Cartas al Director

La democracia

El proceso de primarias del Partido Socialista Catalán para elegir a Salvador Illa como candidato a la presidencia de la Generalitat de Cataluña ha sido impecable. ¿O no?

Y no me salgáis ahora con que debo ser uno de los pocos españoles que no quiere al ministro de Sanidad, porque en numerosas ocasiones he proclamado mi condición de “illista-leninista” y he mostrado mi respeto y mi aprecio personal por ese hombre tan mesurado y, posiblemente, eficiente.

Lo único que vengo a decir es que no parece correcto pensar que la pandemia lo condicione todo y que pueda afectar no solo a la salud de los individuos, sino que sus virus se extiendan también a la democracia. ¿Qué le hubiera costado al PSC hacer unas votaciones que seguramente hubiera ganado Illa? ¿Porqué, de repente, basta un abrazo de Iceta para que todo sea perfecto? ¿A qué se debe el silencio de la mayoría de los sesudos analistas políticos ante esta vuelta a la “digitalización” de los candidatos? ¿Qué ofrece el PSC de Illa distinto de lo que ofrecía el de Iceta? ¿Qué ha pasado con las nuevas maneras que llegaron a la política después del 15M?


Pues eso, que aprovechando que la pandemia pasa por nuestras vidas como el Pisuerga pasa por Valladolid, se suspende lo de la democracia interna, externa y medio pensionista y se acabaron las primarias e incluso puede que algunos se tengan que quedar sin votar como ya ha pasado en alguna elección autonómica. Se acabaron “las formas” que vienen a ser la imagen que se proyecta de “el fondo”.


No debe ser buena la política que se entiende como una carrera de caballos dentro de un hipódromo donde lo relevante no es la meta ni lo que nos espera en ella, porque el principio y el final siempre es el mismo. No deberíamos conformarnos únicamente con el espectáculo de las vueltas que son capaces de dar los caballos sin reventar, de los colorines de los trajes de quienes los montan y del tamaño de las pamelas de las señoras que se sientan en los palcos.


…A lo mejor me preguntáis a qué viene este exceso, tanto ruido por Illa (al que he reconocido tantas veces su nivel intelectual y su calidad humana) cuando los demás partidos seguro que lo hacen igual o peor…



…Y volveréis a preguntarme después si será bueno remover estas aguas para crear una corriente que, presumiblemente,  beneficiará a los que quieren romper España (cuando uno oye esto siempre piensa en el tamaño del martillo neumático y en el punto exacto por donde se comenzaría a hacer la perforación del suelo) y a los alegres muchachos de Vox.

A la primera cuestión responderé lo mismo que nos decían nuestras sabias madres cuando nos metíamos en algún “fregao” por imitar a los tontos o a los matones del pueblo: ¿es que porque todos se tiren por un barranco te vas a tirar tú también?

A la segunda, que lo que fortalece la unidad de los pueblos y la democracia no son las banderas ni los líderes, sino los salarios dignos, la sanidad, la educación, la vivienda asequible y la garantía de los servicios que nos igualan a [email protected]

Nota final: Una de las cosas buenas que tiene la democracia es que a las personas no las meten en la cárcel por sus ideas políticas.

Por: Felipe Navarro

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