Vida de perros

No somos accesibles

He echado un vistazo a los puntos tratados en el pasado pleno. Un vistazo, lo prometo, nada más. He pasado de largo los puntos de mayor importancia, he dejado atrás los más polémicos y debatidos en los bares, he encendido un cigarro (de momento me dejan fumar en la calle), he mirado a mi alrededor y he salido corriendo hacia la entrada del Teatro Chapí porque un amable señor me ha indicado en la “estación de autobuses” que era allí donde tenía que ir para subir al bus que me llevaría a Alicante.
Contento de no llegar resollando pese a la carrera y de no haber tropezado con ninguna de las grietas que adornan el pavimento del Paseo Chapí, espero a subir al vehículo mientras contemplo la larga fila de coches que espera la puesta en marcha del autobús. Cientos de nuevas columnas periodísticas pasan por mi cabeza, ciento volando y sin pájaro en mano llegamos a la intersección de la calle Ferriz con la calle Sta. María de la Cabeza, donde esperamos que uno de los operarios nos abra paso en esta calle cortada temporalmente por la poda de árboles del asilo de ancianos.

Me abruma esta Villena tan limitada en sus vías. Me viene entonces a la cabeza el proyecto Munayki, ese que en este momento se está realizando en la Casa de la Cultura donde participan alumnos y alumnas de 6º de Primaria. Se trata de una campaña de sensibilización con las discapacidades, organizada por AMIF y con la colaboración de las Concejalías de Educación y Bienestar social (con la colaboración también de la Casa de la Cultura, por supuesto). Recuerdo los problemas de accesibilidad que se mencionan en dicha campaña, concretamente los referidos a Personas con Movilidad Reducida (ni siquiera me he fijado a la subida al bus, lo hago ahora más tarde y compruebo que no dispone de un sistema para que acceda una de estas personas). Recuerdo, les digo, que al hablar de movilidad reducida no se hace referencia únicamente a personas que se desplazan en silla de ruedas sino que incluyen a la tercera edad, discapacitados y personas con alteraciones temporales debido a accidentes, fracturas, embarazos, personas cargadas, llevando cohechitos o carros de la compra. Es decir que cualquiera en algún momento de su vida lo puede ser, o lo ha sido o lo será una persona con movilidad reducida. La lucha entonces por la accesibilidad no es algo que no nos ataña.

La moción de urgencia presentada por el Partido Popular el pasado pleno y aprobada por unanimidad es un paso (aunque lo de instar al Gobierno de la nación a que tome posturas o simplemente “haga cosas” no deja de ser gracioso para la gente de a pie). Pero se trata de reconocer que no somos accesibles, que nuestra ciudad no lo es y que no se trabaja lo suficiente en ello, maldíganse los presupuestos o el resto de problemas con los que nos enfrentamos pero no somos accesibles. No me quiero matar a poner ejemplos ni quisiera aburrirles con ellos, pero sé de primera mano que una persona con movilidad reducida (perdonen que no ponga siglas, pero al hablar de personas me toca un poco la moral) no puede, por ejemplo, entrar a establecimientos a causa de los escalones y éstos sin embargo tienen aseos adaptados para sillas de ruedas.

Si me preguntaran acerca de qué podemos hacer para solucionar esta situación les pediría que se interesaran en el tema y que no se conformaran con darse cuenta al llegar el 3 de diciembre, Día Europeo de la Discapacidad, de los problemas existentes.

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