El Ordenanza

Boletaire

El Ordenanza. Capítulo 15

Escena 1

Es a mediados de octubre cuando nuestros montes se llenan de cazadores, escopetas, ladridos y cartuchos tirados por el suelo. Con la temporada de caza se abre también la de recogida de setas, con lo cual es difícil encontrar un palmo de terreno que no haya sido visitado por alguno de estos dos colectivos. Y es que el otoño es un tiempo propicio para salir al campo y desarrollar actividades al aire libre aunque, en algunos casos, nuestra educación no esté a la altura de la belleza de los parajes que visitamos.

Uno de estos aficionados a las salidas campestres es el alcalde de nuestra ciudad. Aunque más que un buscador de setas sea un pateador de la naturaleza, algún domingo se levanta de madrugada para ir a buscar a su amigo Rafa, con quien organiza batidas para perderse en lugares que no disten más de cien kilómetros de casa. No se saben el nombre de todas las especies que encuentran pero reconocen las comestibles de las venenosas.

Mientras él conduce, Rafa, iluminado por Google Maps, va dando indicaciones con moderados aspavientos y planea el arranque de la aventura.

–El próximo pueblo ya es Sosango. Aparcamos a las afueras y pillamos la alameda hasta el sabinar. Por allí me han dicho que ya podemos encontrar.

–Perfecto.

–Hacemos como siempre, ¿no? ¡La primera seta buena, agua y al buche!

–Estás mu loco, Rafael.

Escena 2

La brumosa madrugada, húmeda, apenas permite que el haz de luz de la linterna señale la senda segura. Son las seis de la mañana y el alba todavía no ha roto la oscuridad de este sabinar. Los retorcidos troncos de las sabinas parecen, entre las tinieblas de la última luz de luna, portales a mundos sensitivos y misteriosos, ultraterrenales. Metálicos y brillantes. Plateados con incrustaciones de zirconios de color morado que fluyen en un bosque de cabezas de elefante barritando canciones de juego de comba. El desierto de alquitrán amarillento desembocará en la catarata cósmica.

Deja que tu cuerpo se expanda, hazte uno con el cosmos, olvida tu nombre y repite el mantra: “jamonjamonjamonjamonjamonjamonjamonjamon”.

Y allí encontrarás el OJO. Inquisidor. Puro y cristalino como polvo de jade en los labios de un recién destetado. Libre. Desnudo. Bello. Ancestral. Tan real como el noviazgo de Popeye y Oliva. Como la amenaza del Obispo que besa la cuerda que rodea su cintura. Las bestias salvajes, los predadores, abrevan plácidamente junto al Cordero Místico.

Dieciséis gatos chinos mueven sus patitas al ritmo que marcan las dieciséis puntas de una rosa de los vientos. Ruedan los brazos de un molino contra el que hay que lanzarse. ¡No son gigantes! Repite el mantra y gira y gira como las aspas de los helicópteros de Apocalipse Now.

Amas y abrazas las plantas, los animales, los árboles y tus propias manos evolucionan desde un firme estado, a derretirse como pinceladas dentro de un cuadro del pintor de Cadaqués. La opacidad y la consistencia dejan de tener importancia. Todo forma parte de todo. Mercurio verde oscuro que resbala por la inclinada colina de incienso y mimbre desentramado, desleído, cambiante y líquido.

Velocidad de la luz. Fundido.

Escena 6

–¡Rafa!¿Dónde estamos?

–Tranqui. Estamos en una ambulancia.

–¿En una ambulancia? ¿Qué ha pasado?

–Nada, nada. No te preocupes.

–¡Ufff! Llevo la cabeza como un enjambre.

–No me extraña...

–¡Hostias! ¡Voy en bolas! ¿Por qué voy en bolas? ¿Qué ha pasao?

–Tranquilícese, señor, ha sufrido una apoplejía provocada por una intoxicación a consecuencia de la ingesta de, presumimos, una cantidad moderada de psilocina, que le ha provocado ciertas alteraciones psiconeuronales, desembocando en una crisis conductual y levemente espasmódica. Pero está fuera de peligro. Sus constantes son totalmente normales y estables.

–¿Y eso que quiere decir?

–Que la seta que te comiste esta mañana...

–¿Era venenosa?

–No, no. Venenosa, venenosa no. Era... un mongui. Pero tranquilo, que aunque te veas desnudico, no te he tocao ni nada, eh? Jajajajajajajajaja.

–¡No me jodas, Rafael!

–¡Anda, que menudo susto me has dao, fenómeno! Corriendo como un pollo sin cabeza, despelotándote y gritando “monjamonjamonja”. ¡Eres un jipi! Jajajajajaja.

–Esta me la guardo, que lo sepas.

Escena 7

Es miércoles y son las ocho menos cuarto de la mañana. Avelino está abriendo el portón de entrada a la Casa Consistorial cuando, por su izquierda aparece el alcalde, bastante demacrado.

–Buenos días, Avelino.

–Buenos días, señor alcalde. No trae usted buena cara. ¿Se encuentra mejor?

–Un poco mejor, Avelino, pero todavía tengo el estómago bastante revuelto y las meninges garrapiñadas. Tres días en cama y... no soy persona.

–He leído en el periódico que se trataba de un psylocibe cyanescens. Según he indagado, es una seta bastante potente. ¡Menudo tino tuvo usted!

–La verdad es que, ni a caso hecho.

–No fue buena idea comerla sin consultar una guía.

–Desde luego que no. Menos mal que Rafa estuvo a mi lado.

–Mire, si se encuentra mejor, es lo importante. Le podía haber costado bastante caro.

–Pues sí, tiene usted razón.

Ya sabe, amigo lector: cuando salga al campo o al monte, disfrute, respire, intégrese en el Cosmos, pero sea prudente y, sobre todo, recoja sus desperdicios y deposítelos en los contenedores correspondientes.

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