Apaga y vámonos

¿Y lo que importa, qué?

Finalizado ya el combate por la dirección del Partido Popular de Villena, y con los concejales díscolos en retirada, más preocupados por su futuro laboral que por los destinos del Muy Ilustre, en el que poco les queda por hacer a no ser que se líen la manta a la cabeza del todo y copien el Modelo Benidorm, no estaría de más que alguien recordara que, a los ciudadanos que no somos del PP, el circo que hemos vivido últimamente ni fu, ni fa, porque lo que nos importa es cómo se gestiona el ayuntamiento, y el Muy Ilustre, me perdonen la expresión, se ha convertido estos últimos meses en un manicomio, por no decir algo peor.
En tales circunstancias, inhibido de sus funciones el equipo de gobierno, uno espera que salte la oposición a poner orden y recordar –ganando puntos ante el electorado– qué es lo importante, pero por lo visto la demagogia cotiza al alza entre la cada vez más inefable clase política. Sólo así se entiende que en lugar de denunciar el desgobierno de nuestro ayuntamiento, nos hayamos tirado toda la semana discutiendo a cuenta de la escolarización de una criatura. Sobre el particular, sólo se me ocurre decir que ignoro si lo denunciado es cierto o no, pero lo que sí sé a ciencia cierta es que el mercadeo de plazas, el enchufismo y el sálvese quien pueda –representado por trampas como el empadronamiento donde no toca vía alquiler de algún pisito durante unos meses– es lo común en estos casos, y si se lo permitimos a aparadoras, comerciantes, ingenieros y parados, no veo a qué tanto escándalo si lo hace una concejal. Si con la que está cayendo esto es todo lo que ha encontrado la oposición para ejercer su labor, que el Señor nos pille confesados.

Porque insisto, tiene guasa que ésta haya sido la noticia de la semana mientras que los funcionarios municipales están hartos y bramando por las esquinas de la Casa Grande porque tienen proyectos listos para ser firmados, aprobados o puestos en marcha y no se puede hacer nada porque no se sabe quién los tiene que firmar, ya que siguen esperando algún Decreto de la alcaldesa donde se explique qué competencias tiene cada concejal, quién sigue siendo edil con responsabilidades de gobierno y quién no. Porque resulta que hasta no hace tanto, cuando existía un gobierno real en nuestro ayuntamiento fuera cual fuera su signo político, los concejales se encargaban de reunirse con los funcionarios de los departamentos a su cargo para intentar coordinar la “operación salida” vacacional, a fin de que el trabajo se resintiera lo menos posible durante los meses estivales y no hubiera sorpresas de última hora, pero este año, visto lo visto, los funcionarios han entonado el “maricón el último” y la desbandada ha sido general, con lo que ello supone en cuanto al retraso en todo tipo de tramitaciones y gestiones administrativas.

Todo esto que les cuento arriba, apenas la punta del iceberg de un ayuntamiento que navega a la deriva desde hace meses, es lo que a mí como ciudadano me importa y me cabrea. Que unos padres se busquen la vida, como cualquier hijo de vecino (demostrable, en muchos casos, con nombres y apellidos) para apuntar a su hijo a un colegio es algo que me trae al fresco, porque eso no va a conseguir que ni yo ni mis vecinos vivamos mejor, por mucho que algunos se piensen que los villeneros disfrutamos con un “espectáculo” político que hace ya mucho tiempo que dejó de tener la más mínima gracia.

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