De recuerdos y lunas

Macho y hembra

Lo he escrito alguna vez: renuncio a la historia estúpida de la costilla y me quedo con el pasaje del Génesis tan sencillo como claro: "Y Dios creó al hombre. Macho y hembra Dios los creó". El mensaje es preciso y no hay interpretación que valga para negar la igualdad. Otra cosa serán los matices físicos. Pero tampoco me parezco yo a mi vecino y por ello no le niego capacidades.
Aquí, siempre se apunta eso de la fuerza y de las tareas para las que, por naturaleza –siempre se dice "por naturaleza"–, los machos estarían más dotados. Pero yo conozco a mujeres, por naturaleza, más fuertes, más rápidas, más altas que yo, más inteligentes que yo. Capaces de ser minero, policía, bombero... mejor que yo. De ser deportistas mejor que yo, de ser lo que quieran ser, mejor que yo. Hay personas a quienes esto les aturde. A mí, no me preocupa. Mejor, me libera. También hay muchos hombres en muchas cosas mucho mejores que yo y no les disputo el pan.

Con frecuencia hemos echado mano de la naturaleza para justificar nuestros desmanes. Por ejemplo, es muy frecuente decir que hay inundaciones porque ha llovido mucho. Y aun pareciendo verdad de Perogrullo, no es tan verdad. Porque no se repara en que, salvo excepciones muy extraordinarias, lo que se inunda era hábitat del agua. Con esto de los sexos, igual. Hay quien se empeña en determinar, por naturaleza, nuestros comportamientos. Si atiendo a un documental que pusieron en la tele, ahora resulta que nuestro mayor o menor éxito, el de los hombres con las mujeres, está en el volumen de testosterona. Ya no la bondad o el cariño o la gracia, sino la testosterona. Y lo más práctico: Si atendemos a las conclusiones científicas que dijeron por la tele, no hace falta hacerse un análisis para medir el nivel de la hormona "gancho", basta con mirarse los dedos. Resulta que cuando hay amplia largura del dedo anular aproximándose al dedo corazón, es manifiesto físico de mayor testosterona y por ende, según esta teoría, de un mayor éxito entre las mujeres. Así, se las llevará de calle quien su dedo anular supere al dedo corazón. Seguramente, lector, estarás en este instante midiéndote los dedos y en tu boca se reflejarán las esperanzas con una sonrisa pícara o la frustración con una contracción. No te obsesiones. No seas determinista. Y... no estires tu dedo. No sé si para las mujeres existirá algo similar. Un amigo desarrolló una teoría en la que para descubrir la efusividad de una mujer en el amor había que fijarse en la parte posterior del pie, un centímetro acaso por encima del talón. Según él, en aquella parte, cada mujer lleva escrito su volumen pasional. Nos lo contó con el convencimiento de un experimentado.

Me niego a aceptar que soy como soy por una hormona. Como supongo que a las mujeres no les hará gracia admitir que en la decisión de acercarse a un hombre existe una atracción indomable. Puede que quepan ciertas determinaciones para el carácter, pero si nos cargamos la libertad, nos cargamos al ser humano. Siempre he preferido el "De Libero Arbitrio" de Erasmo al "De Servo Arbitrio" de Lutero. También las teorías fisiognómicas tuvieron mucho predicamento en el XIX. Y dieron mucho juego a los literatos. ¿Quién no ha temido junto con Huckelberry y Tom Sawyer que alguna noche nos apareciera el mulato Injun Joe, el de estólida faz? Mi primo y yo pasamos muchos miedos en nuestra infancia con ese relato. Pero la libertad tiene que librarnos de las pesadillas.

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