De recuerdos y lunas

Viajar sin alma

Hay gente que viaja sin alma. No sé si siempre. Pero hay gente que cuando te cuenta su viaje descubres que no ha viajado, que sólo se ha transportado y que el lugar en el que dice haber estado no coincide en nada con el mismo lugar en el que tú estuviste porque nada concuerda entre su impresión y la que a ti te quedó. No sé si así ha sido con Almudena Grandes cuando dice que estuvo en Collioure porque donde ella dice que estuvo no es ni mucho menos donde estuve yo con mi familia un veintidós de julio de dos mil seis.

La escritora ha publicado en El País (23.02.2009) que el cementerio de Collioure le pareció espantoso y la tumba de Machado "una tumba pequeña, indigna, pobre, ajena, insignificante y sobre todo fría, muy fría". Tras el derroche de adjetivos denuncia que para el Ayuntamiento de Collioure "Machado representa una estupenda fuente de ingresos." Y contra esto se rebela afirmando que nunca volverá a gastar un céntimo en la ciudad. También reprocha a los españoles, metiéndonos a todos en el mismo saco, que los que allí llegamos por autopista no percibimos que estando en Collioure estamos cerca de las playas "donde los franceses encerraron, como si fueran ganado, a los soldados del Ejército Popular de la República". Por lo visto a ella sólo le cabe la delicadeza de sentir la tragedia del exilio. A los demás no. Los demás viajamos ajenos a todo contexto, desmemoriados e indolentes. Por cierto, en los campos de concentración –Argelès-sur-Mer, Saint Cyprien, Barcarès, en el propio castillo de Collioure...– no sólo hubo soldados del Ejército Popular.

¡Qué sabrá Almudena Grandes de mi viaje a Collioure! Fue un capricho personal que obligó a mi familia porque camino de París en el mes de julio lo sensato hubiera sido subir por Irún, huyendo de las carreteras y autopistas del Mediterráneo colapsadas por veraneantes y emigrantes de retorno. Pero yo quería conocer los pasos de Machado y de tantos españoles exiliados.

En Collioure pasamos un día entrañable. Llegamos antes de comer y visitamos la tumba del poeta donde también yace su madre que murió tres días más tarde que el hijo. En la tumba había flores, placas, cuadros, arenas de las Españas y una bandera republicana de la Joventut Socialista de Catalunya, de Barcelona. Entre los exvotos también había un presente de la Escuela Vedruna de las Carmelitas de Palamós. Rezamos versos. Luego, callejeamos por la ciudad alimentando el espíritu por aquellos espacios por donde discurrió un Machado abatido. Y buscamos un lugar donde comer. Tuvimos mucha suerte porque en un parque arbolado había una feria agrícola. Era un día caluroso y allí nos sentamos. Una pequeña orquesta amenizaba la feria con música popular: Acordeón, saxofón, un contrabajo de luthier fabricado con una gran lata... Después acudimos a un café para tomar unos helados y aún nos sobró tiempo para volver a pasear, por el pequeño puerto y playa.

En el cementerio no sé lo que esperaba Grandes encontrar para un poeta que nos advirtió que en su último viaje le veríamos marchar "ligero de equipaje, / casi desnudo, como los hijos de la mar". Michel Moly, Alcalde de Collioure, ha contestado a la escritora (El País, 3.03.2009) recordándole que la sepultura "es el resultado de una suscripción popular que se realizó en 1957 bajo el impulso de Pablo Casals y del Comité Antonio Machado de Collioure", bajo un espíritu de modestia "que ennoblece el gesto y engrandece el símbolo". Pero a Almudena el símbolo parécele pequeño, indigno... Suele pasar cuando se viaja sin alma.

(Votos: 0 Promedio: 0)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba