Vida de perros

Encubiertos

De nuevo vuelve a blanquearse el cielo. Y de nuevo tengo que tomar distancia para pensar si algunas de las decisiones que se toman en nuestra ciudad son simples detalles o si son hilos de los que estirar. Como el caso del pino del Pabellón Festero. Uno no sabe si se trata de un hecho que se resume en todas las explicaciones y motivos que escucha, o si en realidad se trata de un detalle que refleja el espíritu de quienes toman las decisiones en Villena.
Pero vayamos al pasado Pleno. Moción de Censura encubierta. Esa es la frase que tengo anotada. Frase del señor Valiente durante el pasado Pleno. Frase anecdótica si quieren, aunque yo veo cargada de impotencia, amargura, rabia y/o reconocimiento. La situación en la que la Sala sostiene al Grupo de Gobierno es catastrófica. Lo sitúa en peor situación que a la que llegaría jugando contra una Moción de Censura. Una moción real, con todo su protocolo y longitud, con su efecto altavoz que llega a primera plana, a los periódicos de mayor tirada. Tal y como está el panorama se aprovechan incluso estas disputas domésticas para justificar cualquier propuesta de carácter nacional. Porque el Grupo de Gobierno de Villena sufre una moción de censura encubierta por culpa del Pacto Anti-Transfuguismo.

Pero dejando esto aparte. Llama la atención el sentido del término “encubierto”. Me planteo que es un término poco apropiado para utilizar en el lenguaje político. También me planteo si el escenario de Mayoría Absoluta del que gozó el actual Equipo de Gobierno no nos llevó hacia una Imposición de la Propia Voluntad –por ser fino– Encubierta. Vamos, una dictadura encubierta. Quizás si siguiéramos ese camino nos encontraríamos con demasiados espacios vacíos dentro de nuestro sistema democrático. Pero no es el momento adecuado para hablar de eso. Yo preferiría hablar de otros orígenes, los de la convivencia. Como cuando la señora Lledó decidió con su Equipo de Gobierno retirar la cortesía que permitía al resto de grupos políticos asistir a las Juntas de Gobierno. Y claro que la ley lo permitía. Pero no tenía nada que ver con la Ley. Tenía que ver con la cortesía. La humildad a la que lleva pensar que somos personas que estamos muy cerca. Que vivimos en una ciudad todavía cercana. Personas con las que nos cruzamos cuando vamos a comprar, con las que coincidimos en un restaurante. Personas que pese a la postura encubierta que jugamos en nuestro oficio político nos miran de frente, muchas veces incapaces o indiferentes al juego encubierto. Pero siempre padeciendo la realidad de nuestra ciudad.

El pasado martes llegué tarde al trabajo por una bajada de barreras encubierta. La fila de coches inmóviles desde las vías hasta la Salvadora, en silencio, esperamos con paciencia que la circulación se reanudara.

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