El Volapié

Igualdad y socarronería

Pude evitar que me arrollase el flujo ese de dinero que atraviesa España de punta a punta –según el ínclito Emilio Botín– y buscando buscando por la página web del M.I. Ayuntamiento de Villena, a la caza de las bases para las ayudas escolares y otras cosas interesantes, me di cuenta que esta herramienta se encuentra sin actualizar, salvo la carátula principal.
Muy bien argumentado en un decálogo, leo y compruebo en el perfil de la Concejalía de Igualdad, que en caso de que yo hubiese sido mujer el Ayuntamiento se encargaría de que mis posibilidades ante la vida hubieran sido las mismas que tengo como hombre, lo cual me tranquiliza. Sin embargo, no he tenido la fortuna de ser mujer sino más bien el desacato de nacer aficionado a los toros en la Muy Noble, Muy Leal y Fidelísima, donde se han prohibido las corridas de toros por la vía indirecta. Igual que Al Capone acabó entre rejas por evasión fiscal y no por sus crímenes, en Villena se han prohibido los toros por vía de la asfixia económica en vez de por ideales más o menos verdes, que no consideran que los aficionados a la Tauromaquia tengamos los mismos derechos que quienes practican el ciclismo, por ejemplo.

La diferencia en la elección de los medios empleados para lograr el fin de los toros en Villena modifica completamente la aceptación del disgusto ocasionado, por aquello de que no comparto los ideales del jefe de los Verdes pero estoy completamente de acuerdo en que los defienda hasta las últimas consecuencias.

Sin embargo el jefe de los Verdes también es alcalde de todos los villenenses y desde esa posición emplea argumentos socarrones para afirmar que las reformas que se van a realizar en la plaza no impedirán que se sigan celebrando corridas de toros o que esta decisión obedece a la petición popular de todos aquellos que querían un amplio calendario de actividades para el Monumento.

Lo que siento es que la jugada tiene perspectivas de salirles requetebien porque –una vez han tomado los Verdes el mando–, van a recuperar las adhesiones de sus simpatizantes al cien por cien, dejan sin posibilidades de que VCD pueda aspirar a ser votado de nuevo por quienes anteriormente les votaron al aire de su defensa de la corrida del día 7 –estos nunca fueron defensores de la tauromaquia–, y el PSOE, que normalmente sería un duro rival para los votos de izquierdas, también queda fuera de combate para las próximas elecciones, puesto que debe ser Izquierda Unida y los propios Verdes quienes recauden lo suyo.

En la otra punta del festín queda el Partido Popular –sólo o en compañía de UPyD–, en ambos casos con pocas posibilidades de gobernar, porque la obtención de una mayoría absoluta es siempre difícil y porque cualquier otra combinación dejará de nuevo la alcaldía en manos de quien la tiene, además con unas buenas lecciones bien aprendidas.

Y todavía le faltará el valor suficiente para llevar en el programa electoral la prohibición de un modo explícito.

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