Pese a la gran admiración que siento por Luis Buñuel, al que sin duda cuento entre los diez mejores cineastas de la historia del cine, y que se plasma en que es la personalidad a la que con diferencia más volúmenes de mi biblioteca personal sobre cine se le han dedicado -sin levantarme de la silla desde la que escribo dirijo mi vista a la balda correspondiente y cuento casi una treintena, eso sin incluir otros títulos ubicados en otros lugares-, tengo que confesar que hasta hace no mucho desconocía la existencia de una colección específica dedicada a él y a la relación del séptimo arte y las vanguardias auspiciada por Prensas de la Universidad de Zaragoza. Ni que decir tiene que no tardé en hacerme con uno de sus últimos lanzamientos: un Diccionario Buñuel que, ya les adelanto, es absolutamente indispensable para cualquier interesado por el legado del director de Calanda. Sus responsables son los especialistas Jordi Xifra y Manuel Fructuoso, aunque como bien señalan ambos en el prólogo, una obra tan ambiciosa como la presente y que pretende ser la más completa posible sobre su sujeto de estudio es más compiladora que de autor; y por tanto se estructura a partir de la recopilación de opiniones del propio Buñuel y de todos aquellos que le rodearon privada y/o profesionalmente.

Así pues, Jordi Xifra y Manuel Fructuoso se han encargado de seleccionar las entradas para redactarlas y con ellas armar este compendio de todo lo que se ha dicho y escrito de una de las personalidades más importantes de la cultura española contemporánea. Así, el libro se abre con la entrada dedicada a Abismos de pasión -la peculiar adaptación que Buñuel realizó en México a partir de la novela Cumbres borrascosas de Emily Brontë- y se cierra con la de Zaragoza, ciudad a la que la familia del realizador se trasladó en 1900 unos meses después de su nacimiento y donde creció y se formó hasta su marcha a Madrid. Entre una y otra, y además de los textos consagrados a las distintas películas que constituyen su filmografía y también a los guiones que dejó escritos pero que nunca llegó a dirigir, encontraremos entradas dedicadas a familiares, amigos y colaboradores (los inevitables compañeros y cómplices Federico García Lorca y Salvador Dalí, Pepín Bello, su esposa Jeanne Rucar, el escritor exiliado Max Aub, el productor mexicano Gustavo Alatriste, el guionista francés Jean-Claude Carrière, el actor Paco Rabal...); a entidades y espacios como la Residencia de Estudiantes o el Archivo de Luis Buñuel de la Filmoteca Española; a publicaciones diversas sobre su figura, incluyendo sus propias y célebres memorias tituladas Mi último suspiro; y a conceptos fundamentales para entender su vida y su obra: las armas de fuego, el erotismo, el humor, las perversiones, la religión, el surrealismo o los sueños son convenientemente reflejados en las setecientas cincuenta páginas de un libro del que debería ser innecesario señalar lo indispensable que resulta su lectura para cualquier interesado, sea un estudioso o un mero espectador aficionado, por la obra de Luis Buñuel.

En este Diccionario Buñuel también encontraremos entradas dedicadas a los escritores y pensadores a los que el autor de El ángel exterminador leyó y que de una forma u otra le influyeron en su faceta creativa: quizá sean Sigmund Freud y el Marqués de Sade los más obvios, pero también se dejan ver -por citar solo algunos- Baltasar Gracián, Henry Miller o el inevitable Benito Pérez Galdós (al que Buñuel adaptó en dos ocasiones: Nazarín y Tristana). Si se quiere profundizar en las influencias literarias del autor de Un perro andaluz, la mejor forma es sumergirse en las páginas del más reciente título de la colección que nos ocupa: Buñuel lector. Estamos ante el primero de un total de tres volúmenes; una obra que, si los dos venideros alcanzan las dimensiones del presente, sumará la friolera de unas dos mil quinientas páginas dedicadas a reflejar y glosar los cientos de volúmenes que componen la biblioteca personal de Luis Buñuel que se ha conservado hasta nuestros días. En este tomo, dedicado a los libros que leyó o pudo leer hasta 1938, cuando se exilió en el continente americano, Javier Herrera -archivero y bibliotecario del Ministerio de Cultura en el Museo Reina Sofía y la Filmoteca Española, y autor del anterior Luis Buñuel en su archivo- recoge y comenta pormenorizadamente dicho corpus, dividiéndolo por etapas vitales (infancia y adolescencia, el paso por la Residencia de Estudiantes, la estancia en París, la República y el exilio) empezando por la biblioteca paterna y familiar y continuando por su temprano acercamiento a los folletines y las novelas populares, así como a Galdós y el descubrimiento de Jean Grave; el vínculo con los surrealistas españoles Guillermo de Torre y Ramón Gómez de la Serna; para pasar luego a su etapa francesa de Stendhal, Apollinaire, Proust, Gide o el también cineasta Jean Cocteau; los clásicos ingleses Chesterton, Dickens y Wells; los textos políticos de Marx y Engels; así como figuras más oscuras pero hoy reivindicadas como Joris-Karl Huysmans o nuestro Pedro Garfias. ¿Otros autores fundamentales recogidos en la obra? Poe, Raymond Roussel, Louis Aragon o Lewis Carroll; los españoles Larra, Unamuno y Arniches; y, claro está, André Breton, Tristan Tzara y el resto de surrealistas y dadaístas que trató personalmente y tanto le influyeron (y a los que tanto influyó, por otra parte)... Así, hasta alcanzar las 332 referencias. Ni que decir tiene, habida cuenta el indudable interés que presenta la propuesta, que habrá que estar atento a la aparición de los dos volúmenes restantes.

Para terminar con las recomendaciones de lecturas buñuelescas de hoy, y ya al margen de la colección publicada por la Universidad de Zaragoza, no puedo menos que rescatar la edición realizada por uno de los responsables del Diccionario Buñuel, Jordi Xifra, de su Obra literaria reunida nada menos que en el seno de la colección Letras Hispánicas de Cátedra (sí, la de los míticos libros de cubiertas negras que nos han acompañado a aficionados, estudiantes y profesores de literatura española e hispanoamericana a lo largo de varias décadas). Publicada hace cuatro años, y ampliando una edición anterior a cargo del especialista Agustín Sánchez-Vidal, este volumen recoge la producción literaria de Buñuel, fechada entre 1922 y 1935, y compuesta de poemas, narraciones breves, una puntual incursión en la dramaturgia y diversos ensayos sobre cine, además de algunas variantes añadidas. Así, tras la nutrida introducción de Xifra de casi doscientas páginas -característica de la colección-, se recopila toda su poesía presurrealista y surrealista (que supone el grueso de la producción literaria de su autor); además de su particular versión teatral del Hamlet de Shakespeare -una tragedia cómica que el propio Buñuel y sus compañeros representaron en la Residencia de Estudiantes-; y una serie de aproximaciones al séptimo arte, entre ellas las críticas de seis películas concretas: para los más curiosos, señalar que se trata de Metrópolis de Fritz Lang, Napoleón de Abel Gance, El destino de la carne de Victor Fleming, El colegial de Buster Keaton, La dama de las camelias de Fred Niblo y Juana de Arco de Carl T. Dreyer. Completan el volumen una serie de variantes de escritos previos y algunos textos fragmentarios, que terminan por armar una edición muy apetecible para todo aquel lector que no se quiera quedar con la imagen de un Luis Buñuel únicamente de interés por su faceta como cineasta; y cuya inclusión en la mencionada colección de Cátedra es toda una declaración de principios y un acto de reconstitución histórica. Y a buen entendedor...
Diccionario Buñuel y Buñuel lector. Biblioteca, libros, lecturas (1900-1938) están editados por Prensas de la Universidad de Zaragoza; Obra literaria reunida está editado por Cátedra.




