Cartas al Director

Crónicas de la pandemia X

Ahora es el tiempo de “El Puerto Seco” y “Los Huertos Solares”, dos grandes promesas que nos calientan el alma y nos ilusionan como colectividad

Hay cosas que parece que vayan a suceder, pero nunca suceden. Espejismos. Cuentos de viejas sobradamente conocidos por todos que, de vez en vez, necesitamos repetir alrededor de una lumbre para mantener la esperanza en la probabilidad de los finales felices. Leyendas ancestrales que regresan para distraernos en tiempos de revueltas, de dificultades o, simplemente, de hastío.

Periódicamente algún científico maletilla proclama un apocalipsis, un sabio autodidacta descubre el elixir de la vida eterna, un coach -que no entrena- anuncia una catarsis legendaria, o el vidente del parche en el ojo anuncia la venida del reino del maligno. Al final todo queda en columnas de humo que siempre se dispersan con el transcurrir de los días, iguales todos, y desaparecen por completo en las colas en los bancos, las duchas tibias de todas las mañanas y el olor a cocido en los patios de luces de los edificios donde viajan hacia su reencuentro con la tierra la personas humildes.

Franco fue un dictador fascista, de esos que según Ayuso están en el lado bueno de la historia, Caudillo de España por la gracia de Dios durante cuarenta años, según él mismo se encargaba de recordarnos en las inscripciones conmemorativas de todas las infamias que inauguraba (que no fueron pocas). En tiempos de Franco y de toda su banda de criminales, ladrones y cómplices, cuando el régimen tenía algún problema, aquél señor de bigotito recortado y toneladas de mala leche comprimida en su cuerpo diminuto, siempre tenía alguna cinta que cortar. Lo veíamos en el NODO(1) (antes de que comenzaran las películas de todos los cines de la patria) pronunciando con su voz de vicetiple la famosa frase “queda inaugurado este pantano”. Como con los pantanos no era suficiente para entretener el hambre y la mala vida de la gente, de vez en cuando se escapaba El Lute(2) y lo volvían a capturar días más tarde en una arriesgada operación de la guardia civil o el gobierno de la dictadura amenazaba a la Gran Bretaña con enfadarse mucho si no nos devolvían Gibraltar.

…Ya ves tú en el jardín que ando pisando… Si yo lo que yo quería era hablar de esas cosas que se anuncian en los pueblos cuando aburren las obras del alcantarillado y la fibra óptica y los cambios de farolas del alumbrado público; de esas novedades que traen las páginas y las voces de los medios locales cuando empezamos a confundir el vomitivo olor de los vertederos con el del Chanel número 5 o nos acostumbramos a que los concejales de kultura cometan a menudo algunas faltillas de ortografía al escribir o al hablar. Quería referir esas grandes noticias que nos hacen olvidar el eterno problema de los jardinessuciosmalcuidadosyfeos (esas balas de fogueo que disparan los que no tienen mando sobre los que lo tienen cuando el único proyecto es el de alcanzar el poder y luego ya veremos).

Quería hablar de eso. Y mira tú por dónde he terminado hablando del franquismo como todos esos rojos que se empeñan en mirar hacia atrás y no dejan que las personas normales se dediquen a vivir despreocupadamente sin que nadie les recuerde a diario que, en la España del frío y la miseria de la dictadura, sus abuelos tuvieron que comer gachas más veces de lo que les hubiera gustado.

Así que vayamos al grano. Todo esto venía a colación de esas noticias que, como el cauce del Guadiana, aparecen y desaparecen y que hacen referencia a grandes proyectos para nuestra ciudad. Un par de ejemplos: ¿Quién no recuerda todas las veces en las que se nos ha escapado la instalación de grandes factorías que prometían puestos de trabajo y riqueza? ¿Cuántas veces hemos estado a punto de soterrar las vías del ferrocarril mientras el pueblo crecía y despreciábamos la posibilidad, más realista, de pasos elevados o subterráneos?



Ahora es el tiempo de “El Puerto Seco”. El tiempo de “Los Huertos Solares”. Estas son las dos grandes promesas que nos calientan el alma y nos ilusionan como colectividad porque dice la autoridad que el futuro pasa por aprovechar estas dos oportunidades. Nadie sabe a ciencia cierta cómo se traduciría en número de empleos el famoso puerto ni parece que se haya pensado que, a lo mejor, se debería revisar el modelo de estas grandes infraestructuras pensadas fundamentalmente para el transporte por carretera. Tampoco parece tan grande el beneficio económico que dejarán los huertos solares en la arcas del ayuntamiento a cambio de establecerse en el término municipal y aprovechar el sol –que no tiene propietario conocido– para vendernos luego la energía producida al precio que les dé la gana. Esto por no hablar del coste ecológico, ni de la necesidad de impulsar el autoconsumo y subvencionar desde las administraciones públicas la instalación de paneles solares en las viviendas.

Veremos que son capaces de hacer los guionistas con estos nuevos cuentos. Por el bien de todos, sería deseable que, acaben como acaben estas dos historias, esta vez tuvieran un final cierto y que cuando este se produzca, no nos deje con esa sensación de que o nos hemos perdido algo o es que están preparando una nueva temporada.

A lo mejor alguien echa de menos el asunto cansino de lo de mi comunidad de vecinos y el dinero que el ayuntamiento nos tenía que devolver en concepto de bonificación en el permiso de obras de la instalación del ascensor. Pues ya lo han devuelto. Apenas han tardado 350 días. ¿Felices? Hombre, si pensamos en lo que está durando y en las consecuencias de la pandemia…



…Bueno, pues aprovechando que ya han pasado casi seis semanas desde que me pusieron la primera dosis de la vacuna y he recobrado el control de mi cerebro –que perdí temporalmente por culpa del chip que nos implantan para manejarnos– deseo hacer el libérrimo anuncio de que esta será la última entrega de las “Crónicas de la Pandemia” que han pretendido tener la edificante intención de entretener al personal y jamás han buscado agraviar a ninguna institución, animal doméstico o persona humana. De manera que ha de quedar claro que si alguien se hubiese sentido ofendido no sería por culpa mía, sino suya, y él sabrá por qué.

Salud y felicidad, queridas y queridos lectores.

Notas 1 y 2: Los que no sepan lo que era el NODO y quién era El Lute, es porque son lo suficientemente jóvenes como para ignorarlo y tener un ordenador, tablet o móvil donde hacer una búsqueda en Google.

Por: Felipe Navarro

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