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El emprendimiento en tiempos de crisis

El emprendimiento en el mercado español goza de buena salud. La tasa de actividad emprendedora (TEA, por sus siglas en inglés), el índice que mide las iniciativas con menos de 3,5 años de vida en el mercado, ha aumentado desde el 5,2% en 2016 a un 6,1% en la actualidad, acercándose así a cifras anteriores a la crisis de 2008 (7,6% en 2007), según datos del Informe Global Entrepreneurship Monitor (GEM) 2019-2020 realizado por la Asociación RED Gem España, el Centro Internacional Santander Emprendimiento (CISE), la Empresa Nacional de Innovación (Enisa), el Banco Santander y la Fundación Rafael del Pino. A pesar de estos resultados, España se posiciona por debajo de la media de las economías de la Unión Europea en lo que respecta a la tasa de actividad emprendedora (9,6%).

La pandemia global de Covid-19 ha tenido un fuerte impacto en el ecosistema emprendedor español. En los primeros 50 días de confinamiento, el 40% de las empresas se vieron obligadas a cerrar de modo temporal y tan sólo el 10% siguieron con su operatividad, según los datos del informe Situación del emprendimiento en España ante la crisis del COVID-19 presentado por el Observatorio del Emprendimiento de España (Red GEM España). La etapa post Covid-19 genera incertidumbre en el ecosistema emprendedor, pero los emprendedores son ahora más imprescindibles que nunca para la economía española. Por este motivo, 2020 es un buen año para montar una empresa en España, ya que la pandemia de coronavirus ha generado nuevas oportunidades para emprender o crear nuevas líneas de negocio.

Al igual que los periodos de expansión económica generan nuevas oportunidades de inversión, en tiempos de crisis también se dan estas oportunidades para emprender. En este tipo de situaciones extraordinarias, los modelos de negocio y los hábitos de consumo cambian por factores externos ajenos a las empresas. Esto requiere una inversión por parte de las empresas para adaptarse a las nuevas circunstancias, por lo que inevitablemente disminuye la efectividad de la actividad comercial y la competencia. De esta forma, los proyectos que comienzan el camino en estos tiempos de incertidumbre consiguen una mayor robustez, competitividad y eficiencia cuando llega la etapa de expansión económica.

Los emprendedores tienen la capacidad de ver oportunidades donde los demás ven problemas. Por eso, cuando tienen una idea o detectan una oportunidad en el mercado, deciden hacerla realidad, sean cuales sean las circunstancias. Hay veces que el tipo de negocio o la idea que quiere desarrollar el emprendedor encaja perfectamente en la coyuntura presente, especialmente porque surgen nuevas necesidades que se convierten en una oportunidad única para los emprendedores, mientras que otras veces la idea es tan innovadora que no depende de la situación económica del país.

En cualquier caso, las empresas de nueva creación tienen la capacidad de adaptarse rápidamente a los cambios, ya que tienen una infraestructura más pequeña. Una flexibilidad que se convierten en una de las claves para emprender en tiempos de crisis. Al fin y al cabo, sobrevive el que tiene mayor capacidad de adaptación.




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