadillos y cervezas a sus amistades entre ataques de hipo, pegándose estirones en los bombachos a la altura de la región testicular. Rigurosos estudios afirman que un festerosexual macho en estado puro puede llegar a darse más de cien tirones durante el recorrido que va de la Losilla al Portón. Por su parte, dentro de los que van a pie se encuentran los que desfilan bajo el esquema cabo-bloque y los que lo hacen bajo el esquema cabo-escuadra. Pero, por si esto fuera poco, dentro de todos estos subconjuntos también podemos encontrar a los que montan a caballo, a los que ruedan banderas, a los que llevan barba postiza, a los que hacen doblete, y a los pobres que portan el farol.

Hay que decir, por otra parte, que las personas Festerosexuales segregan durante todo el año una hormona denominada fiestosterona. Dicha hormona incita a las personas a beber de la misma botella, a cogerse del brazo y a dar saltos al ritmo de la música. Partiendo de aquí, podemos decir, para terminar, que los villeneros utilizan a lo largo de su vida tres clases de ritmos distintos a la hora de hacer el amor. En primer lugar, y durante la juventud, utilizan el ritmo de pasodoble. Se trata de un ritmo vigoroso y alegre utilizado, sobre todo, durante los primeros años de noviazgo. Tras el matrimonio, y con la llegada de la madurez, se empieza poco a poco a emplear cada vez más la marcha mora, para acabar definitivamente, una vez inmersos en la tercera edad, haciéndolo a ritmo de procesión.

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