El Ordenanza

Ateos, moros y cristianos

El Ordenanza. Capítulo 9

Escena 1

Para Avelino septiembre es un mes especial. La luz de la tarde se vuelve amarilla y los tonos ardientes del verano se atenúan con la brisa de la tarde, cada vez más corta.

Este mes le trae recuerdos de infancia, alegres y tristes, que él rememora con nostalgia. Su abuelo Ramón, al que estaba muy unido, murió de una “enfariná” (cogorza) cuando él tenía solamente 9 años. El hombre, ferviente festero, salió de su casa sobre las tres y media de aquel día 5 de septiembre para participar del desfile de su comparsa en la Entrada de las fiestas patronales, de moros y cristianos que, por aquel entonces, empezaban con el pregón esa misma mañana hasta el 9. Lo encontraron tres días después, ya sin vida, bajo la tribuna de autoridades.

Para Avelino fue un duro golpe. Adoraba a Ramón que, dicho sea de paso, no probaba ni una gota de vino durante el resto del año y que, durante esos días, compensaba su consumo anual con creces. Así pues, nunca faltaba a su cita con el pasodoble, la pólvora y la tradición e inculcó esta costumbre en Avelino, que todavía la continúa.

Por el contrario, la máxima autoridad municipal nunca tuvo excesivo contacto con las fiestas (o “La Fiesta”, como la llaman los teóricos y eruditos en el tema, dándole una singularidad un tanto snob o, si se me permite, alcoyana): su familia, obrera, no podía permitirse el lujo de pagar las cuotas anuales ni comprar o encargar los costosos ropajes festeros y, así, no fue criado en el ambiente de una tradición que le pillaba lejos de sus posibilidades.

Para él, las fiestas de este año van a ser diferentes. Desconocidas.

Escena 2

La Entrada es un acto celebrado el día 5 de septiembre, que comienza a las cuatro en punto de la tarde, cuando la Banda Municipal arranca con un conocido pasodoble que fue escrito por un famoso guitarrista, chelista y compositor. El desfile se desarrolla por las calle principales hasta los límites antiguos de la ciudad. La duración del desfile suele variar, aunque acaba sobre medianoche, debido a que más de doce mil participantes salen, organizados en comparsas, bloques y filas.

Avelino, fiel a sus raíces, sale ataviado ya con el traje completo a hora temprana, para presenciar el arranque de la Banda, aunque deba aguardar un par de horas para desfilar junto a los suyos. Su mente se llena de recuerdos y, pese a que este acto se repite invariablemente año tras año, siempre tiene un matiz diferente y novedoso. ¿Le apetece, apreciado lector, que nos sumerjamos durante unos minutos en la marea de pensamientos de nuestro protagonista? Pues, sígame en silencio, por favor.

Demasiado alboroto. Muchas caras nuevas. Juventud. Quedan dos minutos. Qué bueno estaba el cocido. Esto ya no hay quien lo pare. Manolo, qué de tiempo. Creía que había muerto. Sigue igual. Calor. Mucho calor. Menos mal que me he puesto a la sombra. Pepe va a llegar tarde este año. No llega. Sin él va a ser diferente. Pepe. Seguro que Aurora está viéndolo por la tele. Cómo me gustaría que viniese un año. Tengo mucha suerte de que sea mi esposa. Tantos años. Treinta y seis. Y el abuelo. Si viviera seguro que estaría aquí.

Siempre. Está. Sí. Siempre está aquí. Estas nenas me dejarán ver, imagino. Con que no me pisen me conformo. No. Paso atrás. Las botas me aprietan este año. Estas son viejas. 20 años. Me he de hacer unas nuevas. 22 años. 22, sí. Pisotón. Por Dios bendito. Niña. Aurora, qué emoción. Parece que empieza a correr la brisa. Nudo en la garganta. Niña, me vas a pisar otra vez. Calor de nuevo. Sofocante. Sófocles. Este año hay más gente que nunca. Gracias por todo, abuelo. Va por ti. Demasiada gente. Crece la emoción. Demasiado calor. Devoción. Bombo. Silencio total. Pepe no va a llegar. Esto empieza ya. Aurora. Maestro. Batuta. Movimiento de muñeca. Un, dos, tres y... felices fiestas Aurora. Felices fiestas, abuelo.

Escena 3

La tribuna de autoridades está poblada de personajes influyentes dentro de la política provincial. El alcalde, ejerciendo de anfitrión, está sentado entre la pregonera de este año, Matilde Sáez y el presidente de la Diputación, Joan Planchadell. A pocos metros de ellos, el desfile continúa. Ha anochecido ya y los relojes de este meridiano marcan ya las once y treinta y cinco minutos de la noche.

Las escuadras y bloques se han ido sucediendo una tras otra. El tórrido calor de la tarde se ha suavizado gracias a una bien recibida brisa. El cansancio se va haciendo dueño de los aplausos del alcalde, que está como pensativo. ¿Les apetece que, aprovechando el rollo este de narrador omniescente, nos asomemos ahora a su pensamiento?

Recuerden, guarden silencio y estén atentos.

Menos mal que ya estamos acabando. Brisa. Eterno. Última comparsa. Cristianos. Madre mía ese muchacho. Mañana malo. Menuda resaca le espera. Cristóbal. Qué tío más grande. Qué cantidad de festeros. Siete horas y media. Esto no se acaba nunca. Es inherente al cargo. Igual que la colonia del Planchadell. Menuda oloraza. Tufo. Olor presidencial. Está contento. Qué jodío. 5 gin tonics. Como para no estar contento. No creo que sea pose. Que sea satisfacción. Satisfacción. I can´t get no. Este traje sí es bonito. De lejos estaba mejor.

Sed. Tengo la lengua como un gato. A ver si llevo boceras. Ataque guachera. Jejejeje. Qué buenos los muchachos. Las doce menos veinte. Otro bloque. Creo que son los últimos. Mira, esta me la sé. Salid niñas al balcón. Lo mejor es cuando acaba el estribillo. Lo lo looo loooo lolololoooo loooo. Son los últimos. No. Vienen más. Van despacico. No corren. Es su momento. No les hace falta correr. Hacen por vivir al máximo. Por fin. La carroza de las reinas de fiestas. Sí que sí. Tooooma. A cenar. Algo ligerito. Ensalada. Seguro que algún iluminao dice de ir a cenar. Me chafa la guitarra. Chafaguitarras. Chafarranas. Chafardeo. Chafarinas. Demasiadas horas expuesto aquí. Aplausos. Besos al aire. Al año que viene, finjo un esguince. Odio los pasodobles.

Y vamos a dejar que las almas que quieran encuentren la comodidad de sus casas mientras otras pasarán toda la noche de jarana. Es natural. Los festejos están para disfrutarlos, cada uno a su manera. Ni vamos a ser tan necios como para poner puertas al disfrute general, ni tan zafios como para dar premios a los que participan de unas fiestas patronales.

Por cierto, para todos los que se hayan quedado con la duda, Pepe sí llegó al arranque de la banda, pero el gentío no le permitió llegar al lado de Avelino.

Felices fiestas, amigo lector.

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