De recuerdos y lunas

La panacea

Aquí todo el mundo tiene la solución para todos los males. ¿Que hay muchos accidentes de tráfico? ¡Solución!: Una asignatura: Educación Vial. ¿Que hay muchos embarazos inesperados? Otra asignatura: Educación Sexual. ¿Que hay maltrato? Otra más para la igualdad de los sexos. ¿Que hay racismo? Pues otra para eso de la interculturalidad. ¿Que hay anorexias y bulimias? Otra de educación para el comer con conocimiento. ¿Que hay violencia juvenil? Pues otra. La que sea. Y así estamos. Que uno ya no sabe cuándo van a empezar nuestras hijas a hacer sumas y restas llevando. Y a leer. Sobre todo a leer. Porque a este paso no va a quedar hueco para las Matemáticas, ni para la Historia, ni para la Filosofía, ni para las Naturales, ni para la Lengua y la Literatura.
Si hay una buena enseñanza de las asignaturas tradicionales, sobran las asignaturas monotemáticas y cataplasma de ahora. Es más, creo que uno de los problemas de la enseñanza actual, entre muchos, ha sido precisamente la disolución de las asignaturas troncales en áreas a veces imprecisas que, sin embargo, potencian lo parcial.

Si algo bueno tuvo la LOGSE, entre lo poco, fue el de recordarnos eso de la transversalidad. Digo recordarnos porque el profesorado, que siempre ha sido más inteligente y práctico que los legisladores sobre la cosa, de siempre ha sido transversal. Esto es, ha traído a las clases los vínculos de lo explicado con otros aspectos vitales y prácticos que preocupan al alumno y a la sociedad. No conozco profesor que no le hayan reprochado sus alumnos que lo que estaba explicando era de otra asignatura. En esa nefasta percepción de estanco que tienen los alumnos de las materias. Porque para ellos al de Matemáticas le habrían de importar un comino los acentos, como al de Geografía el que se hagan las gráficas circulares sin compás, porque el compás sólo es para Dibujo. La idea de ante un problema real de la sociedad vindicar una asignatura parche, yo no la veo como solución. Más nos vale insistir en lo de siempre, porque lo que importa es una buena formación, unos mimbres fundamentales en lo cultural y en lo ético. Lo que se nos pide en esas asignaturas de zurcido se soluciona con un buen trabajo en la explicación de las materias de siempre. Una buena Historia, una buena Filosofía, una buena Literatura, nos enseñan a ser tolerantes. Y unas buenas Ciencias Naturales, sanos. Y unas buenas Matemáticas, ágiles de pensamiento y justos. Estoy seguro. Quizás porque recuerdo bien a mis profesores y profesoras que, además de enseñarme conceptos, me enseñaron también a ser persona. Pero cierto es también otra cosa: En casa siempre nos enseñaron a tener un gran respeto para nuestros maestros. Nunca se les quitó la razón. Ahora, nos escupen los alumnos porque en las casas nos escupen los padres.

Creer que los problemas de hoy van a desaparecer o disminuir por incluir una asignatura en el currículum –ya de por sí disperso– es tan buena voluntad como manifiesta ingenuidad. Es normal –y saludable– que a nuestros dirigentes les preocupe lo del maltrato y lo del racismo y todo lo demás. Es saludable porque recoge lo que le inquieta y debe abominar a la sociedad. Pero es inmaduro el considerar que el remedio está sólo en el currículo escolar de nuestros alumnos. Sin una base cultural, sin un respaldo social a la Escuela, todo lo que enseñamos a nuestros alumnos cae en bolsillo con agujero. Y el trabajo educador de la mañana, lo socarran de inmediato en la parrilla televisiva de sobremesa. Y así estamos.

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