Saber es acordarse

El tiempo pasa…

“Y el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos, vamos viviendo, viendo las horas que van muriendo, las viejas discusiones van perdiendo entre las razones, decimos a todo que sí y a nada decimos que no, para poder construir la terrible armonía que pone viejos los corazones” (Pablo Milanés).
No es fácil de llevar esta etapa de la vida, en la que nos vamos poniendo viejos y nos falta comprensión con nuestros mayores, debemos mirar para atrás y valorar todo aquello que han hecho en esta vida y hacerles ver que vamos a estar ahí con ellos, que vamos a entenderlos, a tener paciencia y comprensión, a devolverles parte de esa vida que han dedicado por y para nosotros, debemos de hablar con ellos y decirles lo que ellos nos están pidiendo.

Decidles que: No se preocupen cuando se pongan viejos. Tendré paciencia y comprensión, si te olvidas de atarte los zapatos o te derramas comida sobre tu vestido, me acordaré de las horas que pasaste enseñándome a hacer las mismas cosas, al igual que cuando conversemos si repites y repites las mismas palabras no te interrumpiré y te escucharé, me acordaré de cuando era pequeño y para que me durmiera me tuviste que contar el mismo cuento miles de veces.

Decidles que: Cuando te vea ignorante frente a los avances tecnológicos que no llegarás a entender, te daré todo el tiempo que sea necesario, me acordaré que fuiste tú quién me enseñó tantas cosas, comer, vestirme y la educación que me diste para enfrentarme a la vida, recordaré que son producto de tu esfuerzo y perseverancia por mí, y cuando en algún tiempo mientras conversamos te llegues a olvidar de qué estamos hablando, te daré todo el tiempo que sea necesario hasta que tú recuerdes, y si no puedes hacerlo no te preocupes; tal vez no será importante lo que esté hablando, te escucharé con toda la atención que pueda en ese momento.

Decidles que: Si alguna vez no quieres comer, no te insistiré, sabré cuando puedes y cuanto no debes, también comprenderé que con el tiempo tus dientes ya no están para morder ni tu gusto para sentir, recordaré los momentos que me perseguías y los mil pretextos que te inventabas para hacerme más agradable la vida, aceptaré que tú ahora eres el niño aquel, y cuando te fallen tus piernas por estar cansadas de andar te daré mi mano para que te apoyes como tú lo hiciste conmigo cuando comencé a caminar con mis débiles piernas.

Decidles que: Cuando algún día te oiga decir que ya no quieres vivir y sólo quieres morir, no me enfadaré, con el tiempo entenderé que esto no tiene que ver con tu cariño o cuánto me amaste, trataré de comprender que ya no vives sino que sobrevives, y eso no es vivir, sé que siempre has querido lo mejor para mí y has preparado los caminos que he recorrido a lo largo de la vida y pensaré que con el paso que te adelantas a dar, estarás construyendo para mí otra ruta en otro tiempo pero siempre conmigo.

Y que: No me sentiré triste o impotente por verte así, te daré mi corazón, te comprenderé y apoyaré como tú lo hiciste cuando yo empecé a vivir. Y al igual que tú me has acompañado en mi sendero, ten por seguro que te acompañaré a terminar el tuyo, te daré amor y paciencia, y te devolveré gratitud y sonrisas con el inmenso amor que tienes por mí.

Porque el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos…

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