Saber es acordarse

A todas nuestras Madres

El origen de esta celebración se inició en la Grecia antigua en honor a Rhea, madre de Júpiter, Neptuno y Plutón. Durante el siglo XVII comienza en Inglaterra a celebrarse un día denominado “Domingo de Servir a la Madre”, en el cual se honraba a las madres de Inglaterra. En EEUU se inició como un día dedicado a la Paz en el año 1872, para pasar posteriormente a celebrase a partir de 1910 como “Día de la Madre” tras una tierna historia de una joven, Ana Jarvis, que pierde prematuramente a su madre. En 1914, el Presidente norteamericano Wilson firmó la petición que proclamaba el Día de la Madre como día de fiesta nacional, uniéndose a esta iniciativa una gran parte de países.
Es éste un día concebido para rendir homenaje a nuestras madres, que dan parte de su ser para darnos la vida y aún su vida por las nuestras si es necesario. Ellas protagonizaron nuestros primeros pasos, respondieron a nuestros primeros interrogantes y temores, nos dieron todo a cambio de nada… Démosles amor en este día, también mañana, compartamos con ellas unas horas este día, ellas se sienten recompensadas sólo con una sonrisa, con una frase de aliento, con una palabra de amor, con tenernos a su lado, con escucharlas aunque repitan tantas veces la misma historia.

Las madres tienen una inmensa fuerza interior para soportar el dar a luz y asumir el rechazo que muchas veces proviene de sus propios hijos, pueden cargar con el peso del mundo entero y a la vez guardan fuerzas para confortar a los demás, tienen la dureza para seguir hacía delante a pesar de las enfermedades y fatigas sin quejarse cuando otros se rinden, tienen la sensibilidad para amar a sus hijos ante cualquier circunstancia y han compartido nuestras ansiedades y miedos de adolescencia, y las lágrimas de nuestras caídas y fracasos las esconden de nuestra mirada para hacernos más fuertes.

Acariciemos sus manos temblorosas, recorramos los surcos de su rostro, dónde los años han ido marcando el caminar diario de unas vidas que antaño no fueron tan fáciles como las que hoy nos toca vivir, devolvámosles parte de ese amor que nos han profesado a lo largo de los años con una mirada entrañable, que sepan que no nos olvidamos de todo cuanto han hecho a lo largo de la vida por darnos lo mejor que han podido darnos en cada caso, sin exigir nada a cambio, recordemos constantemente sus palabras de aliento, sus sabios consejos, algunas veces olvidados, pero que han marcado nuestras vidas y han hecho más fácil nuestro particular quehacer diario.

Ellas también plantaron libertades y sueños para todos nosotros y no fue fácil en esos años, dónde su labor se limitaba a ser esposa y madre en casa. Lucharon por mejorar sus vidas, que son las nuestras, por la igualdad en una sociedad clasista… Esas raíces que plantaron en su día son el fruto de la sociedad actual, de la que todos nos hemos beneficiado; su presente ha sido nuestro futuro y su pasado quedó olvidado.

Disfrutemos de su existencia, recordemos cada día cómo fueron y que la decadencia de los años no impida que nos sientan cerca. Sus fuerzas han disminuido pero su mirada es más libre y la vista más amplia y serena. A los que la vida se las arrebató, que su recuerdo no se quede en unas flores, que mantengan intacta su presencia y desde el corazón, que es la boca del alma, podamos de vez en cuando decirles cuanto las añoramos aunque no las tengamos cerca.

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