Abandonad toda esperanza

Como si nos hubiera parido

Abandonad toda esperanza, salmo 23º
Nadie podía adivinar, cuando empezó a emitirse en 1991, que uno de los programas más exitosos y longevos de la televisión en España iba a ser una serie de animación norteamericana, protagonizada por una familia de antropomorfos amarillos, que se iba a regodear, desnudándonos sin tapujos, en las grandezas y miserias (más en lo segundo que en lo primero, para qué nos vamos a engañar) de la civilización occidental contemporánea. Pero los índices de audiencia no mienten, y ahí están Los Simpson, emitiéndose a diario tanto en la pública como en la digital, mientras alternan nuevos episodios con otros repetidos hasta la saciedad, y que en muchas ocasiones, en lugar de agotar la paciencia del espectador, consiguen que vuelva a reengancharse a los mismos.

La culpa de todo la tiene Matt Groening. Este nativo de Oregon es el creador de Los Simpson, producción de la cadena Fox que debería demostrar de una vez por todas que la animación (o el cómic, o la caricatura, o cualquier otro arte ilustrado) no es un género, sino un medio, y que no siempre es apto para todas las edades. Pero en este país, las desventuras de la familia Simpson siguen emitiéndose en la sobremesa, dentro de la franja del horario infantil, y no en prime time, como sucede en Estados Unidos. Supongo que los programadores de Antena 3 les comprarán a sus hijos las películas de Mario Salieri en DVD, o les darán obras de Milo Manara cuando aquellos les pidan un tebeo.

En su creación más famosa, Groening demuestra conocernos como si nos hubiera parido, y es ésta una capacidad de observación del mundo que le rodea que permanecería intacta en su siguiente creación, Futurama, por más que las situaciones en las que Fry, Bender y compañía se ven inmersos se desarrollen en un marco propio de la ciencia ficción futurista.

Ahora podemos comprobar que la crítica mordaz que demuestra en la pequeña pantalla ya estaba muy presente en sus primeras creaciones: de la tira cómica Life is hell, que permanecía hasta la fecha prácticamente inédita aquí (salvo lo publicado en un suplemento de tirada nacional hace unos años), se edita ahora un primer volumen, El amor es el infierno, que en apenas 48 páginas resume de forma pasmosamente lúcida y brutal las relaciones sentimentales.

Hace algunas semanas, desde este estrado, pedíamos un Nobel de Literatura para Woody Allen. Si algún día se crea un Nobel del Ingenio, Groening sería el candidato perfecto: pese a su brevedad, muchos gags de sus creaciones (con Homer Simpson a la cabeza) demuestran más lucidez e inteligencia que la mayoría de largometrajes de la cartelera actual. Del resto de la parrilla televisiva, mejor ni hablamos.

Los Simpson y Futurama están editadas en DVD por Fox España; El amor es el infierno está publicado por Astiberri (2006).

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