De recuerdos y lunas

Mundifundio

Algunos amigos me han sugerido el sacar partido a las barbaridades que dicen los alumnos. Ya hay publicada alguna experiencia de esto. Y con mucho éxito editorial porque el asunto da mucho de sí. Y con gracia. En realidad, nosotros, cuando la sección "Desde la Ocarasa" en Villena.net, cuando hablamos sobre "El nombre de la rosa", echamos mano de una experiencia de estas. Y hubo lectores a quienes les pareció divertido. A mí, sin quitarle la gracia, me preocupa; porque muestra en muchos casos, más que la ignorancia, el desdén por las cosas del saber. Como profesor no me asusta el que no se sepa. Para eso estamos, para enseñar. Lo que me preocupa es que no se quiera saber. Que no exista hambre de cultura.
De vez en cuando traeremos alguna anécdota de estas. Bien para divertirnos, bien para lamentarnos de una realidad que refleja esa falta de apetito cultural que nos quita el sueño. Hoy traemos dos ejemplos. Los dos están relacionados con las medidas. Ya se sabe que las dimensiones, sean de peso, de volumen, de superficie, de longitud, de lo que sean, son realidades difíciles de concebir por el alumnado. Es necesario echar mano a referentes tangibles para la comprensión.

El primer caso que traemos va de superficie. No sé muy bien ahora cómo vino a cuento. Seguramente fue cuando explicábamos lo de la ATP (Agricultura a tiempo parcial). Esto es, esa agricultura que forma parte de los ratos libres que nos deja nuestra principal actividad no agrícola. Sería hablando de esto cuando uno de nuestros alumnos nos dijo que su padre tenía, plantados de naranjos, ¡diez mil kilómetros cuadrados! Cuando le dije que me parecían muchos naranjos, se ofendió. E insistía ofendido –para que lo tuviera en cuenta– en que los kilómetros eran cuadrados. Me disculpé diciéndole que no ponía en duda el poderío de su casa pero que diez mil kilómetros cuadrados de naranjos seguían pareciéndome muchos naranjos. Y para razonarle que lo que decía era bárbaro, le precisé: Uno. Que toda la provincia de Alicante tenía una superficie de 5.863 kilómetros cuadrados y la de Murcia once mil, esto es, que la finca de su padre era mucho más grande que toda la provincia de Alicante y sólo mil kilómetros cuadrados más pequeña que la provincia de Murcia. Dos. Que por si se perdía, le recordé que el término municipal de la población donde decía tener su padre los diez mil kilómetros cuadrados de naranjos, sólo medía poco más que cuatro kilómetros cuadrados. Y así, la magnífica explotación naranjera de su padre, de serlo, era más grande que el término municipal donde se ubicaba. Y que el contenido no podía ser más grande que el continente. Y él, erre que erre. Que qué iba a saber yo que nunca había estado en ese campo. No me preocupaba ya el disparate, sino la actitud. Al día siguiente, los diez mil kilómetros cuadrados resultaron ser diez mil metros cuadrados.

La otra barbaridad que anotamos está relacionada con el peso. Por lo que me cuentan los compañeros de Educación Física existe un balón medicinal que se utiliza para evaluar la fuerza explosiva de los músculos extensores de brazos, tronco y piernas. Y dicho balón, para adolescentes, pesa dos o tres kilogramos. O como mucho cinco el que se utiliza en las pruebas para adultos en el Instituto Nacional de Educación Física. Pues bien, preguntados los alumnos en examen por el peso de dicho balón hubo quien contestó que la pelota pesaba diecisiete kilogramos. Vamos, tres y pico más que una tradicional bombona de butano. ¡Para lisiarse!

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