Cartas al Director

Hace calor IV

La balada de los cajeros automáticos

Si alguno de los 6.666.666.666 habitantes de Raticulín descendiera a la Tierra en una de sus veloces naves intergalácticas y casualmente lo hiciera en la Corredera o en la calle Constitución de Villena, lo primero que haría al descender la escalerilla metálica de su Ovni sería echar mano a su micromóvil 10G y llamar a las fuerzas del orden locales para que organizasen un dispositivo que tuviera como finalidad evitar los multiatracos que intentaba perpetrar al unísono una banda organizada que, en ese mismo instante, se apostaba en las puertas de distintas entidades bancarias cuyos integrantes ocultaban su identidad tras unas extrañas máscaras de tela.

Después de superar los lógicos nervios de una situación tan violenta, no solo por la amenaza inminente de los robos, sino porque al sacar el celular 10G se moriría de repente más de la mitad de las personas que creen que el 5G es todavía más mortal que el 4G y que estuvieran en un radio inferior a diez metros del raticuliano… O sea, quiero decir, que cuando Stick (el raticuliano se llama así)… cuando Stick lograse acertar en su agenda de contactos con el número del sargento de la policía municipal de Villena, le tendría que explicar que venía de otra galaxia y estaba asistiendo a un espectáculo dantesco en el que más de 66 personas, armadas con extraños ingenios que echaban humo en las bocas de algunos y con carros de asalto portados por las bandidas de mayor edad, se aprestaban a irrumpir en los bancos de la ciudad con aviesas intenciones.

El pobre Stick se llevaría un buen chasco al oír en su auricular al jefe de los guardias partiéndose de risa.

—Oiga jefe, le estoy hablando en serio. Acabo de aparcar en la zona azul mi platillo volante y le aseguro que me he quedado corto en mi apreciación. ¡Son muchos más los asaltantes! Estarán cerca de 666 y se les nota cada vez más excitados! –diría Stick.

—¡Cálmese hombre, no pasa nada! –contestaría el jefe–. Es lo normal estos días. ¡Y lo que queda! Yo creo que eso va a ser así ya para siempre… ¿Y de dónde dice usted que viene?

—¡Pero cómo va a ser normal! ¡Si hay algunos que están diciendo que tendrían que empezar por quemar los cajeros automáticos… que así se solucionarían todos los problemas! Imagínese usted qué grado de barbarie. Pretenden que es más fácil entrar por los agujeros que quedarían en las paredes que por las puertas.

—¡Que no pasa nada! ¿Cómo me ha dicho usted que se llamaba?

—Stick. Me llamo Stick.

—Stick qué…

—¿Qué de qué?

—Sus apellidos. Todo el mundo tiene apellidos.

—Mire yo no sé de qué me está hablando. Pero déjese de burocracias y mande a sus hombres a reducir a los asaltantes.

—Ya está bien de gilipolleces… ¿Stick?... Esta conversación se está grabando y aquí no estamos para aguantar bromitas de nadie. Le vamos a identificar y le va a caer un puro que se va a cagar.

—¡Pero!... ¿La policía de la Tierra no hace nada para evitar los atracos a los bancos? Esto es increíble… en Raticulín ya estarían todos detenidos…

—Qué asaltos ni qué cojones. ¡Ya te tengo localizado! ¿Stick, me has dicho? ¡Mira me están entrando unas ganas de ir yo mismo y darte un par de hostias!

—¡Oiga!

—Chaval, toda esa buena gente se está cociendo los morros con las mascarillas del coronavirus porque están esperando a que puedan atenderles en su sucursal de toda la vida.

—¿Corona qué?

—Joder, marciano, una pandemia, que tenemos una pandemia y por eso van tapaditos, para no contagiarse.

—¿Y dice usted que están haciendo cola en su sucursal de toda la vida y que lo que hay dentro es su dinero?

—…Sííí… porque van a sacar su dinero o porque van a pagar

—¿Para pagar hacen cola?

—Pues claro.

—¿Y no sería más lógico que los que tienen que cobrar fueran a hacer cola a casa de los que tienen que pagar?

—Lo que tú digas.

—¿Y es verdad las noticias que llegan a mi planeta de que los bancos cobran a los clientes comisiones por guardarles su dinero?

—Por eso y por los servicios.

—¿Qué servicios? ¿Hacer cola es también un servicio? Porque si es un servicio será por lo que más paguen los terrícolas.

—Es que ahora no están funcionando a pleno rendimiento porque faltan muchos empleados. Dicen que con lo del COVID hay menos negocio.

—Entonces ¿esas colas en la calle, qué quieren decir?

—¡Pues yo que sé! Será algo así como… “Mirar idiotas, aunque todo lo que hay aquí es vuestro, al haberlo puesto en esta cajita, que es mía, yo os lo doy cuando me da la gana y encima me gratificáis por joderos y como no podéis pagar nada si no pasáis por mi oficina, tenéis que venir aquí a rendir pleitesía, a sudar en las colas y a perder el tiempo de vuestra mierda de vida”…No sé Stick… algo así como “Y no lo deis más vueltas porque mientras seamos nosotros los que tenemos la última palabra en la política y vuestros gobiernos permitan esta falsa competencia  en la que nos ponemos de acuerdo para que no encontréis un solo banco al que acudir en el que os oferten mejores condiciones, vais a estar chupándonos el culo por los siglos de los siglos” …¿Te he contestado lo suficientemente claro, Stick? Me has dicho que te llamabas Stick ¿no? ¿Y de dónde dices que venías?

—No se preocupe jefe. Ya me voy.

… Y Stick se subiría a su nave intergaláctica pensando que, sabiendo lo que ahora sabe, si los de las mascarillas se hubieran animado, él les habría echado una mano con sus cañones de rayos láser.

Por: Felipe Navarro




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