De recuerdos y lunas

La política perdida

Mientras las casas cuando llueve se nos inundan, mientras las calles cuando llueve son torrenteras porque las alcantarillas no sirven ni para el correr de las ratas, mientras cuando llueve por efecto de las aguas se nos descascarilla la ciudad, sus monumentos, en el pleno municipal de un Ayuntamiento de un pueblo cualquiera los partidos políticos mayoritarios en España se tiran los trastos a la cabeza al hilo, supongamos, de los Presupuestos Generales del Estado.

No digo yo que los Presupuestos Generales del Estado, tocándonos tanto el bolsillo como nos lo tocan, no nos importen; pero no veo que sea asunto de municipio teniendo encargados para ellos a altas instancias y solventes técnicos del Estado. Sin embargo, los grandes partidos políticos hace un tiempo que vienen convirtiendo en Cortes los plenos municipales, utilizándolos como correa de transmisión para sus propagandas. Así se marea la perdiz y así se descuida la casa.

Con el título "La política perdida" se publicó en España un interesante libro de Marco Revelli (Editorial Trotta, 2008) en el que analiza cómo la política moderna, la que podríamos acotar teóricamente desde "El príncipe" de Maquiavelo hasta Weber pasando por Hobbes y su "Leviatán", ésta que pretendía que los Estados protegieran a los individuos, a veces hasta sacrificando con intolerancia a los individuos, ha fenecido o está en crisis por motivo, entre otros aspectos, de la globalización y del propio aumento del poder de ciertas personas. La tesis da miedo porque no terminamos de identificar quién es quien nos domina. Pero nosotros, descendiendo de la aldea global que nos trae el libro de Revelli a la aldea local, queremos significar, acaso sólo tomando prestado el título, lo que venimos viendo desde hace tiempo para la política municipal, que si no está perdida entre la globalización y el aumento de poder de ciertos clanes, que parece que sí, en algunos casos está perdiéndose la atención a los ciudadanos por esa frecuencia en el traer asuntos de competencia superior para hacer manifiestos en los ámbitos locales, que las más de las veces, por no tener poder para ejecutarlos son meros brindis al sol. O ridículo, porque no pocas veces se habla sin saber de qué se habla. Hoy los presupuestos, ayer Educación para la Ciudadanía, Política Exterior y... Y otros asuntos supramunicipales. Como si las competencias locales no conocieran límite. Así en muchos ayuntamientos de España los alcaldes, alcaldesas, concejales y concejalas se entretienen en juegos de mayor, de ámbito mayor.

Si los concejales quieren manifiestos y opinión que utilicen para estos asuntos que trascienden lo local otros espacios para decir –si acaso piensan– lo que piensan. Sí, que nos hablen y debatan sobre estos temas que, preocupando a los ciudadanos no son de competencia municipal. Pero no en los plenos. Decía si acaso piensan porque cuando nos traen lo extralocal, los unos y los otros, contrarios, comprobamos que lo estatal, con sus consignas, con sus tics sectarios, anega el discurso. Así, se oye Génova, se oye Ferraz. En ocasiones se adornan con argumentos más cutres porque agotada la morralla del guión de partido, mal leídas las recetas demagógicas, falta el criterio y la sensatez personal. Incluso en ocasiones falta la convicción personal, fundamental para afirmarnos en nuestras posturas y no titubear traduciéndose en sonrojo.

Está bien que el interesante debate de las cosas globales llegue a las gentes, pero lo preferiríamos en otros espacios. En los plenos municipales, lo municipal. Que no es poco. Que cuando llueva podamos estar tranquilos sin pensar que la torrentera inundará nuestros sótanos. Que las calles estén más limpias y los parques más seguros.

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