Abandonad toda esperanza

Cuestión de impronta

Abandonad toda esperanza, salmo 773º

Que en estos tiempos en los que el grueso de la producción cinematográfica de Hollywood (y de otras latitudes también, para qué vamos a decir lo contrario) es cada vez más impersonal, y -tal y como han denunciado Coppola, Scorsese y otros militantes de la vieja guardia- muchas películas se nos antojan prácticamente intercambiables unas con otras, es muy de agradecer que todavía queden realizadores capaces de imprimir su sello incluso en filmes de presupuesto holgado. Este es sin duda el caso de Robert Eggers, uno de los cineastas más prometedores de entre los que todavía no han cumplido los cuarenta años, y que hasta la fecha ha realizado tres largometrajes basados todos ellos en guiones propios y originales por más que tengan alguna que otra inspiración confesa.

En “La bruja”, Robert Eggers nos descubrió a la turbadora Anya Taylor-Joy

A Eggers lo descubrimos a mediados de la década pasada con su sorprendente primer largometraje: La bruja era un cuento de terror ambientado en la Nueva Inglaterra del siglo XVII que todavía hoy me parece su mejor película y uno de los más sobresalientes filmes de terror de lo que llevamos de milenio; un relato a medio camino entre el costumbrismo y lo sobrenatural, y que además de descubrirnos a la fascinante Anya Taylor-Joy -actriz que también debutaba en la pantalla grande y que pronto pasaría a trabajar con Shyamalan y a encarnar a un personaje de los cómics Marvel-, también nos puso sobre la pista de un autor con todas las letras. Esta percepción se confirmaría poco después con El faro, una cinta todavía más arriesgada que la anterior (que ya es decir) por más que contase con dos intérpretes de renombre como Willem Dafoe y el ascendente Robert Pattinson al frente del reparto, un reparto limitadísimo al tratarse de una pequeña pieza de cámara rodada en blanco y negro (!) con ecos de la literatura de Edgar Allan Poe y susceptible de diversas interpretaciones a posteriori.

Willem Dafoe y Robert Pattinson ofrecen un duelo interpretativo memorable en “El faro”

Pero para demostrar que se posee una cierta personalidad, nada como ser capaz de mantenerla y dejarla bien patente en una producción de mayor empaque: este es el caso de la reciente El hombre del norte, adaptación de la leyenda escandinava en la que William Shakespeare se basó para escribir su célebre Hamlet, y que ha sufrido un proceso de producción donde no han faltado tiranteces varias entre el director y los que ponen el dinero... incluyendo la reducción del metraje al eliminar las escenas más violentas o escabrosas. No obstante, el resultado que ha llegado a los cines mantiene la impronta de Eggers. Y es que estamos ante un relato que en ningún momento trata de engañar al espectador y prometer lo que no es: la ostentosa voz en off que da comienzo a la historia tiene el eco de los mitos de tradición oral, y pone de manifiesto el fatum que define a los personajes al revelar que la venganza que sirve de epicentro a la trama se cumplirá finalmente. A su vez, este relato de estructura, cronológica e ideológica, sencilla se acaba materializando en un espectáculo visual de primer orden que, como en La bruja, recrea una época pasada con una voluntad de veracidad que roza lo patológico (al más puro estilo de Visconti, para entendernos); pero que a pesar de ello, y también como sucedía en aquella, deja la puerta abierta de par en par a una lectura puramente fantastique.

Ethan Hawke y Nicole Kidman encarnan a los padres del protagonista de “El hombre del norte”

En cuanto al reparto, Alexander Skarsgard cumple con creces con el cometido de dar vida al protagonista, un príncipe reconvertido en guerrero vikingo de una fisicidad aplastante, y que aquí cuenta con la complicidad de una reincidente Anya Taylor-Joy en el mejor momento de su carrera. Pero esta vez son los actores más veteranos quienes se quedan con lo mejor de la función: me refiero a un carismático Ethan Hawke (ahora mismo presente en la serie Caballero Luna), un soberbio Claes Bang (lo recordarán como protagonista de la Palma de Oro The Square y como el Drácula de Netflix) y muy especialmente una espectacular Nicole Kidman (de quien no hará falta que les diga de qué les puede sonar, imagino) que no necesita más que una secuencia de apenas unos minutos para robar toda la película. Porque, por otro lado, lo de Willem Dafoe (otro que repite) y la cantante Björk no pasan de ser meros cameos.

Benedict Cumberbatch vuelve a ponerse la capa del Doctor Strange una vez más

Y ya que hablamos de cameos, hablemos de la nueva película de Marvel Studios, que -marca de la casa- basó precisamente buena parte de la campaña de promoción -por no hablar de la labor que lleva a cabo el ansioso fandom, que como siempre ha acabado trabajando gratis- en la posibilidad de repetir la jugada de Spider-Man: No Way Home y traer a la palestra versiones alternativas de algunos de sus personajes provenientes de universos paralelos (esto es, de producciones ajenas realizadas años atrás). Finalmente, Doctor Strange en el multiverso de la locura ha tenido bastante menos fan service del que muchos esperaban, por más que no falten algunas apariciones especiales y guiños más orientados al futuro de la franquicia que a tiempos pretéritos... Elementos que, al contrario de lo que vienen haciendo muchos críticos, profesionales y arribistas, desde el púlpito de diversas publicaciones y páginas web, me guardaré mucho de revelar aquí.

La nueva entrega de Marvel Studios hace gala de una gran inventiva visual por parte de su realizador, Sam Raimi

Esta nueva aventura protagonizada por el hechicero del Universo Marvel al que vuelve a dar vida un impecable Benedict Cumberbatch (que, aunque en otro registro, aquí está tan bien como en su oscarizable labor en El poder del perro) ha supuesto el regreso al redil de Sam Raimi, a quien -gracias a su trilogía de principios de siglo protagonizada por Spiderman (y, también, al apócrifo Darkman)- le debemos tanto o más que a Richard Donner y Tim Burton que el cine de superhéroes de hoy sea como es. Raimi no es de mis cineastas favoritos, pero una vez vista su nueva película he de reconocer que su contrato por parte de Marvel es lo mejor que podría haberle pasado al personaje y al concepto de “multiverso” que la productora viene desarrollando desde hace unas cuantas películas y series de televisión. Y es que el realizador de Posesión infernal ha puesto al servicio de un trabajo que en principio no dejaba de ser un encargo más su indudable talento a la hora de construir relatos cinegéticos que apuestan por el espectáculo visual y su querencia por estilemas más propios del cine de terror, que lo mismo recuerdan a trabajos propios (como la trilogía protagonizada por Bruce Campbell, que aquí realiza una vez más una divertida y autoparódica aparición especial, o la desatada Arrástrame al infierno) como a otros ajenos (con guiños tanto al cine de zombis a lo Romero como al J-Horror de Hideo Nakata y compañía).

Elizabeth Olsen cuenta en su haber con los mejores momentos y diálogos de la nueva producción de Marvel

Para ello no solo ha contado con el citado Cumberbatch, sino con una Elizabeth Olsen absolutamente arrebatadora que con su rol de Bruja Escarlata se queda con los mejores diálogos y planos del film; y que, y ahora sí resulta inevitable caer en el terreno del spoiler, pasa de ser una superheroína más a convertirse en una terrible amenaza que ríanse ustedes de Loki, Ultrón, Thanos y el resto de supervillanos que la precedieron. Y todo por un motivo tan sencillo en su planteamiento como complejo en el fondo como es el de -sin entrar en más detalles- querer ser feliz. Motivo este que también mueve al personaje protagonista y a algunas de sus versiones alternativas (porque aquí llegamos a contar hasta cuatro o cinco doctores Strange diferentes), lo que confiere al relato un sentido especular muy clásico. Tan clásico como el uso de ciertos símbolos y metáforas visuales que no por vistos mil veces resultan menos funcionales; más bien todo lo contrario. Con estos mimbres, que incluyen también un soberbio uso del plano sonoro (tanto los efectos de sonido como la partitura de un Danny Elfman felizmente recuperado para el género), Doctor Strange y el multiverso de la locura (¿puede acaso un título ser más gozosamente pulp que este?) funciona a la perfección como un capítulo más de este Gran Relato que es el UCM, pero también como un film con entidad propia, decididamente fantástico, y con una inventiva visual arrolladora que sin duda le debemos a Sam Raimi. Otro que, guste más o menos, sabe dejar su impronta.

 

El hombre del norte y Doctor Strange en el multiverso de la locura se proyectan en cines de toda España.

(Votos: 4 Promedio: 5)

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