El Volapié

Una juanpedrada

Emulando burdamente al genial Luis Piedrahita, una juanpedrada dícese de la corrida de toros que sólo sirve para que media docena de sujetos se llenen los bolsillos a costa de veinte mil incautos abusando de la tauromaquia.
Desde el debido respeto que quiero manifestar por Juan Pedro Domecq padre –que en paz descanse– y del hijo, toda la película esa que han vendido sobre sus toros artistas, es una milonga que sólo sirve para hacer negocio malversando la fiesta de los toros.

No me gusta que el Presidente venga a llamarme valenciano en mi cara en vez de agilizar los pagos pendientes, ni que el Gobierno ralentice al máximo la ILP sin mediar explicación alguna, como tampoco me gusta que a consecuencia de mis pareceres me retiren el saludo sus simpatizantes menos agraciados, y no me gusta que vayas a los toros con minifalda. Pero a decir verdad, las palabras vanas se las lleva el viento, aunque tarde la Generalitat acabará pagando, la ILP se aprobará, los resentidos volverán a saludarme cuando se les pase el berrinche y seguiré enloqueciendo mirando a las primeras filas del tendido desde el callejón, pero que haya ganaderos que lleven a las plazas de toros a lidiar jumentos con cuernos, que las figuras los pidan y que los públicos paguen por ello, será letal para la Fiesta.

Esto está montado de este modo, mas si no lo cambiamos nos veremos en un callejón sin salida, en un punto sin retorno para la Tauromaquia del que ningún lobby antitaurino tendrá la culpa, así que no busquemos enemigos donde no los hay porque el enemigo está encamado.

El pasado jueves pudimos ver en Madrid un solemne ejemplo de lo que trato de exponer: Tres toreros de relumbrón, aniversario de la muerte de Joselito con minuto de silencio incluido, toros de Juan Pedro Domecq, el centro de la feria madrileña sin hazañas destacables hasta el momento y todo girando con viento favorable para montar una parodia taurina llenando la plaza de glamour.

El éxito sólo fue económico en tarde de no hay billetes y el fracaso fue absoluto en los demás aspectos, los esenciales de una corrida de toros. La corrida tuvo apariencia de novillada aunque los animalitos no resultaron cómplices en la verbena dada su falta de trapío, de fuerza, de casta y de clase.

Al final tendremos que dar la razón a los antitaurinos verdaderos, a los que les duele ver cómo le administran un puyazo al corderito de Norit, pues esta es la pinta de los toros de Juan Pedro Domecq, que no debe de volver a Madrid por su propio bien.

Sobran plazas por los pueblos para ofrecer espectáculos mermados y mediocres, pero la plaza más importante del mundo merece y debe exigir siempre unas corridas en su integridad, independientemente del posterior juego del ganado, pero la presencia del toro debe ser imponente y causar pavor en lugar de compasión, porque cada vez que sucede esto estamos más cerca del final.

Luego le echaremos la culpa al cha-cha-cha.

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