De recuerdos y lunas

Poeta de profesión poeta

Palabrica del Niño Jesús. Nos dijo que había venido a hablar de poesía y nos habló de poesía. Y eso que venía con el runrún mediático de lo de la señorita Trini en las primarias madrileñas, pero no le pudo el runrún. Quien esperara al Alfonso Guerra del "dales caña, Alfonso", no lo vio. No pudo verlo. Porque Alfonso Guerra cumplió con creces lo comprometido para Orihuela y nos habló de poesía haciendo poesía. Y nos emocionó al devolvernos vital al poeta de las tres heridas. Nos lo desembalsamó con versos y cartas bien traídos y leídos. Alfonso Guerra resucitó a Miguel Hernández poeta de profesión poeta, recitándolo, al poeta enamorado y al enamorado comprometido con la vida en pleno. Y nos lo trajo a su cuna para decirnos que nunca lo olvidemos. Que a las heridas del amor, de la muerte y de la vida no añadamos la herida del olvido. Y varias veces nos emocionó. Porque fue una conferencia hermosa.

El ciclo, organizado por la Fundación Pablo Iglesias y con la colaboración del Ministerio de Cultura y la Asociación Cultural Orihuela 2m10, a la que con orgullo pertenecemos, se titula "Miguel Hernández en la sociedad y la cultura de su tiempo" y servirá, en el contexto del centenario del nacimiento del poeta, para profundizar en la figura y obra de Hernández. Así, durante los meses de octubre y noviembre están previstas varias charlas donde especialistas hernandianos y poetas nos dirán más sobre el oriolano universal. No se nos olvide el soporte de Iberia y la CAM que hacen posible el sostenimiento económico del ciclo.

Pero volvamos a Alfonso Guerra y su conferencia inaugural. Tras la presentación del ciclo por Ana Mas, Presidenta de la 2m10, y la intervención de Antonia Moreno, Presidenta del PSPV-PSOE de Orihuela, que presentó a Alfonso Guerra con una ingeniosa carta dirigida a D. Miguel Hernández Gilabert, intervino Alfonso Guerra. Y no fue el Guerra, ya lo hemos dicho, del "dales caña, Alfonso", tampoco el Guerra forense de la división de poderes –"Montesquieu ha muerto"–, ni el Guerra fotógrafo disciplinario –"El que se mueve no sale en la foto"–, ni el Guerra cirujano estético de España –"A España no la va a conocer ni la madre que la parió"–, ni siquiera el Guerra uno, pero sólo uno y no dos, del dos por uno filipino; no. El Guerra que nos vino fue el de la librería Antonio Machado de Sevilla, el poeta, director de teatro y promotor de revistas literarias ("El Palaustre", "La Trinchera", "El Bardo"...) para hablarnos de literaturas y para deleitarnos haciendo, del discurso, literatura.

Encontrar a quien hace unos veintiocho años sedujo nuestra alma política para quebrárnosla demasiado pronto, porque todo fue demasiado pronto, resultó entrañable al sentir que quien nos habló, hablándonos de Miguel Hernández, y por tanto hablándonos de mucha poesía, restañaba al mismo tiempo nuestro dolor personal. Y que si nos traía al poeta, también nos trajo a quien, hablándonos del poeta, recuperábamos en la querencia pretérita. Por ello también me siento curado en algunas heridas cuando escribo sobre Alfonso Guerra. ¡Qué lástima que la política nos aleje tanto a las personas que hacen la política! El caso es que Cándido, hablándonos de Guerra, nos lo había advertido en "La sangre de la rosa", una obra redactada con cierto dolor de desencanto: "En contra de cuanto sugieren los libros que se han escrito sobre él, tratándole como una persona aciaga, creo que es un hombre de delicadezas, o por lo menos ésa es mi experiencia".

También yo, desde mi experiencia, ahora lo creo. De delicadezas.

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